Mariano Saborido y Lucía Adúriz: En zona de juego y creación permanente
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Mariano Saborido y Lucía Adúriz: En zona de juego y creación permanente

4 de julio de 2026

La intuición, las ganas, la convicción. A partir de esas tres certezas germinó Las Adoro. Juanse Rausch -Paquito (La cabeza contra el suelo) y Saraos Urbanistas- puso las palabras; Lucía Adúriz Bravo y Mariano Saborido, los cuerpos, las voces, cada milímetro de sí mismos para dar vida a Josesito y Herminia, dos hermanos actores octogenarios que son convocados a audicionar para una película.

El teatro y la actuación como formas de vida, la hermandad y la vejez son los ejes sobre los que se construye esta fantasía evocativa que, a fuerza de romanticismo y pasión, resuena en el presente gracias a su poderosa autenticidad. 

¿Cómo surgieron estos dos personajes construidos en cada gesto, cada palabra, cada paso, cada movimiento de manos... personajes que son en 360°?

LAB: El tiempo de ensayo podríamos decir que fue corto, pero la idea fue macerando durante muchos años.

MS: Desde que nos conocimos Juanse, Lu y yo necesitábamos un motivo para encontrarnos.

LAB: En ese tiempo corto fueron muchas horas, ensayos largos con una dinámica de trabajo puntillosa. Pero hay algo que está dado ya como en las intuiciones que veníamos trayendo del diálogo entre los tres. Y hay algo de entendimiento en el juego que me parece que aprovechamos muchísimo. A veces pasa que en el trabajo teatral te encontrás con gente nueva y hay que entenderse, inventar y fundar lenguaje. Y nosotras teníamos algo de la amistad que nos une y del teatro que nos gusta y muchas sincronías que había que simplemente montarse en esa ola y aprovechar esa atmósfera.

¿Qué referencias los inspiraron?

LAB: Un poco son todas las vejeces que hemos visto y que miramos con cariño y admiramos. Un poco las manos de todas las abuelas y abuelos que vimos, los ojitos y las derivas y las respiraciones de todos los viejos que amamos. Y también como una proyección nuestra propia: bueno, mi cuerpo en unos años quizás sea así o me ilusionaría que fuera de este modo. Y después hay referencias, pero que no están a modo mimético.

 

MS: Están la figura de Jorge y Aída Luz, que están muy en el centro del material porque vimos una entrevista de ellos y porque Juanse también hacía rato que venía investigando sobre sus figuras, sobre todo Jorge. Estuvieron presentes, pero nunca a modo imitativo. Y después hay una zona, me parece que sí, es muy de homenaje, que es en las voces.

 

LAB: Hay algo que fuimos probando en la máscara de la voz, sobre todo yo, que en un principio no lo tenía muy claro. Marianito enseguida encontró una fisicalidad y una manera de sonar que era muy natural y muy ya viva y completa y singular. A mí me costó más la búsqueda y hubo un día que nos fuimos a probar vestuario a La Polilla, y yo me empecé a poner las pruebas de vestuario que Rodri, que es el vestuarista, iba pensando, e hice una voz que para mí es una imitación que yo tengo en la cabeza de una entrevista que hace Tita Merelo. Pero en mi cabeza es. Y empecé a molestar con eso, con unas gafas, y todos nos miramos y dijimos “¡Dale, Lu! ¡Es ahí, ahí está!” Y son esas magias que tiene estar todo el tiempo en estado de actuación, en esa zona de juego que nos divierte porque no concebimos la existencia de otro modo.

El tema va a contramano de la época porque homenajea la historia del teatro de los pueblos, con figuras de antaño como los y las capos cómicos y muchos más artificios...

MS: Juanse es de Bahía Blanca, entonces él conoce lo que es un teatro de una ciudad chica o de un pueblo. Y yo también vengo de un pueblo muy chiquito -Puerto Deseado en Santa Cruz- en el que mis primeras formaciones fueron ahí, en una escuela municipal de teatro. Toda la mitología que rodea al teatro en el interior es todavía más grande. Me acuerdo una vez que fue Virginia Lago hacer una obra allá. No me acuerdo ni de qué iba la obra. Creo que era la historia de una madre y un hijo, pero la sensación de lo espectacular del teatro o de los espectáculos se agranda todavía más. Hay más mitos alrededor de eso. Me acuerdo que Virginia Lago reía al final y caían papelitos y ella giraba sonriendo... imágenes que uno no se borra, sobre todo porque no es como acá que uno puede ir todos los fines de semana a ver una obra de teatro y se puede elegir. 

Más ceremonial, ¿no? 

LAB: Sí, acontecimiento de comunidad. Yo creo que hay algo de eso y que Juanse siempre trabaja con el tema de la memoria. Él es un autor que está un poco obsesionado con esa zona de recuperación de un pasado: ir hacia atrás para contar algo del presente. Y hay algo también poderoso que nos lo dijo una amiga, Nora Moseinco, una maestra de teatro, maestra de Mariano, y nos dijo algo precioso:  “Es un recital, es como que la gente viene al recital de la vejez”

MS: “Del tiempo”. 

LAB: De lo lento, del despojo, de lo que queda, de la inminencia del final, de qué hago con los pedazos que quedaron. Y eso revitaliza algo en una época que pondera tanto la efectividad y la velocidad, y en la obra es al revés, lo hiper afectivo. Y estar deseoso de ver personajes que pierden, que están a punto de perder todo, que se van a morir. Y que así y todo no se apuran por ganar, porque dicen “preferimos lo que amamos y preferimos volver”... Entonces dicen, volvamos a donde vinimos. Total, “entre la nada y esto, preferiré siempre la nada donde aún se puede imaginar [lo dice como Herminia]”.

La obra tiene sus funciones agotadas hasta octubre, ¿Qué explicación le pueden dar a semejante fenómeno? 

LAB: Creo que hay algo como de momentum, de momento y lugar indicado, que tiene que ver también con el trabajo acumulado de años. Una sinergia entre los tres, que estamos en el teatro independiente hace muchísimo tiempo trabajando con amor y con coraje, y hay algo de esos tres caminos que juntos explotan, se arma como un Power Ranger total, como que las tres energías se hace una energía gigante. 

MS: Que además no somos nosotros tres, son también las productoras, las chicas de NÜN  y Alejandra Menalled; los asistentes, Lola Menalled que es una luz; vestuario, escenografía, luces. No hay un área que quede relegada... quiero nombrar a todos porque todo hace a la potencia de la obra. Y para mí tiene que ver, siguiendo un poco lo que decía Lu, que fue como un reguero de pólvora, como cuando se va aprendiendo la chispita y algo del boca en boca funcionó muy rápido y creo que tal vez tenga que ver con la época en la que estamos, de desmitificar algo, de que queremos todo ya y queremos todo rápido y que en realidad sea venir a que pase algo, a encontrarse con algo que a priori la gente ni nosotros sabíamos qué era. Sí sabemos que nos divertimos mucho, sabemos que nos emocionamos, pero es como si fuéramos como “las cositas” del reloj, que cada una no tiene tanta conciencia de para qué sirve. Y, sin embargo, una mueve a la otra y eso hace que funcione y que pase algo. Hay algo medio misterioso que no quiero que se devele.

LAB: Que siga latiendo y que no lo descubramos nunca. Si es que hay un secreto, no quiero descubrirlo nunca. 

¿Por qué seguir haciendo teatro aún en tiempos tan hostiles?

MS: A veces pienso que me gustaría ser carpintero, me gustaría dedicarme a las plantas, cosas que me gustan, pero que no...  Esta es mi forma de vida, es mi familia, son mis amigos. Como el texto de Herminia: “Sos la familia que elegí no tener”. 

LAB: Creo que lo que intentamos, como a contrapelo de la época, o de resistencia, es hacer un teatro que cree en el teatro todavía. Mariano Tenconi Blanco hace poco escribió un texto precioso que dice que “es un teatro de fe que cree en el teatro”. Y creo que nosotros como grupo tenemos esa convicción. Nosotros intentamos con todo amor hacer un teatro con esa fuerza que se funda en el espacio, en el ritmo, en el sonido, en los cuerpos... por supuesto en la palabra, pero que está conectado con otras zonas, en donde sigue siendo una actividad que puede ser profundamente transformadora. Y pareciera ser que la época trae también un teatro que descree de esas fuerzas o que cree que el teatro puede otras zonas, que también está bien, pero que pareciera ser que eso, que es más misterioso, es ingenuo, o viejo, o naif, o solemne, o no rentable, o antiguo, de naftalina... es de viejo ese relato, esas ideas. Nosotros creemos en la maravilla de la fantasía, en que algo que no estaba ahora está, como un títere que aparece [hace gesto alusivo con la mano] y crea la ilusión total del que está en la butaca.

 

Las Adoro
Dramaturgia y dirección: Juanse Rausch. Actúan: Lucía Adúriz Bravo y Mariano Saborido. Producción: Alejandra Menalled. Producción general: NÜNproduce. Lunes a las 20.30 y a partir del 20/7 a las 19 y a las 21.30hs en el Galpón de Guevara. https://www.instagram.com/lasadoro.laobra/

 

Por Julieta Bilik

 

Julieta Bilik Autor
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