Una obra se presenta como experiencia sonora para advertirnos que el sentido del texto no es lo central, que la contemplación se prioriza al entendimiento y que el devenir estará marcado por flujos de palabras, sonidos, tonos, ritmos y movimientos. Hay que bancarse la contemplación, incluso cuando está encarnada en 20 actores que viajan por la escena como un solo cuerpo.
“A orillas de sí misma” es un punto de llegada de un camino que comenzó en 2019, en el Laboratorio de Creación III del Teatro Nacional Cervantes, con dirección de Ciro Zorzoli. Terminada la experiencia, el grupo quedó manija y le propuso a Ciro continuar la exploración de manera independiente. Esos años de entrenamiento en conjunto son los que sostienen la obra. Llega la novela “Arroyo”, de Susana Pampín, y, alrededor de ella, deciden encauzar el entrenamiento para que vea la luz.
La obra narra la historia de Gaby, una escritora bloqueada que, en sucesivos veranos, viaja al Delta, donde sólo consigue escribir un diario íntimo. La voz de Gaby la encarna principalmente Marcela Guerty, que trae imágenes de sus pensamientos, del contacto con la naturaleza, con los mandatos y con los habitantes de ese paisaje tan extraño. Este relato es acompañado por un piano en vivo, a cargo de Marcelo Katz, y por la voz narradora de Ciro Zorzoli. El resto del elenco funciona como un entramado: por momentos se apropia de la voz principal; por momentos son los vecinos, otras veces las voces en su cabeza, los pajaritos, el ruido del río o del viento. Signifique quien pueda.
El dispositivo de la puesta, con actores que leen su partitura y se mueven por el espacio como espectros, poniendo el foco en el ensamble, genera un ritmo fluvial que te hace viajar con ellos y añorar esos espacios donde los días avanzan fuera de la lógica del sentido.