La intérprete
Sección Teatro - Revista Llegás
Teatro - Reseñas

La intérprete

3 de noviembre de 2026

Una luz azul. Una mujer. Un idioma foráneo. Un presidente ha muerto y ella es su intérprete. Idiomas que conoce: inglés, francés, chino, japonés. Ninguno es de utilidad en esta situación. El avión sale pronto, pero está demorada en el aeropuerto. Siente sed y la necesidad de una explicación. Una alarma suena. Le entregan un vaso de agua. Antonia bebe con furia su suero de la verdad. 

Está atrapada en un país extranjero y el vínculo con ese presidente es más que laboral. Ella tiene la rigidez propia de la formalidad de su tarea. Quien traduce la política internacional goza de un profesionalismo estoico. Sin embargo, todas esas murallas que en un principio resultan infranqueables se irán derribando para sí misma, dejando aflorar su historia personal.

La intérprete es un retrato de la intensidad, dónde lo humano y en específico lo femenino penetraran nuestras emociones, barriendo con todo lo que trajimos al teatro hoy. Francisco Lumerman dirige a Eleonora Wexler y arremete con un unipersonal, dónde lo que primará es la excelencia actoral. 

Antonia quiere amar, pero le ha resultado imposible. Ha perdido a su primer amor, un compañerito de la escuela, a su joven amor adolescente y a todos los que vinieron después. De una u otra forma, mueren. Su madre tempranamente sentencia “estás maldita”. El derrotero de esa imposibilidad amorosa y sexual será el hilo narrativo del que Lumerman también es autor.

No es necesario estar detenida en un aeropuerto internacional, para sentirse como Antonia. Las personas socializadas como mujeres de por sí sufrimos una cárcel física. Biológicamente cíclicas hemos aprendido a acallar un abanico de emociones en pos de transitar la linealidad de un mundo construido para el varón. 

Pensemos en estereotipos. El hombre sin permiso para llorar, ni ser vulnerable utiliza un único canal para las emociones: la ira. En contraparte la mujer tiende a acallar las que a ellos les son permitidas. Por ende, el enojo, la locura, la violencia, la hipersexualidad no son posibles cuando el valor al que se aspira es el de la docilidad. Enseñadas a no ocupar espacio, en serenidad debemos alojar, como un recipiente, las emociones de los demás. Antonia, entonces, aquí es: La catarsis. Nos cuenta cómo construyó su entereza actual y cómo la derribará poco a poco. Las compuertas han sido abiertas, prepárense para el vendaval de la palabra y la acción. 

Eleonora Wexler desarrolla en la pieza un sin fin de caras y sentimientos atravesados por diversos registros: humor, ironía, ternura, erotismo. Se permite enloquecer provocando en el espectador un fluir dinámico que permite conocer su historia sin perder una sola palabra. 

Un elogio del desborde que en tiempos de adormecimiento y virtualidad libera el poder de la intensidad como fuerza motora. Antonia se encarga de soltar lo que tenías anudado, quizás resulte llanto, quizás resulte ira, o quizás lo contengas y no resulte nada; pero una revisión emocional, nada inocente, nos será planteada.  

La intérprete 
Actriz: Eleonora Wexler
Dramaturgia y direccion: Francisco Lumerman
Teatro Moscú - Ramírez de Velasco 535
Miércoles 4 y 11 de noviembre 20.30hs; domingo 29 de noviembre 18hs y a partir del 24 de enero de 2027 los domingos 20hs
Créditos fotos: Marcela Russarabian 

 

Lilian Sprovieri Autor
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