Nuestra patria huele a paty y huele a rosas: La ñata contra el vidrio
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Nuestra patria huele a paty y huele a rosas: La ñata contra el vidrio

2 de junio de 2026

Hay novelas que reconstruyen una época como marco espaciotemporal. Otras hacen algo más difícil: la devuelven a la vida. La ñata contra el vidrio (2025) de Cintia Ceruzzi es de estas últimas. En vez de pintar una época desde el enciclopedismo, la hace cantar tangos, discutir de política, enamorarse pésimo, embarrarse en el Delta y fumar llorando mientras la radio suena de fondo.

Desde las primeras páginas queda claro que la cultura popular —la gran protagonista de la novela, junto con Alba Ruiz— no aparece como decoración vintage para nostálgicos del “Buenos Aires de antes”. El tango, el fútbol, las milongas, Huracán, la ferretería familiar y la noche porteña funcionan como espacios donde se disputa algo bastante más interesante: quién tiene derecho a ocupar espacio, a desear, a hablar y a volverse inolvidable. La novela entiende algo que a veces cierta ficción sobre el pasado (concepto complejo el de pasado en esta novela) olvida: la Historia no ocurre solamente en los discursos presidenciales, los bombardeos o las tapas de los diarios. También ocurre en un camarín lleno de tensión entre dos compañeras de escenario, en una tribuna que se viene abajo, en una mesa familiar donde nadie dice lo que piensa o en el cuerpo de una mujer que intenta entender cuánto de su deseo le pertenece realmente.

La relación erótica y enroscada entre Alba y Margot es probablemente lo mejor del libro. Son mujeres que se admiran, se necesitan, se hieren y se desafían. Se evita todo el tiempo convertirlas en personajes moralmente impecables. Las protagonistas son contradictorias, orgullosas, ambiciosas, vulnerables y a veces bastante egoístas. Todos los matices que podemos encontrar en nosotrxs y en lxs demás. Y aunque la novela transcurra décadas atrás, desde los 40’ hasta los 2000’, hay algo profundamente contemporáneo en cómo trabaja el deseo y el lugar de las mujeres dentro de la cultura popular. “Porque el machista no es el tango sino la forma de pensar”, dice Alba. La frase funciona casi como una advertencia para quienes creen que la novela va a romantizar sin conflicto el universo de la milonga, el barrio o el fútbol. De hecho, uno de los mayores aciertos del texto es entender que la cultura popular argentina puede ser hermosa y asfixiante al mismo tiempo. El club de barrio aparece como espacio de comunidad, pertenencia y ternura, pero también como territorio masculino donde las mujeres tienen que negociar constantemente su lugar. Lo mismo pasa con el tango, con las familias y con el amor. 

Los protagonistas masculinos, Roberto y Armando, funcionan muy bien como contrapunto porque ninguno cae en el estereotipo. Roberto es sensible, paciente y hasta querible, pero por momentos está demasiado dispuesto a aceptar migajas (si queremos ponernos actuales). Armando, en cambio, tiene el encanto de un Mr. Big argentino. Los dos están lejos del héroe romántico y bastante más cerca de esas personas que aman como pueden y lastiman como lo hacen. La novela tampoco le escapa al melodrama. Hay escenas hiperbólicas, frases intensas y emociones al borde del colapso. Pero todo eso encuentra sentido en un universo donde el tango funciona menos como género musical que como sensibilidad política y emocional. Los personajes hablan, recuerdan y discuten como si estuvieran dentro de un tango, es decir, todo el tiempo a punto de quitarse la vida. 

Por eso, incluso en sus excesos, hay coherencia en el mundo que se construye: La ñata nunca quiere ser fría, minimalista ni elegante. Quiere ser pasional. Por eso la patria en este libro huele a whisky sin hielo, a transpiración después del sexo, a humo de milonga, a perfume de rosas y también a paty de cancha. Y también por eso permanece después de terminada. Porque entiende que la cultura popular argentina nunca fue liviana, pero justamente así es el lugar que elegimos para pensar quiénes fuimos, quiénes queremos ser y quiénes seguimos siendo gracias y a pesar de nuestros deseos.

 

Luciana Pino Autor
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