Soy ella es un documental que narra en una primerísima primera persona el proceso identitario de Kalo, una artista drag queen que se identifica como mujer transgenero. Al igual que en Tristán y los días por venir y Mika de Frankfurt el cine argentino vuelve a poner el foco en la lucha que llevan adelante sujetos que no se sienten identificados con lo que su identidad biológica les dicta. La película de Cecilia Pinotti se construye desde la potencia dramática y performatica de Kalo, su protagonista exclusiva. Soy ella por un lado nos muestra el devenir cotidiano de nuestra heroína en sus facetas íntimas. Llevando amorosamente a una niña al colegio, realizándose consultas médicas mientras realiza el proceso de hormonizacion hasta compartiendo un asado con su familia de origen la película logra siempre capturar el espíritu guerrero y combativo de su protagonista.
Pinotti construye la trama de modo conmovedor. En los mejores momentos de la película vemos a su protagonista discutir con su madre sobre los primeros hechos traumáticos de su adolescencia. Lo que para ella fue la expulsión del paraíso familiar y una imposibilidad de aceptación de su propia identidad para su madre fue un difícil proceso de tolerancia. En esos momentos de discusión sobre lo que para ambas representa procesar ese cambio identitario se erigen las principales virtudes del relato. Soy ella es un documental político en el que se milita la causa de la aceptación de lo distinto. En un momento en donde estas ideas están clausuradas gracias al oscurantismo que rige desde hace unos años los destinos de nuestro país ese costado activista del film ya es un logro en sí mismo. Sin embargo la propia directora se permite utilizar la cámara como un espacio de reflexión sobre los sentidos en disputa que pueden habitar este tipo de situaciones sin juzgar al que acompaña ese proceso.
Pinotti parece comprender a todos los actores que intervienen en el relato haciendo un uso virtuoso del viaje iniciático de Kalo para construir un relato coral de un grupo familiar que atraviesa esta particular circunstancia. Al igual que en Tristán y los días por venir en Soy ella también queda claro que la búsqueda de la identidad no tiene que ver exclusivamente con la orientación sexual sino que es una cuestión universal por la que todos los seres humanos pasamos en algún momento de nuestras vidas. La energía arrolladora de la protagonista del relato hecha luz sobre este particular aportándole al film una energía muy personal que lleva las peripecias de nuestra heroína a una primera persona de una potencia infrecuente en el cine argentino contemporáneo.
Una vez que finaliza Soy ella nos queda la certeza lumínica de que esta época sombría nos deja otra película que da testimonio de que la búsqueda de la propia identidad es el puntapié inicial para el resto de las luchas que todavía tenemos que dar. Una lucha innegociable y un derecho de todo ser humano. Ser lo que se quiere ser. Ni más ni menos.