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  “busco bombardear un objeto de estudio, como un físico”


 
     
 


DEDICADA A UN DJ, EN SU NOVELA MUÑEQUITAS RUSAS, JULIA SARACHU ABORDA LA RELACIÓN ENTRE MÚSICA Y POESÍA A PARTIR DE LAS FIESTAS ELECTRÓNICAS EN IBIZA. “LAS RAVES SON UNA SUERTE DE INTEGRACIÓN DE TODAS LAS ARTES”, DICE LA AUTORA DE ESTE LIBRO QUE LE ESCAPA A TODA ESTRUCTURA CONVENCIONAL.

En el 2005, Julia Sarachu publicó Cuatro ojos ven más que dos, una novela sobre la escena local del arte contemporáneo. Había ahí la emergencia de un tipo de relato difícil de encasillar, con una lógica nuy delgada que había que seguir a través de una serie de documentos que parecían fugar hacia puntos de interés distintos. Era una narración de escenas interrumpidas, como si ese fuese el modelo de nuestras relaciones. Bueno: Julia Sarachu acaba de publicar otra novela por Gog y Magog, Muñequitas rusas, y está dedicada a su musa inspiradora: el dj Sven Vath.

–¿Por qué elegiste escribir sobr un Dj?
–No es un libro sobre un Dj, es un libro que habla sobre la relación entre  música y poesía y sobre la situación de los inmigrantes argentinos en Ibiza. Es cierto que está dedicado a un Dj, y que además el Dj es un personaje importante,  porque es una especie de director de orquesta que comanda las fiestas electrónicas de Ibiza, en las que se produce una disolución de la conciencia individual en la masa. Pero toda la primera parte del libro cuenta la historia de una chica que viaja a Ibiza para trabajar en la temporada, y describe lo que le pasa ese verano, que concluye en el clímax de la narración que se da en la escena de una fiesta.

–Esa  escena la describís basándote en una alegoría de la antroposofía, que es una forma de pensamiento mística, ¿Por qué?
–En las épocas primitivas no había una división de las artes porque todas estaban unificadas en el rito de los cultos religiosos, pero con el paso del tiempo se ha venido produciendo una disociación de las disciplinas. En el siglo XX, la especialización de las artes ha llegado a su máxima expresión. Lo que ocurre en las raves electrónicas es una suerte de reintegración de todas las artes a través del rito que es la fiesta. En el momento del clímax, la protagonista tiene una visión y empieza a identificar el verdadero funcionamiento de las artes.

–Decís que la protagonista experimenta una “imaginación astral”. ¿Qué es eso?
–La imaginación astral es un espacio intermedio que no es ni sueño ni realidad. Como un ensueño, es el lugar en el que opera el arte. Y es el lugar en que la conciencia individual se fusiona con la conciencia grupal. También de eso habla el libro. De ahí el título, Muñequitas rusas: todas las conciencias individuales fundidas en una conciencia única.

–Varias veces subrayás la ausencia de sexo. ¿Qué relación hay entre el sexo y la fiesta?
–En Ibiza hay mucho contacto físico, amontonamiento, mucha gente desnuda en la playa, pero no hay sexo. Podríamos pensar en la diferencia entre el placer y el goce. El modelo del placer es el orgasmo, que es un alivio: es la busqueda de un límite, y cuando se lo cruza se produce una descarga que alivia. En el goce, en cambio, el placer pasa por la repetición maquínica de un acto que lo que procura es traspasar el límite e ir más allá.  En las fiestas electrónicas, lo que se quiere es seguir y seguir bailando, consumiendo drogas que te den más aguante para poder seguir disfrutando de esa sensación. El sexo está ausente, porque está ausente el alivio de esa tensión.

–El libro por momentos es literal, por momentos simbólico, hay charlas con psicoanalistas, análisis de canciones, un cuestionario, dos partes que se continúan  y hasta incluye un Cd. ¿Cómo elaborarste esta estructura?
Tenía un conjunto de textos en relación con el tema de la música electrónica y los inmigrantes argentinos en Ibiza, pero no sabía qué forma darles. Entonces me puse a escribir paso a paso la historia de la protagonista, como si fuese un diario, como ejercicio para ordenarme. Y me di cuenta de que se había generado un relato clásico, con un camino hacia el climax de la fiesta, y un desenlace. Y después estaban todos esos textos que había acumulado. Así aparecieron las dos partes.

–Los mismos elementos aparecen tratados desde abordajes textuales muy diferentes, que en general no convergen de manera del todo coherente, como si el relato no terminara de cerrar su sentido.
–Yo pienso mis novelas más como estudios críticos que como relatos. Soy poeta. Y no me interesa tanto trabajar sobre el argumento de una novela como abordar el análisis de otras discplinas. No busco contar una historia que cierre. Lo que hago es bormbardear un objeto de estudio, como un físico que mete un elemento en una máquina de partículas y le dispara con todos los rayos. ¿A ver qué pasa?

–La primera parte se titula: El rastro de la iguana. En el libro la iguana no sólo es el símbolo de Ibiza, sino también de los espermatozoides, y de lo trascendente...
–La música y la poesía viven externamente. La poesía vive cuando el poeta recita, cuando las figuras son proyectadas en el aire, y el receptor debe salir de sí mismo para aprehenderlas. La música también vive en el aire. La música y la poesía son la manifestación inconsciente del sentido de lo trascendente. El hombre tiene más de cinco sentidos, no todos desarrollados. Uno de los sentidos que no tiene desarrollado es el que tiene que ver con la capacidad de percibir la continuidad del espíritu más allá del límite de la muerte.

Ezequiel Alemián

 
 
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