
A pesar de la impresionante cantidad de espectáculos en cartel que hay en el circuito alternativo de nuestra ciudad, no es fácil toparse con una propuesta tan atípica como la de Máscaras en fuga, dirigida por Cintia Miraglia. La pieza resulta un relato policial que trata sobre la fuga y la identidad, apoyado en los encuentros y desencuentros de una fugitiva y el oficial de abordo en un tren. Las actuaciones son concretas, precisas y muy gestuales, abordando los caracteres como caricaturas bien definidas y muy expresivas; ese oficial alto y flaco de rostro grotesco interpretado por Luca Pacella impresiona desde su primera aparición en escena, y cabe destacar la gran versatilidad de Geraldine Seff componiendo personajes completamente disímiles entre sí y cada uno tan creíble y distinguido como el precedente. Este espectáculo es el resultado de un proceso de investigación realizado por Miraglia en la isla de Bali, y es notable cómo un lenguaje oriental puede cobrar vida y generar un impacto tan próximo y vivo ante un público que posiblemente no esté habituado a este tipo de expresión. Tal vez sea porque el concepto de máscara es universal o porque nos sentimos particularmente identificados cuando se hacen vibrar las cuerdas que sugieren la pérdida de la identidad. Es muy probable que la supervisión artística de Ana Alvarado haya tenido que ver en la efectividad con la que se manipulan los objetos en escena y la expresiva e impactante elección de los mismos.
FACUNDO MACEIRA
El Excéntrico de la 18ª. Lerma 420.
Domingos a las 19:30.
La Revolución

La conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo despliega una serie de interrogantes que exceden el campo propio de la historiografía: ¿cómo poner en escena la historia? ¿Cómo abordar un hecho como la Revolución de Mayo tan cristalizado en la mente de los argentinos y evitar caer en la zona de los clichés vinculados al ámbito escolar? ¿Existe un espacio de reflexión sobre el discurso fundacional en la cartelera porteña? Estas son, a la vez, algunas de las preguntas que surgen luego de ver La Revolución, última obra de la trilogía de Leo Bosio sobre los primeros años de la historia de nuestro país. La acción, enmarcada en una taberna lindera al Cabildo, está centrada en una serie de personajes que son testigos activos de los sucesos revolucionarios, y no en los próceres (la historia conocida). Este desplazamiento le permite a Bosio no sólo referirse a los hechos históricos desde otro punto de vista, sino también distanciarse de ellos proponiendo una interesante combinación de realidad y ficción. Sin dudas, el aspecto más creativo tiene que ver con los recursos formales que entran en juego en esta “intervención teatral-musical”: canciones, juegos temporales y una innumerable cantidad de guiños al espectador hacen de esta obra una propuesta que recurre al humor evitando lugares obvios. En un momento en donde el teatro porteño parece evitar el abordaje de temas históricos vinculados al Bicentenario, Leo Bosio nos muestra que hablar de la Revolución también puede ser en sí un hecho revolucionario.
LUCAS LAGRE
El Piccolino. Fitz Roy 2056.
Domingos a las 20.
Amor de Fedra

Aquel Hipólito que desde los antiguos mitos aparecía ostentando belleza y castidad es aquí un tipo desagradable, mugriento, maltratador y adicto al sexo, el verdadero protagonista y la contracara ideal para que el deseo incontrolable de Fedra, su madrastra, quede expuesto en carne viva. Pero no solo entre ellos se respira una extrema decadencia: el palacio de Teseo parece la casona de un barón del conurbano, y Estrofa, la hija de Fedra, exhibe su pudor como quien hace campaña para ganarse a un pueblo pacato pero no menos miserable que los reyes de la ciudad.
El clima hiriente y crudo confirma su origen: la autoría de Sarah Kane. Lejos de filtrarlo o atenuarlo, Mariano Stolkiner tensa cada línea incómoda y cada acción chocante. Y hasta se atreve a apostar fuerte incluyendo un video grotesco y vulgar pero necesario para actualizar el destino fatal que se desencadena: sin dioses que impongan castigos, la sociedad del entretenimiento banaliza incluso la tragedia, desintegrando su valor didáctico en pos de alimentar el morbo hematófago de cada jornada informativa.
No menos decisiva es la actuación de Pablo Cura, comprometido sin reservas en la construcción de un Hipólito indeseable al que, a la vez, es imposible quitarle los ojos de encima.
LUCHO BORDEGARAY
El Extranjero. Valentín Gómez 3380.
Viernes a las 21:30.
|