ARTEcine
 

tapasanteriores


Vivir afuera
 
 
     

 



EN EL MES DE LA PRIMAVERA, LLEGAS SALE Y SE ENCUENTRA CON COSTANERA SUR Y AGRONOMIA, DOS OPCIONES SIN FERIAS NI GUARDIA URBANA PARA TIRAR UNA MANTA Y DEJAR QUE LAS HORAS HAGAN SU TRABAJO SOLAS.

Los fines de semana pasa algo y dos millones de topos salen a ver el sol. Después, todo vuelve al comienzo, y el tiempo se va deshaciendo sin llegar a saber, a calcular bien la verdadera edad de todos estos árboles. En algunos rincones de la ciudad, un domingo cualquiera todavía se estiran las ramas de un sauce hacia las nubes, y la sombra que arrojan recorta un pasto que se va haciendo cada vez más verde al recorrerlo. Llegás estuvo girando por la ciudad, tratando de encontrar el árbol más ancho, un lugar donde no haya señal de celular o, lo que es mejor, un bosque que todavía no haya sido copado por ferias, alambrados o hippies. Algunos espacios verdes, arrinconados por el cemento, aún resisten, se obstinan y desoyen la marcha de la especulación inmobiliaria.

Agrorromance

Sobre la avenida Chorroarín se encuentra el acceso a la sede de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires. Detrás del alambrado, una manada de llamas ociosas se pasean de un lado a otro, inquietas, y recortan su figura sobre una sucursal gigantesca de Easy. En el límite de su corral, una nena rubia las alimenta con mechones de pasto que arranca lentamente del suelo. Mientras mastican, un poco agitados, los bichos miran fijo y uno no puede dejar de sentir algo de lastima por ellos, que es lo mismo que no dejar de sentir un poco de lástima por nosotros. Abrochado a una oreja, todas llevan un plástico identificatorio: son parte un proyecto de investigación. Algunos metros más adelante, junto a un pequeño lago artificial, un grupo de patos se deja perseguir por dos quinceañeras que apuntan con sus celulares y tratan de capturar una instantánea de esa desesperación.

Más allá, cruzando las vías de la ex línea Urquiza, algunas hectáreas verdes desbaratan el plan maestro de la cementera para convertir al planeta Tierra en una losa de hormigón. Un árbol, anciano, húmedo y desplegado hacia el cielo; o un gesto de obstinación frente a la inversión inmobiliaria, derrama su sombra sobre un grupo de familias que desgajan sus horas viendo hijos que juegan entre el barro y las mariposas. Y la postal estrictamente romántica, la de la pareja joven heterosexual promediando la edad reproductiva, decora la escena y derrota una y otra vez el reproche ante lo obvio, o el cliché. Los parques han sido creados para preservar el manoseo impune y la necesidad contagiosa de abrazar lo que uno tenga más cerca.

Dejan de oírse los motores de la avenida; eso se siente bien. En Agronomía casi nadie vende nada, y eso también está bien.

El encanto de un ex-baldío

El viento trae olor a marihuana, tierra húmeda y pantano. En algún momento de la historia de esta ciudad –la ordenanza municipal data de 1986– alguien dijo basta y pensó que sería bueno cercar esas trescientas hectáreas ganadas al río. Hasta entonces, el predio funcionaba como depósito de los escombros: ahí mismo se extiende la Reserva Ecológica. Recostada sobre el río y custodiada por decenas de carritos de comidas donde un sándwich de bondiola cotiza once pesos, la Schneider de litro diez o seis el jugo de cinco naranjas. Después del almuerzo, este sitio es especial para ser recorrido en bici, a diez pesos la hora. Adentrando el terraplén que se abre camino entre la maleza, con suavidad se va muriendo el ruido del centro.

Mientras el porteño se señorea en su propia ciudad y no deja de verse a sí mismo reflejado en cada uno de los objetos que ha construido, rodeado de perros con chaleco cosido a crochet, celebrando la poda municipal, cocinando en un mismo caldo todas las ventajas de la técnica; en estos lugares quedó suspendido, pero presente, el envión civilizatorio. Allí vamos, a pasear nuestra nostalgia por pasados que siempre serán ajenos.

IGNACIO NAVARRO



 
     
 
libreiavirtual
tapasanteriores
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
bottom