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El ejercicio de la mirada propia


   
     

 



EN LA MUESTRA COLECTIVA PENTAPACK, CINCO ARTISTAS ARGENTINOS OFRECEN LA OPORTUNIDAD, A PARTIR DE SUS OBRAS, DE REFLEXIONAR ACERCA DE LOS LENGUAJES Y ESTRATEGIAS CON LOS QUE TRABAJA LA PINTURA CONTEMPORÁNEA.

Dentro de la tradición de las Bellas Artes, la pintura parece ser la que más ha sabido reformulase para garantizar su vitalidad, a través de su capacidad de resistencia y vigencia como lenguaje que se redefine y renueva. Quizás sea posible leer la historia de este arte con los lentes que ofrece la transformación del lenguaje pictórico desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Desde entonces, la pintura no es la confirmación o celebración de lo ya conocido, sino que cada obra abre en sí misma la posibilidad de constitución de un conocimiento. Una pequeña ocasión para revisar esto es la muestra que por estos días se presenta en la galería Wussmann bajo el titulo de Pentapack. La misma reúne trabajos de Matías Dinezon, Lino Divas, Luciana Malfatti, Ramiro Oller y Nicolás Ozuna.
“La pintura es un objeto por derecho propio“, sostenía el historiador del arte inglés Michael Podro. Semejante aseveración, por supuesto, no es exclusiva de la pintura sino que se extiende al resto de las artes. Pero el hecho de que esta, o la fotografía artística, ofrezcan en ocasiones objetos que podemos reconocer en lo cotidiano, parece relegar el misterio que toda obra artística siempre invita desandar. La visita a una muestra de pintura contemporánea, de cinco artistas muy jóvenes para quienes es difícil encontrar referencias, nos enfrenta a esta dificultad. Tal vez la ausencia de claves precisas que guíen nuestra lectura sean una ocasión fértil para aceptar el ejercicio que las obras proponen y poner en acción la propia mirada.



Tigres y lobos, verdes y naranjas fluorescentes, deambulan y acechan en el trabajo de Nicolás Ozuna. La apacible escena de un adolescente que ha decidido detener la marcha de su moto para remontar un barrilete es tergiversada a través de la gestualidad que por doquier se expresa en el tratamiento de la pintura. El cielo, la fauna y las plantas en la composición adquieren cierta dimensión apocalíptica. Dibuja los márgenes y vestigios de una oscura ciudad, entre el peligro y la vitalidad de la naturaleza que se desarrolla en sus bordes.
Cerca de este trabajo es posible encontrar la obra de Lino Divas, donde el universo narrativo comienza a difuminarse. Si bien podemos identificar palabras, peces, rostros que nos observan, no es posible dar cuenta del orden que los une. El uso del color y el modo en que los trazos coquetean con la forma crean cierta evocación entre cómica y tierna en la composición.
Los trabajos de Matías Dinezon, Ramiro Oller y Luciana Malfatti ofrecen una visión diferente sobre la pintura. En ellos la referencialidad se ha desvanecido completamente. En cambio, nos presentan un problema de texturas, materiales y direcciones.
Los cuadros de Luciana Malfatti construyen coloridas tramas a partir de restos de lienzos pintados que se entretejen entre sí. El ojo del espectador insiste en suturar las telas descompuestas conformando nuevas superficies pictóricas. Dentro de estas tramas se cuelan cintas elásticas con líneas de color, similares a la que suelen usarse para los cintos. Se percibe en ese intruso cierto gesto cubista invertido: no se trata de incluir la realidad sino de desprender un elemento de ella. Los cintos aparecen y desaparecen entre telas recortadas, incluidos por su color, diferenciados por su materialidad.
Matías Dinezon trabaja su bastidor en dos registros. En el plano más alto exhibe la marca de un movimiento circular, radiaciones celestes y amarillas que se dirigen a un centro verde donde el color se ensucia progresivamente. En la parte inferior del lienzo se observa un plano compuesto en verde y fucsia que extiende perpendicular a nuestra mirada creando cierto horizonte. Una línea recta sin imperfecciones se define por el encuentro de dos espacialidades opuestas, en esa línea se sedimenta el elemento que inquieta la mirada.
Finalmente, en uno de los cuadros de Ramiro Oller es posible observar formas que se expanden desde el centro. Estas formas son trabajadas en colores planos: rojo, verdes, marrones y amarillos. Sólo en aquellos casos donde se ha optado por dejar el color de la madera es posible observar variaciones dentro del plano de color. En esa desnudez dentro de la materia parece revelarse un secreto. Desde lejos es posible reducir el problema del cuadro al diseño; sin embargo, al considerar el material, el problema se amplía. El dinamismo de la composición parece sobrevenir de un estudio sobre la naturaleza de la materia utilizada. Una madera parecida a la fórmica que al quebrarse dibuja formas que oscilan entre la recta y el movimiento de la veta natural. Una disputa que se hace evidente en los restantes planos, blancos y negros, que sobrevienen sobre las formas en color.
Al observar una obra de arte, la percepción que ponemos en juego está moldeada no solo por nuestra experiencia del mundo, sino también por el mismo modo de proceder de los materiales que nos interpelan. He aquí el desafío de la muestra: la variada selección de artistas que exhibe Pentapack permite reflexionar sobre las diversas estrategias y lenguajes que permean la pintura contemporánea, a la vez que exige al ojo del visitante la capacidad de desplazar la propia mirada sobre los problemas que cada obra presenta desde sus procedimientos singulares, aunque todas converjan dentro del enorme y añejo espectro de la pintura.

GUILLERMINA FRESSOLI

Pentapack.
Galería Wussmann. Venezuela 570
Lun. a vie. de 10:30 a 20; sáb. de 10:30 a 14.
+ info: wussman.com

 

Prefiero mi jardín



La joven artista platense Guadalupe Gómez Pintus construye a través de procedimientos y materiales diversos, relacionados con labores femeninas, representaciones propias de un entorno natural ficticio. El texto que acompaña la muestra, con curaduría de Florencia Qualina, lo describe así: “Si las técnicas e íconos que emplea se vinculan con la reclusión femenina del espacio interior, Guadalupe se apropia del modo pero subvierte su ideología: lo devuelve al exterior del seno social”.

Desde el 10 de septiembre a las 19 hasta el 30 de octubre. Galería Central de Proyectos.
Av. Santa Fe 2927, local 37, arriba.
Mar. a vie. de 15 a 20; sáb. de 16 a 20.

 

Fuegos de luces



Esteban Alvarez presenta Fuegos de luces a partir una instalación realizada con luces de neón, una serie de esculturas lumínicas que remedan el fuego y se reiteran al infinito en el interior del espacio. De acuerdo a los diferentes juegos de luces, la obra muta a lo largo del día. Sobre este trabajo dice su mentor: “Tengo un infierno metido en una caja”. Es recomendable visitar a la tardecita para apreciar mejor su efecto lumínico.

Hasta el 11 de octubre. Arte en la Torre. Fundación YPF. Macacha Güemes 515, PB.
Lun. a vie. de 10 a 19.

 


 
     
 
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