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>TEATRO/ RESEÑA. OBRAS. Por Gabriel Zayat




B.

B es un acontecimiento escénico que elude definiciones simplificadas. No es una obra de teatro, ni un partido de básquet, ni un espectáculo de danza. Es las tres cosas al mismo tiempo, puestas a dialogar para provocarse entre sí. Y el resultado está más ligado al azar de la experiencia que a un sentido unívoco que sus protagonistas pudieran intentar constituir. Y a la vez, todo es bastante simple: un aro de básquet, una pelota y tres jugadores; Alberto Ajaka, actor y director de teatro; Luciana Acuña, bailarina y coreógrafa, y  Leonardo Calogero, basquetbolista profesional. Cada uno en representación de sí mismo se involucra en una competencia que le demanda ser mejor que los otros dos.
B  se coloca al margen de una práctica de representación tradicional, donde categorías como personaje y desarrollo dramático tendrían sentido. Acá esos elementos son parte de la escena, pero están resemantizados porque las premisas perceptivas están alteradas. Estamos en el teatro pero delante de nosotros no hay una historia: cada espectador organiza la suya con los elementos presentados. Aunque no se trata de una mera presentación performática donde un partido de básquet es injertado en una sala. La escena oscila entre la no-ficción, que presenta cuerpos que sudan y se agotan, y la ficción, con sus acciones y pautas de movimiento: los jugadores se ponen de acuerdo y descansan, toman agua y salen de escena, para volver un segundo después a seguir siendo ellos mismos.
Todo sucede detrás de un alambrado que separa el espacio del juego de los espectadores. Como en un ready-made, B se apropia de un objeto de la realidad cotidiana y lo repone en un espacio ajeno a sí mismo: un teatro. Este partido de básquet se juega con puesta de luces, con cuarta pared, con espectadores silenciosos, con tiempos propios de la escena. Y la bailarina es ajena al básquet, y el basquetbolista es ajeno al teatro. Ellos mismos se resemantizan fundiendo sus diferencias.
Así asumen el riesgo de transitar por los límites del acontecimiento escénico, produciendo en los espectadores la singular fascinación de estar en presencia de un acto poético que se construye de a dos, entre ellos y nosotros. 

Intérpretes: Luciana Acuña, Alberto Ajaka, Leonardo Calogero
Dirección: Luciana Acuña, Alberto Ajaka
Sala Escalada, Teléfonos: 4856-0277
www.salaescalada.blogspot.com
Sábado a las 21. Entrada: $ 20.

Serán sus ojos

Serán sus ojos confirma que un recital de rock puede ser una obra de teatro si por sus fisuras se filtra la ficción. La obra experimenta con las posibilidades escénicas de la música en vivo, que concretada en su propio contexto y con sus propias reglas no se confundiría con teatro. Solo se confunde si, como hace Nahuel Cano, se captura de los músicos sus mínimos gestos, sus erupciones emotivas y se atiende a las posibilidades ficcionales que provocan. Que en un recital y en su contexto natural no tendrían desarrollo. Siempre hay algo detrás, algo que se oculta. Un revés. Serán sus ojos lo descubre, con toda su potencia, y lo pone de frente a los ojos y oídos de los espectadores.
Los músicos se acomodan en el espacio, enchufan sus instrumentos, los afinan y tocan sus canciones (especialmente compuestas para la obra). Cuando de pronto un movimiento extraño a la música se suelta, primero como un simple gesto sin consecuencias, para empezar a narrar lo suyo, e irrumpe sin estridencias: una hermosa y salvaje historia de amor. Lo interesante de esta propuesta es que la música y la ficción no están puestas en sucesión, sino en simultáneo. Una fusión entre dos lenguajes que se acompañan y se entrelazan, confundiéndose siempre a favor de la escena. Como si nunca hubieran estado separados.

Actuan: Florencia Bergallo, Cristian Jensen, Daniel Junowicz, Leonardo Murúa, Demián Salomón
Dirección musical: Lucio Mantel
Dirección: Nahuel Cano
Silencio de negras, Luis Sáenz Peña 663
Sábado a las 23. Entrada: $ 25.

 



2035

La acción transcurre en el año 2035 y, a pesar de lo que podría suponerse, las transformaciones no son tantas. El efecto de distanciamiento que se genera por tal movimiento del eje temporal provoca que la mirada de los espectadores se pegue a la ficción con la esperanza de aprender algo del futuro. Las novedades se traducen en pequeños desajustes que distorsionan la manera de percibir la realidad, lo cotidiano. La sensación que provoca en nosotros este leve corrimiento es parecida a la que nos queda cuando nos despertamos de un sueño, cuando mi casa es mi casa pero no del todo, cuando eras vos pero no eras vos. Así, Elisa Carricajo se vale de ese procedimiento para alterar las expectativas del público, y generar una distorsión perceptiva. Todo sucede en el living de una casa de clase media en un suburbio de Buenos Aires en el 2035 y no. Es extraño. Y atractivo.
En la obra se representa el futuro, pero no se apela a una estética mecanicista: no hay máquinas, ni Buenos Aires es una ciudad destruida y apocalíptica. El corrimiento se produce por sutiles transformaciones en el comportamiento de los personajes, que tienen que lidiar con un conflicto familiar demasiado humano para los recursos emocionales disponibles. La mecánica familiar del futuro no ha mejorado mucho, se parece demasiado a la nuestra. Es igualmente disfuncional pero se expresa en otros sentidos. El infeliz matrimonio de Ana y Máximo se ve obligado a recibir en su casa a la hermana de él, Magalí, y a su pareja, una travesti que espera un hijo. La relación entre los protagonistas se va tensando hasta hacerse insoportable, pero el enfrentamiento que podría destrabar el conflicto nunca se produce porque nadie ha aprendido a expresarse; las sensibilidades están atrofiadas. Con esa falta de recursos emocionales que depara el futuro, los actores interpretan formas prediseñadas de expresión, por momentos absurdas, como si lo mecánico sí se hubiera apoderado de ellos. Y lo hacen con tanta veracidad que no podemos dejar de admirarlos, y sentirnos reflejados, en un futuro cercano.

Autoría y dirección: Elisa Carricajo
Actuan: Paula Acuña, Julia Amore, Federico Buso, Débora Dejtiar
Abasto Social Club Humahuaca 3649
Jueves a las 21. Entrada: $ 30.



Una familia
adentro de  la nieve

Una familia adentro de la nieve plantea una historia simple a través de una organización del relato muy compleja. Y en esa complejidad radica su interés, porque es imposible disociar una historia de la forma en que se nos cuenta. La madre, y mucama de un hotel, está sentada en una silla al borde del proscenio, muy cerca del público, y comienza a reconstruir la historia familiar. Su marido y padre de sus hijos ha emigrado a Rusia embelesado con las mieles de la Revolución, su hijo inteligente también se distanció de ella cuando sus preocupaciones estéticas se lo demandaron y las cuatro hijas que conserva a su lado se esfuerzan por representar la vida de su padre iluminando cada punto oscuro y desconocido de su historia.
El tejido escénico se irá construyendo por retazos, pequeños relatos discontinuos que puestos a funcionar en relación construyen una historia fragmentada. El espacio de la escena parece dividido en zonas, territorios distinguidos por un dispositivo singular. Y cada uno definido por una elaborada y bellísima composición visual. Una ciudad en miniatura hecha de cajitas de remedios, carteles luminosos que expresan ideas, paredes forradas de ideogramas y un personaje que atraviesa el tiempo y el espacio cargando su bandera y una potente teatralidad.


Actuan: Mar Cabrera, Adriana Ferrer,
Lucrecia Gelardi, Horacio Marassi,
Vicky Massa, Gabriel Urbani, Carla Vidal
Dirección: Diego Brienza
Abasto Social Club
Humahuaca 3649
Viernes a las 23.
Entrada: $ 30.

 
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