Ocio y neg-ocio por Leo Volpedo
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Teatro - Lado B

Ocio y neg-ocio por Leo Volpedo

2 de junio de 2021

Invitamos a escribir sobre el tiempo libre a Leonardo Volpedo, quien desarrolla un minucioso trabajo en desocupar su mente para llegar al ocio esencial. Mientras tanto, acaba de terminar de escribir su nueva obra "Nosotros" que también dirigirá y en la que actuarán Alejandro Szadurski y Javier Swedzky. Además, dicta talleres virtuales de dramaturgia de Teatro de objetos en su espacio "Objetos en Escena" donde participan alumnes de Argentina, México, Brasil y España.

 

“La vida es lo que sucede mientras vos estás ocupado haciendo otros planes” John Lennon

El ocio es una porción del tiempo de nuestra vida cotidiana. Se lo llama habitualmente “tiempo libre”. ¿Eso quiere decir que hay otro tiempo llamado el “tiempo esclavo”? ¿Qué hacemos en el “tiempo esclavo”? ¿Trabajamos para ser productivos y rentables? ¿Hacemos las tareas domésticas? ¿Por qué cada vez tenemos menos de ese “tiempo libre”?

Hay distintos tipos de ocio. Hay quienes lavan el auto. Hay quienes van de shopping. Hay quienes juegan carreras de drones. Hay quienes salen a correr. Hay ocios para cada tipo de ser.

En mi caso, es fundamental procurar tener esa porción de “tiempo libre” para poder seguir adelante, sino entro en shock. Y básicamente lo que trato de buscar es una experiencia distinta a la que me ocupa la mayor cantidad del tiempo. Es decir, trato de usar el ocio como forma de equilibrar ambos tiempos.

La etimología de negocio es “negación del ocio”. Además, la palabra trabajo viene de “tripalium” (tres palos), un antiguo instrumento de tortura. En mi caso, la tortura es el uso excesivo de la parte racional de la mente. La parte más concreta: las responsabilidades, los problemas relacionados a la supervivencia material en esta experiencia llamada “vida humana” o como quieran llamarla.

(“Ojalá que esta carne tan firme, tan sólida, se fundiera y derritiera hecha rocío” escribe el príncipe Hamlet en su muro de Instagram un domingo a la noche.)

Mi neg-ocio es pasar las horas pensando futuros trabajos, produciendo los actuales, asociando conceptos para las clases que doy, leyendo, escribiendo. Es un trabajo mental.

Antes de la pandemia solía tener otro tipo de trabajo asociado a la puesta en juego del cuerpo: me refiero a ese antiguo rito llamado “teatro” que hoy nos es negado. También podíamos ir a fiestas, recitales, bailar o emborracharnos. Otro rito que extraño es la fogata popular que sucedía en el Parque Avellaneda todos los solsticios de invierno. Sin dudas el encuentro con el fuego, la noche, lxs cuerpxs, la música y el vino era fundamental para empezar esa nueva parte del año. Habrá que esperar.

La otra gran parte del “tiempo esclavo” se me desvanece haciendo las compras, esperando luces verdes en los semáforos, pagando cuentas, cocinando, colgando la ropa, lavando platos y haciendo la cama. Actividades donde el desgaste mental no cesa ya que todo sucede al mismo tiempo.

En síntesis, la mayoría del tiempo habito en mi mente, dejando el cuerpo (ese otro templo), al olvido.

En “Warnes” (2013), obra de Martín Urruty donde participé, “El Bocha”, uno de los personajes interpretado por Mariano Agnone decía:

“NECESITO ESPACIO. ESPACIO EN MI CABEZA”

Y es por eso que lo primero que hago en los ratos de ocio es tratar de vaciar la cabeza. Procuro tener experiencias al aire libre, en el entorno natural ya que el techo de la casa me aplasta. No quiero pensar, ya que estoy todo el tiempo haciéndolo.

Caminar sobre las hojas del otoño, andar en bicicleta, tomar mate en el pasto, ver las nubes o los colores del cielo, observar las plumas de algún pájaro que se nos acerca, se han vuelto lujos de la vida. Desde el comienzo de la pandemia, con mi familia hemos recorrido todo tipo de plazas y parques de la ciudad. Tenemos una opción para cada ocasión:

1 – La plaza El Patio está a pocas cuadras, es ideal cuando hay poco tiempo.

2 – La plaza Udine de Floresta, donde los viernes está la murga de la gente de All Boys.

3 – El parque Isla de Paternal tiene un lindo descampado.

4 – El parque Mujica es para andar en bici.

5 – El parque del Lago de Regatas de Palermo tiene nutrias pero queda lejos.

6 – La plaza Terán tiene el mejor atardecer.

7 – En el parque Elcano podés comunicarte con el más allá.

En esas salidas, lo que practico es la contemplación, la no acción. Aunque sea por un rato suelto todo. Trato de no llevar el celular, ni libros, ni nada, sólo mate e infinito. Este sería el ocio esencial.

Otra actividad que realizo en ese tiempo libre, es la de tocar el piano o la guitarra. No sé si es un hobbie, una actividad amateur o algo para tener entretenidos mis dedos, lo cierto es que podría pasar muchas horas tocando, entro en otra realidad. Trato de hacer covers, componer temas, aprender nuevos ritmos. Pero lo que creo que me atrapa, más allá de los resultados, es esa capacidad que tiene la música de acercarnos a lo abstracto. Su materia es la vibración del sonido, los armónicos. La música es inatrapable y en ella me pierdo.

De niño recuerdo poner los discos de mi viejo y cantar temas de Estela Raval y los Cinco Latinos, los de Julio Sosa y Julio Iglesias, el trío Los Panchos. Jugar a cantar era sentir un placer inmenso. Tuve un par de clases de órgano en la niñez y a los dieciocho años me compré mi primer guitarra y desde ahí siento esa necesidad enfermiza de deslizar el nylon de las cuerdas entre mis dedos. Luego tuve un piano y algo aprendí. Después lo vendí a una amiga cuando necesité plata y tiempo después me regalaron otro piano, pero eléctrico. Sentir las teclas de plástico simulando el marfil me hace feliz por un instante, es el ocio musical.

Jugué al fútbol hasta los veinticinco años cuando tuve que dejar por una lesión. Mucho tiempo estuve sin realizar práctica deportiva alguna (salvo la teatral), hasta que hace un par de años con unos amigos comenzamos a jugar tenis. Hoy en día, realmente es el momento de la semana que espero con ansiedad ya que me saca totalmente del ciclo diario. Estar atento a esa pelotita verde por más de una hora, es un estallido de felicidad. Todas las partes del cuerpo se ponen activas, al servicio del juego. Entrar en la dimensión del tenis es estar en el presente puro porque si pensás, perdés.

¡Qué difícil sería todo sin estos momentos de fuga! ¡Sin esos momentos donde, como dice Hamlet, uno puede convertirse en rocío! Aunque sea por un instante.

 

Leonardo Volpedo

Actor, animador de títeres y objetos. Director, dramaturgo y docente.

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