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La experiencia de la vida



 
 
   
 


Entre marzo de 2007 y septiembre de 2008, el escritor Santiago Llach visitó a Leónidas Lamborghini en su pequeño departamento de la calle Laprida. Con un anacrónico grabador a casete como mediador, el autor de Saboteador arrepentido se hundía en un sillón y a sus ochenta y pico desandaba –primero a regañadientes y después con un envión imparable hasta que decía “Bueno, me cansé”– eso que podrían llamarse sus memorias.
Llach sabía que aquel hombre que tenía enfrente, que abrió una grieta en la poesía local para que muchos de los que hoy escriben puedan hacerlo como lo hacen; que –como dice Ricardo Piglia– construyó un laboratorio de la lengua y la sintaxis en el que se entrevera la historia argentina de los estilos, incluso de los que aún no existen; que fue el menos popular de los autores peronistas; que fue un militante de las reversiones e hizo de este recurso un sistema de escritura que tenía como pilares a Joyce y a la gauchesca; que redefinió los conceptos de parodia y risa en la literatura; que trabajó como obrero textil y como periodista, que escribió Las patas en las fuentes mientras vivía en una casa de chapa con su mujer y se moría literalmente de hambre; que te congelaba con la mirada cada vez que le preguntabas por su talentoso y descocado hermano, Osvaldo; que fue funcionario del gobierno de Cámpora, que se exilió en México, que…
Llach sabía, decíamos, que los recuerdos de ese hombre eran parte de un país que ya no existe. Y por eso los registró. Y por eso, a casi un año de su muerte, la voz del mayor de los Lamborghini resuena en un libro con un título que no podría ser más lamborghiniano: Mezcolanza.
Y en esa mezcolanza Lamborghini va a hablar de su infancia en Villa del Parque y Constitución, y de su extraño paso por el La Salle en donde conoció a “los cajetillas Lavalle Cobo” que en su casa tenían sirvientas que decían cosas como “¿El niño quiere la merienda?”, de su experiencia como obrero, de su fascinación con el peronismo, de la vuelta de Perón, del exilio. También va a hablar de su amor por el fútbol, de sus idas al tablón de San Lorenzo y de la aparición del gran Martino, el crack de San Lorenzo, en Las patas en las fuentes. Y de ahí va a pasar a Maradona (“un poeta”), y a Lionel Messi, más inspirador que cualquier otra imagen, o a Julio Grondona, para él un personaje fascinante en la era de los partidos arreglados: “Cuando yo estuve de funcionario lo imité; hice un cartelito que decía ‘No como vidrio’, y lo tenía en el escritorio”.
Sí, habla de fútbol para hablar de su vida, y habla de su vida para contar por qué escribió lo que escribió y cómo lo hizo. “En el ‘57 surgió Al público. En los sesenta, cuando yo pongo el título de Las patas en las fuentes, yo ya tenía hijos, no veníamos al Centro ni sabíamos lo que era el cine; todo muy extraño, pero son alegrías. Fijate que se cerraban los diarios y vos en la lucha para encontrar un lugar donde salvarte… Pero estaban los chicos y había que luchar. No le podemos pedir a la vida más alegría u otra alegría que estar en la lucha. Yo estaba en la lucha, en la lucha por el mango, la lucha concreta, y al mismo tiempo en la lucha paralela con el poema…”
Dividido en dos capítulos –vida y literatura–, el libro se completa con una entrevista que le hizo Daniel García Helder, publicada en Diario de Poesía en 1996; la reescritura de un fragmento de Anna Livia Plurabelle, ejercicio que Luis Chitarroni y C. E. Feiling le propusieron al “viejo” (como ellos lo llamaban) y que se publicó en Conjetural en 1992; y una cronología con fragmentos de textos o artículos de otros escritores sobre la obra de Lamborghini. Una interesante mezcolanza en la que lo que vale es la voz del viejo, esa respiración que es la cadencia de su propia poesía. “Cuando uno se encuentra con personas que usan la oreja cuando escriben, o escriben con la oreja, se puede comprender que el otro te diga: ‘Yo hice esto con la oreja metida en una jam session’. El Eva Perón en la hoguera es una jam session. Sí: primero se toca el tema, después se improvisa, y después se repite. Ahora sé pronunciar jam session”, dirá Lamborghini frente al grabador de Llach, ese que registró el autorrelato de la vida de uno de los poetas fundamentales de la Argentina. Una vida y una obra con estructuras de jam session.

FERNANDA NICOLINI

Mezcolanza (a modo de memoria).
Leónidas Lamborghini.
Edición: Santiago Llach.
Emecé, $69.

 

 
 
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