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Muñecas Taiwanesas


 
   
 


Sólo una barra fucsia en el fondo, tan femenina como estridente, un espejo, mallas y peinados que recuerdan a la década del 80 alcanzan para recrear una sala en la que tres mujeres, aparentemente amigas, practicarán una coreografía.
La repetición mecánica de figuras que persiguen relatos tan ambiciosos como la agonía en el desierto, va dejando al descubierto las intrigas, la lucha por el poder y los vínculos personales entre estas tres bailarinas.
Los grandes atractivos de Muñecas taiwanesas son el clima que construye y las actuaciones de Estefanía D’Anna, Laura Nevole y Noelia Prieto, autoras de la obra junto con el director, Christian García. Cada una aporta la nota justa para llegar a un desenlace meramente físico, como no podía ser de otra manera, ya que la zona principal de anhelos y conflictos de la pieza es el cuerpo de los personajes.
A tal punto que, incluso en los momentos donde no participan de la acción, cada una de ellas está en escena, mediante una convención muy original. Christian García lo explicó así: “Mi idea era trabajar como si fuera un chico jugando con las tres muñecas, lo que me ayudó a encontrar un mecanismo para salir sin salir y estar sin estar”.
“Everybody needs a home” canta una y otra vez Iggy Pop antes de que el público ingrese a la sala Vera Vera, donde ensayan estas tres muñecas demodé que nadie quiere llevarse a casa pero son un plan divertido para la noche de viernes.

Virginia Lauricella

Vera Vera. Vera 108. 4854-3655. Viernes a las 23. Entrada: $35.


Viejo, solo y puto



Las cajitas de remedios se apilan sin fin en las estanterías de una farmacia del Conurbano bonaerense. Un visitador médico, dos travestis y los dos hermanos que atienden el local comparten esa noche de turno. La madrugada aplaca las voces. Entre murmullos, se maldice, se llora, se pelea, se besa con locura.
En Viejo, solo y puto, Sergio Boris pisa ese territorio noctámbulo, de amores inyectables, historias prohibidas, destinos cruzados y desolación. El actor, que se formó con Ricardo Bartís y fue uno de los protagonistas de El pecado que no se puede nombrar y La pesca, mostró ya sus armas como director en El sabor de la derrota.
No es una noche cualquiera en la farmacia. Después de años de estudios, Daniel, el menor de los hermanos, se recibió de Doctor en Farmacia y Bioquímica. El festejo se improvisa con cerveza caliente, un poco de pizza y fondo de cumbia.
Patricio Aramburu, Marcelo Ferrari, Darío Guersenzvaig, Federico Liss y David Rubinstein componen un elenco de lujo, con actuaciones de una crudeza feroz. Boris se apoya de lleno en la propuesta actoral y, así, la progresión textual opera al mínimo; se arma más bien un esquema de intensidades por las que transcurre la obra.
Mientras esperan esa salida bolichera que nunca arranca, se destapan botellas, se ruegan fármacos y las pasiones se toman como vienen, con chupones y trompadas.

Paula Boente

Espacio Callejón. Humahuaca 3759. 4862-1167. Sáb. a las 23. $50.


En el campo


Una pareja se muda con sus hijos al campo. Quieren salir de la ciudad que enloquece, empezar de cero, ser más felices. Pero una noche, él trae a casa a una joven que encontró desmayada en el camino. Esa presencia intrusa desata un juego de sospechas que pone en riesgo el idilio bucólico, la nueva vida.
Tras dirigir textos de Sarah Kane –en la fascinante Crave– y Harold Pinter, Cristian Drut lleva a escena En el campo, de Martin Crimp, autor británico poco explorado en el ámbito local. Trabajando elementos del policial, la obra despliega un triángulo amoroso clásico, pero enrarecido por una trama que deambula sinuosa hasta hacer estallar  su sentido.
Carolina Tejeda es la esposa leal que acompaña a su marido en el destierro al campo. La actriz, que supo lucirse en Harina, armoniza hábilmente los parlamentos más despiadados de Corinne con un tono relajado y cercano a la improvisación. Ignacio Rodríguez de Anca es ese médico que arrastra un pasado difícil, el de las verdades mal contadas y los vasos de agua que tranquilizan. En medio de ese matrimonio más bien gélido irrumpe Rebecca (Cecilia Czornogas).
Los vértices del triángulo jamás se tocan. Marido-mujer-desconocida: nunca coincidirán las tres puntas en escena. Esta decisión opera como mecanismo tensor que multiplica mentiras y ambigüedades.
Y cuando el sol baje sobre los campos sembrados, los personajes encontrarán la forma para dejar atrás los duelos verbales y recobrar la calma. Todo será entonces cuestión de fingir el amor, forzar la felicidad.

P. B.

Teatro Sha. Sarmiento 2255. Domingo a las  19. Entrada: $60. 

 
     
 
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