El cine argentino contemporáneo se encuentra en una situación compleja como nunca antes en la historia reciente del país. Casi paralizado por el nulo apoyo que el gobierno libertario le presta al séptimo arte la producción local se vio reducida a su mínima expresión y los films que se están pudiendo realizar cuentan en la mayoría de los casos con apoyos externos, provinciales o municipales que permiten sostener los costos de producción. Es por esto que el estreno de una película en estos años es un logro que vale la pena destacarse en sí mismo. A pesar de las dificultades ostensibles a la hora de realizar y producir películas el cine argentino sigue gozando de buena salud. Mes a mes siguen llegando a las salas producciones locales en donde se observa la calidad de los films realizados. Ahora le toca el turno a los caminantes de la calle que es una anomalía en el panorama del actual cine nacional. El film de Juan Martin Hsu es distintivo porque el director construye un film de suspenso puro sin preocuparse demasiado por las limitaciones presupuestarias que podrían limitar el alcance de una película de estas características. Los caminantes de la calle es una película de mafia oriental hablada mitad en castellano y mitad en chino que narra las peripecias de un par de pandillas que se pelean por el poder y el territorio. En el medio de esa disputa atemporal la vida de los inocentes es sacrificada sin ningún tipo de miramiento hasta que una fiscal interpretada de modo eficaz por Victoria Almeida decide hacerles frente. El film de Hsu hace gala de una cinefilia sofisticada en relación a la cita específica de algunos films de acción y en relación al espíritu que los caminantes de la calle posee. La película inicia con una secuencia ineludible de A touch of zen, film de King Hu que es una obra de referencia para el desarrollo posterior del cine de acción realizado en oriente y occidente desde finales del siglo XX hasta la actualidad. Esa inicial referencia que observan los miembros de una familia de inmigrantes chinos opera como prólogo de la tragedia que luego se desarrollará de modo inevitable. Lo interesante del film de Hsu es que más allá de esa primera cita el espíritu de los caminantes de la calle convoca a los espectros de otros grandes films policiales. Hay todo un homenaje al cine de realizadores orientales contemporáneos como los hongkoneses Johnnie To y John Woo como así también a clásicos como el Scarface de Howard Hawks y más cerca en el tiempo Fuego contra fuego de Michael Mann. Es cierto que la película no sostiene la tensión dramática durante todo su metraje y a su vez es afectada por algunas actuaciones que no ayudan a sostener el drama. No obstante estos defectos no impiden que Los caminantes de la calle se destaque como una película singular que apoyada en esa cinefilia dialogue de modo virtuoso con el pasado del cine. El film de Hsu resulta una obra potente que da cuenta de la singularidad de una época en donde el estado se encuentra recluido a merced o en connivencia con el crimen organizado y solo la acción de sujetos solitarios como la fiscal interpretada por Almeida parecieran poder hacer algo para impedir el avance irremediable del mal.
Ese tono de western moderno le sienta muy bien a un film único en su género que construido en base a un cine a priori muy lejano termina narrando una historia universal de un modo brutal y conmovedor.