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TEATRO: OPINION por Lucho Bordegaray.
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LOS AGENTES DE PRENSA SON UNA FIGURA SOBREVALORADA EN LA DIFUSION DEL TEATRO INDEPENDIENTE. VENTAJAS Y PROBLEMAS DE UNA ACTIVIDAD QUE CRECE.
En una ciudad con más de quinientos espectáculos en cartel, ¿cómo se atrae al público? El teatro oficial porteño (o, más precisamente, su eterno director, Kive Staiff) parece convencido de que lo primordial es poner en los elencos caras conocidas de la tele para que vayan las cámaras –siempre ávidas de lo mismo– que, a su vez, le harán saber a sus fieles que podrán ver en carne y hueso a la chica del año o al galancito de moda. El teatro comercial se monta en el mismo principio pero, confiado en su recupero, lo sostiene con costosísimas campañas publicitarias. El teatro independiente, que no logra repensarse y copia como puede los modelos de producción del teatro comercial, no tiene el dinero para empapelar la ciudad con afiches ni el mal tino de contratar a Luisana Lopilato. Estas respuestas están simplificadas, por supuesto, pero no por eso son falsas, porque no estamos haciendo leyes universales, sino tratando de distinguir características que nos ayuden a entender un fenómeno que ha alcanzado dimensiones insospechadas en el teatro independiente: las y los agentes de prensa. Ese oscuro objeto del deseo se supone que logrará que el estreno del espectáculo aparezca en la mayor cantidad de medios posibles, invitará a periodistas y críticos al estreno, concertará entrevistas, hará el seguimiento de la aparición de la obra en los medios y los recortará para hacer una carpeta, contactará programas de radio para que sorteen entradas a cambio de ser nombrados con alguna mínima distinción, invitará a jurados de los distintos premios, enviará a los medios recordatorios de que la obra sigue en cartel para filtrar una mención en alguna agenda teatral, etc. Todos peldaños que parecen ensamblarse en una escalera a la fama. Y eso es lo que se busca: que el espectáculo en cuestión sea visto por la mayor cantidad de gente posible. Sin embargo, el feliz panorama que acabamos de soñar deja un tendal de preguntas. ¿Por qué han sido tercerizadas tantas tareas que son responsabilidad del productor ejecutivo, como todas las recién nombradas, excepto las dos primeras? ¿Qué relación hay entre invitar? ¿Cuánto público moviliza una crítica en un gran diario? Y, por sobre todo, ¿qué costo implica para qué beneficio?
Cabe recordar que agentes de prensa han habido desde hace tiempo, e incluso en el teatro independiente, pero la gran diferencia es que hoy nadie vive de lo que genera ese circuito, y no es raro que el elenco aporte para solventar los gastos de la puesta y del servicio de prensa. Un ex miembro del directorio de Proteatro asegura que un 30% del total de los subsidios otorgados a la actividad teatral se deriva al pago de agentes de prensa. Epa.
El año pasado, Elkafka Espacio Teatral decidió no contratar agente de prensa para sus producciones. Quien escribe estas líneas supo del buen trabajo que en esa área desarrollaron los productores de la sala, Paula Travnik y Gabriel Cabrera. Y la misma Travnik comenta: “Al día de hoy no encontramos la diferencia en contratar un agente de prensa y asumir nosotros esa tarea. Sólo hay diferencia en el dinero, que escasea. Pero el tema está tan instalado que, cuando no viene público, los elencos se lo atribuyen a la falta de agente de prensa, y no se buscan alternativas de comunicación. Además, los agentes no tienen interés en hacer la prensa institucional, de hacerse cargo de las obras de la sala: sólo quieren ser contratados por cada compañía”. Carolina Alfonso, agente de prensa, coincide en que hay una desmedida expectativa: “A veces se espera que el trabajo de prensa llene salas, y eso es algo que no está en nuestras manos ni podemos garantizar”. Le pregunto a otra agente, Claudia MacAuliffe, cómo evalúa el espacio que ocupa su actividad en el circuito alternativo: “Desmedido. Pero no sólo es culpa del chancho sino del que le da de comer. Yo trato de ubicarme, y me ayuda el hecho de que también trabajo del otro lado” (también es actriz, asistente y directora). La desmesura a la que se refiere puede ejemplificarse en que un elenco esté menos preocupado por el vestuario que por su agente de prensa, o que haya responsables de sala que pregunten a quién se contratará para esa tarea antes de saber de qué se trata la obra. Sí, sí: eso existe y sucede en Buenos Aires. Y lo hace gente buena, decente y copada, a la que se le ha naturalizado este sistema sin haber reflexionado sobre él. Y ejemplo de esto es que en los programas de mano aparezca el nombre del agente de prensa, siendo así el único proveedor de un servicio que se equipara al equipo creativo. ¿Se ha instalado tanto y tan fuerte porque el servicio del agente de prensa para el teatro independiente es eficaz? Alfonso responde: “Los espectáculos saturan la cartelera, y tenés medios que no pueden dar tanta bolilla a lo alternativo porque hay muchas obras comerciales, las que requieren más atención. Siento que a los elencos les cuesta entender que los críticos no vayan tanto al teatro porque hoy no hay lugar para tantas críticas o notas como uno desea, aunque cuando uno habla con los periodistas ellos sienten que no paran de ver obras. Pero estoy segura de que mientras unos y otros buscamos figurar en los medios gráficos, cada vez hay más sitios y revistas y programas que ponen la mirada en el teatro y nunca hay desinterés. Más bien hay estrés”. MacAuliffe tiene otra opinión: “La eficacia es insuficiente, porque se pone mucha expectativa en lo que pueda conseguir el agente por sí solo, y los integrantes de un elenco nunca se deberían desentender del todo de la difusión de su espectáculo: ellos son los dueños de la obra, ellos son los que conocen las virtudes y defectos de lo que se quiere comunicar. La tercerización implica controles, exigencias, pero también colaboración mutua”.
Como cualquier periodista, crítico o jurado, este cronista sabe de los beneficios de tratar con agentes. Pero también ve la sobreoferta de espectáculos que manejan algunos, así como la desmesura con que se instaló esa actividad, que la ha llevado a una aceleración y una devaluación que se manifiesta en la llegada de gente que escribe gacetillas como si se tratase de SMSs, que reseña obras que no ha visto, que difunde piezas en cuya calidad no confía y en la pérdida del trato personalizado. Y no puedo olvidar aquella noche en que un director, tras recibir su premio, le agradeció a su agente de prensa: ahí comprendí que estábamos a las puertas de un problema no por el vínculo entre ese artista y aquel agente, sino por sobredimensionar la actividad. A veces creo que el agente de prensa es a los artistas teatrales lo que el administrador a los consorcistas: es el mayor gasto fijo sin saber exactamente cuál es el beneficio de su tarea. Además, hace algo que antes cualquiera realizaba. Pero, ya lo sabemos, son pocos los edificios que persisten hoy sin contratar un administrador.
Lucho Bordegaray
Nota: el año pasado, el Colectivo Teatral organizó una charla sobre la difusión del teatro independiente, dentro de la cual se trató el tema de la prensa. Podés verla en video, completa, en http://www.colectivoteatral.com.ar/2008/07/concluy-la-segunda-charla-debate-teatro.htm .
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