EN MALBA, CARLOS CRUZ-DIEZ INVITA AL ESPECTADOR A DESPLAZARSE PARA DARLE VIDA A SUS OBRAS Y CREAR COLORES, EN UN JUEGO QUE VA MUCHO MAS ALLA DE LA DISTRACCION.
Una misma discusión acompañó a los diversos movimientos artísticos que sucedieron a lo largo del siglo XX y aún sigue reactualizándose sin llegar a una resolución certera. Entre el estallido de las fronteras tradicionales del arte en horizontes extremadamente heterogéneos es posible reconocer un lugar común signado por la cuestión en torno a cómo pensar la radicalidad de lo artístico. La muestra retrospectiva de Carlos Cruz-Diez, “El color en el espacio y en el tiempo”, que por estos días puede visitarse en el museo Malba, es una interesante ocasión para reflexionar sobre cómo esta búsqueda determinó el devenir de su propuesta. Podemos pensar que esto mismo es lo que llevó al artista a afirmar frente a una de sus obras: “Pensar que todo esto nació de un fracaso. Un fracaso de la idea de que un cuadro o una representación de una villa podrían solucionar un problema fundamental de la sociedad, como la miseria. Fue entonces que me pregunté si no le haría mucho mejor a esa gente participar de lo que yo hago. Compartir conmigo algo de esto y que no sea yo quien venga a mostrarles a ellos lo que ellos son”.
Fue así que, decepcionado por sus primeros intentos que lo llevaban a través de un arte de impronta figurativa a denunciar la pobreza, Cruz-Diez encontró una nueva manera de pensar críticamente el mundo, a través de la invención de formas novedosas y singulares que sus composiciones logran en interacción con el espectador. La reflexión devino así para el artista, fundamento de una nueva forma de radicalidad que lo llevó a dedicar arduos estudios sobre el color y problemas de percepción relacionados con su aprehensión. Impresionado ante la gran ruptura que realizaron Las meninas de Velázquez al invertir la construcción tradicional del espacio, Cruz-Diez comienza a pensar en el hecho artístico como invención y ruptura. Poco a poco, las cualidades que progresivamente fue descubriendo en torno a las singularidades del color y la percepción le ofrecieron el espacio desde donde construir una experiencia única y variable.

La edificación de la mirada crítica dentro de su trabajo no se agota en una participación entretenida asociada a cierta idea de distracción, sino que por el contrario la propuesta del artista exige al espectador un compromiso creativo capaz de dar vida a sus composiciones. De este modo, las obras del artista venezolano se presentan como un evento en que sólo el espectador, en su desplazarse y mirar, logra el nacimiento de situaciones de color y forma singulares; por ello cada visitante verá algo por primera vez en el recorrido de la muestra. El color como sustancia inestable y en perpetuo movimiento adviene así materia de experiencia para quienes se sumergen en el juego propuesto. Con el fin de lograr el surgimiento y la vida de las obras, el espectador deberá desplazarse, el tiempo y espacio definidos en su recorrido determinarán infinita cantidad de espectros coloridos. Esta condición de permeabilidad que las obras presentan en relación a los espacios en que son mostradas hace que cada muestra de Cruz-Diez sea un evento único, “El color en el espacio y en el tiempo” llega a Buenos Aires desde Houston pero en ese desplazamiento la muestra ya no es la misma.
En el siglo XIX la óptica dio cuenta que la percepción se hallaba sujeta a las irregularidades y accidentes; lo que veíamos no era la imagen precisa de lo real sino que se sujetaba a las imperfecciones del cuerpo. Desde entonces la industria se abocó a la creación de artefactos que regularizaran y contuvieran de algún modo la aprehensión de la realidad que dicho descubrimiento diversificaba; como contraparte muchos artistas del siglo XIX expusieron su propio cuerpo para experimentar con las distintas circunstancias espaciales que afectaban a la retina, muchos a riesgo de quedar ciegos en tales experimentos. Un siglo después, Cruz-Diez aceptó el compromiso de aquellos artistas y buscó la radicalidad del arte en la inclusión del cuerpo dentro de una experiencia única de constitución del color. Por ello, las cromosaturaciones creadas por el artista claman por un espacio de permanencia y asombro frente a la evanescente cultura de la imagen. Asistir a esta muestra reclama en tal sentido un espectador que pueda expandir la novedad que su experiencia propone en la creación de colores hasta entonces inusitados, una propuesta perceptiva que se trama como crítica en su carácter inventivo, un desafío abierto imposible de rechazar.
Guillermina Fressoli
“El color en el espacio y en el tiempo”
Malba. Avda Figueroa Alcorta 3415
De jue. a lun. y feriados de 12 a 20
Mié. hasta la 21. Martes cerrado
Entrada general: $22. Estudiantes, jubilados y docentes $11
Hasta el 5 de marzo
Hermanos Videntes

En la muestra del artista Eduardo Hoffmann, integrada por pinturas, dibujos e instalaciones se trama un relato en torno a una historia no muy lejana y reflexión sobre la condición de la humanidad. Sillas eléctricas que se encuentran con rieles del ferrocarril traen la presencia de una macabra industria que no cesa en su reactualización. Dicha escena enmarca y dirige inevitablemente las posibles rememoraciones a las que inducen los fragmentos de paisajes presentes en el resto de las obras.
Lordi Arte Contemporáneo. Venezuela 617. Hasta el 23 de noviembre. Lunes a viernes de 11 a 19.30. Sábados de 11 a 13.30.
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Recursos

Una ocasión para conocer una nueva versión de la mirada crítica de Adriana Bustos, que desde la fotografía establece continuidades temporales a partir de las cuales se puede reflexionar sobre el presente. Las mismas que pautan preguntas y relaciones a través de dibujos, videos e instalaciones que configuran el testimonio de extensos y disímiles viajes entre las Yungas salteñas, museos, Medellín, archivos, Estambul y Córdoba.
Galería Ignacio Liprandi. Avda de mayo 1480, 3ro Izquierda. Hasta el 2 de diciembre
Lunes a viernes de 11 a 20. Sábados (con cita previa) de 11 a 17.
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