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>TEATRO. ESTRENOS.


mujeres de nadie



DANIEL VERONESE VUELVE AL RUEDO CON DOS ADAPTACIONES DE TEXTOS CLASICOS. AHORA ES EL TURNO DE IBSEN. EN AMBAS OBRAS SE TRABAJA CON LA ACTUALIZACION DE INTERROGANTES ACERCA DEL ROL DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD.

Antón Chéjov ha quedado atrás. Ahora es el momento en que la escritura del dramaturgo noruego Henrik Ibsen sea intervenida por la mano de Daniel Veronese. El nuevo binomio que conforman Casa de muñecas y Hedda Gabler demuestra una vez más que Veronese ocupa un rol de alquimista con los textos clásicos: los utiliza como base y como sistema narrativo, y luego vapulea su contenido, su trama y su forma. Veronese sobrescribe en estos textos su teoría teatral, entremezcla líneas ajenas y propias y consigue así un anacronismo que se ha convertido en una estética. 
Para esta vuelta, el director ofrece como preámbulo un escrito donde aclara sus impresiones y conclusiones con respecto a sus dos trabajos. Se pregunta si cabe la incógnita de saber si Nora Helmer, que miente a su marido para salvar su status quo, volverá o no a su casa luego del portazo más mentado de la historia del teatro; y defiende la personalidad polémica de Hedda Gabler, puesta en juego en Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo, mientras ésta se enfrenta, como puede, a un contexto hostil.
Marca registrada
Tanto en El desarrollo de la civilización venidera como en Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo, no se ven cambios en los elementos teatrales esenciales con los que Veronese viene trabajando desde Mujeres soñaron caballos.
Para la actualización de Casa de muñecas, es indispensable medir y redefinir el espacio de la mujer en este siglo y en el anterior. En una primera mirada, Nora Helmer, un ama de casa de una familia burguesa –interpretada en esta oportunidad por María Figueras– no podría siquiera moverse de la misma manera que las didascalias de 1879 indican. Sin embargo, esta Nora contemporánea sigue siendo un títere, primero de su marido, el Doctor Helmer – brillante Carlos Portaluppi– y luego de una red social mayor. Ella misma se define como un ser inanimado dependiente de los otros: “He sido muñeca grande en esta casa, como fui muñeca pequeña en casa de papá…”  Nora asumía su papel decorativo, ya sea siendo hija o esposa. Pero no es la única. Las mujeres que merodean por allí, la Dra. Rank y la sometida y atribulada señora Linde son de la misma forma, telón de fondo para las acciones que produce la fuerza masculina, siempre ligada a la mentira, la desesperación por el ascenso social, los negocios sucios, la traición y la violencia.
En El desarrollo de la civilización venidera, la violencia ejercida por los hombres esta naturalizada, algo que no ocurre –al menos no de forma tan drástica– en el texto original. Los roles masculinos se desenvuelven como una amenaza constante, tanto el Dr. Helmer, que juega a disparar con los dedos en forma de cañón sobre su mujer, como Krogstad –Roly Serrano–  ese siniestro procurador que trae consigo una oscuridad y una sensación de peligro latente, que incomoda con su sola presencia. En franco e inevitable diálogo con su dramaturgia original, Veronese sentencia que el rol de la mujer en la cultura tiene una cualidad ortopédica con respecto al hombre, y en estos tiempos, ni siquiera en el afuera social, puede reiniciar algo distinto. Ellas aceptan su espacio, para que todo siga su curso y nada se desmorone. La escena final, polémica por el abandono de Nora a su familia, algo impensado que Ibsen hace posible casi a final del siglo XIX, está revitalizada e intervenida, pero su resolución lejos de abrir un horizonte como en otra época, provoca desesperación. En esta civilización que deviene involutiva,  el portazo de Nora se demora, y quizás nunca ocurra, porque en definitiva nada cambiaría demasiado.
La otra mujer
El caso de Hedda Gabler, rebautizado Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo es distinto, ya que la mujer que centraliza la acción no admite condicionamientos, y maneja ella misma los hilos, llegando a trágicos resultados. Veronese, además de la cuestión femenina,  aborda el tema de lo teatral como factor cultural y usina discursiva, utilizada por el poder.
La acción en el texto original de 1890 transcurre en un hotel, mientras que ahora  el matrimonio de  Hedda y el Dr. Jorge Tesman –Silvina Sabater y Claudio Da Passano– se establecieron en el sótano de una sala teatral, y la escenografía no pretende ser un espacio metafórico de otro espacio, si no que todos los personajes la asumen como un diseño.
Amparado en el rol académico de Tesman, profesor de historia de la cultura, y su antiguo conocido, el desequilibrado Ejlert Lovborg – Marcelo Subiotto– , se pone de manifiesto que el ensayo sobre la cultura que este último escribe  y desespera a Tesman se refería al teatro y su relación con el estado. Esto desencadena una serie de conspiraciones funestas, para que ese texto revolucionario no vea la luz mediante alguna publicación, ya que pondría en peligro el puesto de docente que Tesman espera. Para poder formar parte del sistema, Tesman ocultará cualquier intento para desestabilizarlo. Los grandes gobiernos, finalmente, podrán descansar tranquilos.
Hedda es tangencial con respecto al plan de engaños que realiza su marido y el magistrado Brack, pero no por eso menos inocente. Sus memorables pistolas, regaladas por su padre, llevan el destino de los personajes, y de ella misma, hasta el límite. Pero a pesar de estas acciones, siempre ha resultado difícil encasillar a esta mujer: “Hedda es enigmática. Hay quienes ven en ella a una histérica; otros una mera mundana; otros, una pequeña ave de presa. Y diría que es enigmática porque es real”, sentenció Borges en un pequeño prólogo sobre Ibsen.
Quizás Hedda es todo eso junto, y por eso se vuelve humana y real. Veronese, que en un primer momento de su investigación vio en Gabler, la madurez y la evolución de Nora Helmer, y pensaba integrarlas en un solo trabajo; ahora radicaliza la personalidad de esta mujer, estableciéndola en otra etapa de su vida. Y a pesar de no compartir escenario, Hedda y Nora conversan en otro plano, y tienen una redención, cuando Hedda sí es dueña de sí misma, y en una acción estricta gatilla sobre su sien. La huída que fracasa en Nora, es llevada a cabo por Hedda, cuando literalmente decide sobre su vida.
Feminismo iniciático y postfeminsimo
Alejado por el momento de su propia dramaturgia, Daniel Veronese, acierta en la elección de estos dos clásicos, apropiándose de ellos para poder referirse al mundo actual de una manera directa, pero no retórica. No hay referencias panfletarias respecto de lo femenino, y las conclusiones posibles son: el interrogante y la incertidumbre.
Así como ambas obras tienen como encabezado un escrito del director donde plantea sus dudas y sus impresiones, Ibsen también ha dejado comentarios de un feminismo iniciático, sobre el lugar de la mujer en sus piezas y en su tiempo:“Una mujer no puede tener personalidad auténtica en la sociedad actual, ya que esta sociedad es masculina, con leyes y sistemas judiciales que juzgan la conducta femenina desde un punto de vista masculino”. Las impresiones de Ibsen no han perdido vigencia.

Juan Ignacio Crespo

Todos los Grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo
Vie. Sáb. Dom. a las 20:30
INTERPRETES: C. Da Passano, F. Llosa, E. Onetto, S. Sabater, M. Subiotto

El desarrollo de la civilización venidera
Vie. Sáb. 23:15, Dom. a las 17
INTERPRETES: M. Bestelli, M. Figueras, A. Garibaldi, C. Portaluppi, R. Serrano

Ambas en El camarín de las musas.
Mario Bravo 960. Entrada: $ 50



 
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