LA HISTORIA ARGENTINA CUENTA CON LA PARTICIPACION DECISIVA Y VISIBLE DE GRANDES MUJERES, PERO TAMBIEN SE HA CIMENTADO EN LA LUCHA SILENCIOSA Y ESCAMOTEADA DE AMAS DE CASA, OBRERAS Y MILITANTES SOCIALES. EL BICENTENARIO DA LA EXCUSA PARA MIRAR SU AMPLIO APORTE AL FORTALECIMIENTO DEL TEJIDO SOCIAL.
¿Qué significa recorrer la historia argentina a través de la figura de la mujer? Bajo esta premisa y a propósito de los infinitos festejos por el aniversario del 25 de Mayo, La Casa del Bicentenario inauguró su espacio con una muestra íntegramente dedicada a la mujer en la Argentina. En principio, Mujeres 1810–2010 se presenta como un recorrido de doscientos años dividido por piso y por tema –La vida pública, Vida privada, Las mujeres y la imagen, y Ellas por ellos–, pero la propuesta va más allá de la simple contemplación histórica: aquí el género no es un objeto de museo.
Bajo la asesoría de Dora Barrancos, Laura Malossetti Costa y Mirta Lobato, la exposición –de corte sociológico y cultural– busca desentrañar prácticas y representaciones en las que la mujer fue progresivamente instituyéndose como sujeto político, pero también y sobre todo como un significante político. Es decir, las diferentes maneras a través de las cuales se fue materializando la búsqueda de la libertad y la igualdad.
Valeria González, curadora de la muestra, explica: “Más que tomar a las mujeres como un tema, proponemos un eje estratégico para reconsiderar la historia argentina desde el actual escenario social y político de nuestro país. El sujeto de esta narración son las mujeres en plural: si aparece algún nombre propio, este es invocado desde el criterio de relevancia de fenómenos sociales colectivos”.
De ahí que la muestra recorra diferentes ejes que hacen explícitos tanto los progresos como las cuestiones pendientes: desde el lento avance hacia la adquisición de los derechos civiles como el voto, hasta cuestiones irresueltas y en debate como la posibilidad de la mujer de disponer de su propio cuerpo, expresada en la legalización del aborto. A su vez, a través de cruces transversales y anacrónicos y un interesante trabajo de documentación, la exposición genera un intercambio en torno a distintos conflictos –la inmigración, la pobreza, la violencia doméstica, la dictadura, la expropiación de tierras de los de pueblos originarios– y pone en las voces de distintas mujeres en lucha dentro del campo social las consignas que las movilizan: poder decir, poder hacer.

Pero todo esto que se construye a través del material recolectado también tiene su contrapartida en obras de artistas contemporáneos como León Ferrari, Ananké Assef, Liliana Porter, Ana Gallardo y Gabriel Baggio entre muchos otros, que obligan a pequeñas paradas, estaciones donde reconsiderar el material más documental.
En la preocupación por evitar que la mujer se convierta en un mero objeto de exposición, los videos documentales también son una apuesta interesante, especialmente a la hora de desarmar estereotipos y generar inquietudes o debates. En vez de la clásica pantalla de televisión de la que sale un relato descriptivo, unidireccional, los videos están dispuestos en forma de díptico o tríptico: así, el testimonio de distintas piqueteras en Cultral-Có o Mosconi es contrapuesto con el testimonio de mujeres que participan en el sostenimiento ferias y espacios autogestionados durante 2001 desde la pantalla contigua. De este modo, la imagen de la lucha por el reconocimiento es complementada por la creación de espacios destinados a restituir el horadado vínculo con el trabajo y la cultura.
Esta forma de alterar el espacio como medio de distanciar, complejizar la mirada sobre el documento se reitera en distintas salas de la exposición. Un tablón con retazos de telas cocidas acompaña el registro de la lucha por la recuperación y resistencia de la fábrica textil Brukman. Del mismo modo, los documentos que recorren el lugar de la mujer como educadora se relacionan mediante trazos de tizas sobre una pared verde; en un rincón, un pupitre invita a detener la mirada sobre otro video documental.
Hay un recorrido, una mirada de la muestra que se sucede en la relación con esos materiales. Allí se excede la voluntad de informar, se invita a un ejercicio de memoria en el que lo observado se mezcla con nuestras propias experiencias de la historia. En uno de los pasillos, la voz de la curadora avanza y el espectador es interpelado por una secuencia de espejos en la que se observa una frase que solo es posible leer como reflejo: “El trabajo doméstico es socialmente invisible”. La denuncia de lo que no se quiere ver nos sorprende en un reflejo, una apariencia frágil que solo adquiere sentido a través del lector que se enfrenta con esa imagen especular que lo incluye.
Después de recorrer los cuatro pisos, la propuesta queda clara: dar visibilidad. Y, por sobre todo, abordar la historia con la voluntad de alejar a la mujer del discurso de victimización. Se trata de reconocer y reconocernos en su capacidad de acción y expresión a lo largo de doscientos años, ya que es únicamente allí donde convergen también todas las formas de redención pendientes.
GUILLERMINA FRESSOLI
MUJERES 1810–2010
Casa del Bicentenario. Riobamba 985.
Hasta el 25 de julio, de martes a domingo y feriados de 14 a 21. Ingreso hasta 30 minutos antes del cierre. Entrada libre.
El universo futurista

La muestra reúne unas 200 obras de este movimiento fundado en Italia y desarrollado en torno a la figura de Marinetti. Ga-nó adeptos y enemigos en las vanguardias latinoamericanas pues se lo vinculaba con el fascismo. El rechazo a la tradición, su anticlasicismo y nueva concepción del espacio y tiempo, sometidos al dinamismo de la forma, celebraban el avance de la técnica y la sociedad de masas. Junto a los manifiestos, se exhiben obras de Carrá, Russolo, Severini, y Baldesarri, entre muchos otros.
Fundación PROA
Av. Pedro de Mendoza 1929. Hasta el 4 de julio, de martes a domingos de 11 a 19.
Guilty!

Marcelo Grosmann copia y reelabora la sintaxis de los identikits policiales en esta serie fotográfica. El color y la superposición en la producción de la imagen borran los límites precisos del rostro que en ella nos enfrenta. El color del fondo y la imprecisión de la figura desvirtúan e inquietan el discurso de la criminología. Produce un distanciamiento en torno a las formas en que hoy se instituyen víctimas, culpables y marginados con el fin de proteger el poder y propiedad económica de una hegemonía.
Ernesto Catena Fotografía Contemporánea
Honduras 4882, 1º piso. Hasta el 1º de julio, de martes a sábados de 13 a 19:30.
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