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EN EL ULTIMO TIEMPO, LAS SERIES CONSIGUIERON QUE LOS CINEFILOS CAMBIARAN LAS BUTACAS POR EL SILLON DE SU CASA. COMPAÑÍA SEGURA Y ADICTIVA, UNA PERIODISTA DE LLEGAS DECLARA SU FANATISMO POR DEXTER, IN TREATMENT Y MAD MEN Y NOS DICE POR QUE HAY QUE VERLAS.
Los festivales de cine del mundo se vuelcan a los documentales y las series les ganan, en el lugar que ocupan en los corazones del público, a las películas. Ya no hay hordas de fanáticos de un film, como antes supo pasar con íconos de todo tipo (por nombrar tres, caprichosamente: Lo que el viento se llevó, La naranja mecánica o The Wall). No. Ahora los amores y obsesiones están en las series, esas entregas breves pero intensas que nos acompañan durante años. Tan hiperconectados como descomunicados, con múltiples vidas virtuales en redes sociales, parece que lo que necesitamos ahora es sentirnos menos solos. Queremos acompañantes fieles que duren años, ya no podemos llevar adelante romances intensos, pero fugaces, de apenas un par de horas.
Y ahí están ellas, las series, dispuestas a quedarse a nuestro lado. La primera que empezó a robarse lo mejor de las tramas hacia el formato fiel fue The X-Files. Chris Carter, un loco detallista y obsesionado con la posibilidad de la vida extraterreste, la ciencia ficción y el buen cine, tuvo una gran idea y el 10 de septiembre de 1993 logró ponerla al aire. Desde entonces, una vez por semana, la escéptica agente del FBI Dana Scully (Gillian Anderson) y su creyente compañero Fox Mulder (David Duchovny) investigaron todo tipo de fenómenos paranormales. Automáticamente de culto, la historia conquistó al público durante nueve años. Sin embargo, las dos versiones cinematográficas del hit más paranoico de todos los tiempos (The X Files: Fight the Future y I Want to Believe) nunca alcanzaron el nivel de fanatismo que generó la serie.
Desde entonces, poco a poco, el formato adorado fue llevándose para su rancho a los guionistas más obsesivos, a los directores más creativos y descubriendo un mundo de actores que quedarán para siempre en el recuerdo. Cuando el guionista de Belleza americana dijo que quería narrar la historia de una familia que lleva adelante una casa funeraria no le tuvieron mucha fe. Pero Allan Ball sabía lo que hacía y les cerró el pico a todos con Six Feet Under. Cada uno de los 63 episodios de 55 minutos sorprende y conmueve al espectador. A lo largo de cinco temporadas, los Fisher terminaron de cambiar el paradigma: los mejores querían ir a trabajar ahí, a la tele. Y lo hicieron.
The Soprano, éxito ininterrumpido entre 1999 y 2007, terminó de correrse de cualquier código hasta entonces conocido y marcó nuevas bases. El público se identificó con Tony Soprano (James Gandolfini) como si las dificultades que enfrenta un mafioso Nueva Jersey fueran universales y todo el mundo tuviera que lidiar con la problemática de llevar adelante una organización criminal. No sólo lo lograron, sino que se convirtieron en parte de la cultura popular. Y acá un dato a tener en cuenta: la historia fue inicialmente concebida como un largometraje sobre “un mafioso que va a terapia porque tiene problemas con su madre”. Hubiera sido una más entre los blockbusters olvidables. Pero fue serie. Y entonces hizo historia.
¡¿No las viste?!

El final de la cuarta temporada de Dexter fue algo más que una sorpresa. Podría describirse mejor como un golpe directo a la mandíbula. Fue brillante, asesino. Y la espera hasta el comienzo de la quinta fue eterna. Las expectativas estaban altísimas. Finalmente, el 26 de septiembre de 2010, Dexter Morgan volvió y no sólo cumplió sino que levantó la apuesta todavía más. “S05E01 -My Bad“ es una obra maestra. Nos dejó a todos arrobados.
Ahora, desde entonces, se palpita el minuto a minuto más que nunca. Capítulo a capítulo nos estremecemos, sufrimos, nos reímos, nos preocupamos por el serial killer más adorable de la televisión, llevado adelante con una maestría feroz por Michael C. Hall. El punto de partida fue la novela El oscuro pasajero, de Jeff Lindsay, un pasable pero olvidable best seller que continuó con Querido Dexter, Dexter en la oscuridad, Dexter by Design y Dexter is delicious. Como libro, sólo tiene éxito porque está la serie, un tanque que suma adeptos en cada entrega.
El forense de Miami, con sus códigos y rituales, nos enamoró y ahora vamos como fieles tras un santo: lo seguimos con amor, fervor, esperanza. Un guión impecable, policial reloj sin fisuras con grandes actores y una sutileza visual y narrativa que llega detrás del impacto, con la fuerza de una historia original, conmovedora, divertida. Un hombre que busca, con los medios que tiene a su maltrecho alcance, tratar de sentir algo. Una síntesis brutal y maravillosa de la horrible posmodernidad actual, que nos anestesia y atonta. ¿Cómo no fanatizarse?
Y así estamos, como con un cuentagotas casi sádico, a la espera del capítulo siguiente, toda una semana completa entre un final y un nuevo inicio, repletos de envidia por los que van atrasados, viendo la historia a destiempo, con toda la trama al alcance de la mano para empacharse y seguir hasta que los ojos les pidan pista. La quinta temporada de Dexter va por la mitad y no podemos dejar de preguntarnos con angustia… ¿y después qué? ¿Qué vamos a ver? ¿eh? Ya aprendimos que hay que tener en la bolsa, para no quedarnos solos y abandonados, más de una serie. Por eso, la otra favorita es Mad Men, pero siempre hay un pero.

El 17 de octubre de 2010 el mundo hizo Plop. Finalizó la cuarta temporada de la serie fetiche y, para colmo, fue con una vuelta de tuerca que el alma antispoiler no nos permite develar. Pero nos dejó azorados. Los adoradores de Don Draper (Oh, Jon Hamm) quedamos impactados, enojados, contentos, sorprendidos, a favor, en contra. Pero todos estamos de acuerdo en dos cosas: 1) Por favor, que empiece la quinta temporada urgente, queremos saber qué pasa, necesitamos más, y 2) Oh, ¿y ahora qué vamos a ver mientras tanto?
Basada en grandiosos duelos actorales y con muy buena trama, de pronto todos los ojos se posan en In Treatment, el nuevo consuelo del público ávido de series. El imperfecto pero encantador psicólogo Paul Weston (el misterioso y maduro como un buen vino Gabriel Byrne) atiende de lunes a jueves y los viernes va a su propio tratamiento, la supervisión con Gina (Dianne Wiest). En entregas de media hora, la joyita de HBO que ya va por la tercera temporada resulta ideal para matar la espera del próximo capítulo de Dexter y calmar la abstinencia de Mad Men. Estamos cubiertos. Y de un tiempo a esta parte, siempre parece haber más.
Están los que perdieron la cabeza por Lost, quienes consideran que The Wire es todo lo que podían desear, el séquito de Breaking Bad, los que tarde pero seguro recién ahora están descubriendo Weeds, los que cultivan el humor negro con United States of Tara, los seguidores de 24 y más, cada vez más: el mundo de las grandes series es cada vez más amplio, vasto, enorme, inabarcable. Y el público crece, se hace masa, es rebaño. Quieren más.
Daniela Pasik
*Ver agenda de cine.
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