| |
GABO FERRO EDITO SU QUINTO DISCO COMO SOLISTA: BOCA ARRIBA. EL MUSICO MAS ACTIVO E IMPACTACTANTE DE LA ESCENA NACIONAL REPASA IDAS Y VUELTAS EN SU CARRERA Y LOS MOTORES QUE LO MOVILIZAN PARA DARLE IDENTIDAD A SU OBRA
Cuando Gabo Ferro canta todos callan, hasta los niños. Es un efecto casi mágico, como una burbuja de silencio tan pesada como la oscuridad de la sala de la que sólo pueden zafarse su voz y su guitarra. Más allá de sus canciones, de las letras cuidadosamente construidas, el poder de su encanto reside en esa magia: cuando canta Gabo Ferro se callan todos. Hasta las moscas.
La historia es conocida: líder de una banda de hardcore durante los noventas, una noche abandonó el escenario en el medio de un show y no volvió. Estudió historia, se recibió, hizo posgrados, recibió becas y premios. Vendió su guitarra. Pasó varios años sin cantar una canción y ni siquiera escuchar un disco. Y un día, lo impensable: volvió a la música, pero con una propuesta, a primera vista, radicalmente distinta, con un puñado de canciones sentidísimas, algo que a lo mejor podríamos llamar folk. “En este retomar tuvo que ver con un compromiso, casi un contrato conmigo mismo: hacer siempre lo que tuviera ganas, no como capricho sino como deseo y como placer”, define con claridad meridiana Gabo Ferro, y cuando –habla se nota que tiene las ideas bien puestas y el casete guardado en algún cajón que hace mucho que no abre.
–¿Qué te sorprendió encontrar en común entre estos tres mundos tan distintos en los que te moviste?
–Básicamente, se parecen en que estoy yo poniéndole todo lo mejor de mí mismo. Suena medio pelotudo, pero no creo que haya otra manera de hacer las cosas: dedicándole tiempo, deseo, fantasías… Lo que tienen parecido también es que siempre trabajé con lo esotérico. Cuando uno interpreta, está trabajando en un estado mediúmico; se trabaja con una energía que viene de algún lado y que la ponés en una dimensión especial. Eso es en la interpretación de una canción o la canción misma. En la primera época recuerdo que no vivía plenamente las cosas: era mucho más terrenal para complacer a otros, pensábamos mucho en el público hardcore... lo hacíamos con placer y alegría, pero pensando en todo lo otro. Ahora, en cambio, no hay nada de eso. Mi proyecto es muy egoísta, es para satisfacerme primero a mí. Y la consigna es que lo que satisface a mí, debería servir por obvia consecuencia para colmar a algunos otros.
– Sin embargo esa renuncia, por llamarlo de alguna manera, no te perjudicó en términos de éxito…
–Y… recién ahora puedo decir que me va bien en los términos que uno entiende por “ir bien”… Y esto abarca varios aspectos: desde lo más pedestre que puede ser poder vivir de esto, hasta lo que yo asocio más con el éxito, como lo es el hecho de poder hacer discos y conciertos. Igual, pese a todo, todavía siento inquietud por esta cosa de que no cuaje una escena un poco más fuerte, habiendo tantos y tantas que trabajamos desde el mismo lugar.
–¿Por qué creés que no cuaja una escena en estas condiciones?
–Creo que hay una crisis de los colectivos. Me acuerdo que me sentía muy incómodo por tener una identidad bien definida, junto a otras personas que estaban en el mismo grupo también con una identidad bien definida, todos fundidos en una supracosa, algo que tenga el nombre de una banda. Uno hablaba y hablaba en nombre de los cuatro, y pasaban cosas extrañas. Eso me llevó a decir en aquel momento: ‘Nunca más me voy a meter en un colectivo porque no siento que yo hable por él o por ella, ni que él o ella hablen por mí’. Y en cuanto a la escena, hay una realidad: todos nos conocemos, nos queremos y nos respetamos. Alguien saca un disco y dos, tres o cuatro que nos respetamos nos vamos a ver, compartimos el escenario, y tocamos juntos... pero una escena es mucho más que eso. Una escena es algo que tiene que ver con lugares físicos y con un tráfico muy fluido de obra. Eso, acá, hoy, no está.

–Yo también creo que la llegada de la banda ancha, la capacidad de bajar discos y a la vez de difundirse por su cuenta también ayudó a que sea todo más heterogéneo…
–Sí, puede tener algo que ver con que los objetivos no son retratar en las canciones el perfume comercial del momento… Aunque también hay que decir que a algunos ya se les está viendo la ropa interior, un paso hacia lo más comercial. Y es respetable. En cuanto a la digitalia, no la manejo, o sea sé, pero como cualquier hijo de vecino. No grabo ni se grabar, aunque me gustaría hacerlo. Y en general apoyo la bajada de discos. La verdad, se bajan mucho mis discos, pero todavía los compran más que lo que se bajan. Entonces yo veo la bajada como divulgación, y no me parece que esté restando. Porque se da por sentado que el que baja no compra, y ahí creo que hay un error importante. Está el que baja y no compra, pero también está el que baja y compra. Y no sólo un disco, a veces dos o tres, porque si no, nosotros no habríamos agotado todas las tiradas y no seguiríamos haciendo discos absolutamente financiados por nosotros mismos.
–Lo de la independencia y el autofinanciamiento, ¿es una condición o es una circunstancia?
–Es una circunstancia, pero esto tiene que ver con cierta manera de ser. O sea, si viene alguien y por ser quienes somos y por trabajar como trabajamos nos pone un montón de plata para poder hacer esto de la misma manera, e inclusive para ser más eficaces en la grabación, en la producción y en la llegada, no veo por qué no aceptar. Acá no hay ningún necio. Pero como esto no pasa, hacemos esto porque se puede hacer desde otro lado y con estos recursos. En definitiva, es circunstancial y probablemente sea así toda la vida, pero por una decisión propia de políticas de trabajo.
–¿Ves a tus canciones como parte de una sola gran obra o como pequeñas obras individuales?
–Cada una de las canciones y cada uno de los discos son gestos de época. A mí siempre me atrajo, para hacer o revisar la historia, los chispazos, no el fuego. Y creo que mis canciones en algún costado pueden apuntar a cierta mirada de cierta parte de nuestra historia y de nuestro tiempo y de nuestro lugar. Para hablar de qué pasa, qué falta, qué hay, qué tenemos, cómo se mueve un tipo en este Buenos Aires en esta época, de qué habla, y para ponerlo después en panorama, para que hable con todo. Todo lo que se hace es para ponerlo en diálogo con todo. A mí me encantaría que mi último disco se pusiera a dialogar con el último disco de Miranda!, por ejemplo, para ponerle la cara y la firma a la obra. Porque la canción y la música en definitiva no son sólo para entretenimiento, ni debe ser sólo para entretenimiento. Si vos no te colocás ni colocás tu obra en un lugar absolutamente definido política y culturalmente, te colocás por defecto en otro lado. Por eso está bueno que el trabajo de uno sirva como un chispazo de época y que se ponga también en diálogo con otras cosas para que salgan cosas nuevas.
–¿Cúales son los temas de esta época que te interesan para tratar en tu obra?
–Los que no se tocan, y los mal tratados. Sabemos que hay una canción que habla perfectamente sobre las relaciones afectivas, las relaciones de pareja. Pero se trata de una manera que no es crítica. Un tema de Arjona habla probablemente de lo mismo que hablo yo, pero desde otro lugar, con otro lenguaje, otra mirada, otra perspectiva. Por eso digo que hay que tratar lo mal tratado y lo que no se trata. Todo lo demás no me interesa, porque si está bien tratado y yo lo disfruto, me digo ‘esto ya está bien, no me interesa’, porque no podría escribir nada mejor, no podría decirlo mejor.
NICOLAS LANTOS |
|