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LETRAS. Entrevista Alberto Fulget.


autobiografía de un mito




EL CHILENO ALBERTO FUGUET RECOPILO LAS CARTAS DEL ESCRITOR COLOMBIANO ANDRES CAICEDO, QUE ESTUVIERON GUARDADAS EN UN ARCON DURANTE TREINTA AÑOS. DICE QUE EL AUTOR DE ¡QUE VIVA LA MUSICA! ES LO MAS PARECIDO AL ROCK AND ROLL QUE TUVO LA LITERATURA LATINOAMERICANA.

“Mamacita: un día me prometiste que cualquier cosa que yo hiciera, tú la comprenderías y me darías la razón. Por favor, trata de entender mi muerte. Yo no estaba hecho para vivir más tiempo. Estoy enormemente cansado, decepcionado y triste, y estoy seguro de que cada día que pase, cada una de estas sensaciones o sentimientos me irán matando lentamente. Entonces prefiero acabar de una vez”.
Andrés Caicedo, el escritor caleño convertido en mito juvenil, no se suicidó después de escribir esta nota, en 1975, que se publica como introducción a la autobiografía Mi cuerpo es una celda. Lo intentó pero no lo hizo hasta 1977, a los 25 años, un día después de que su novela ¡Qué viva la música! saliera de imprenta y llegara a sus manos. Y en aquella ocasión no dejó ninguna advertencia. Lo último que escribió fueron dos cartas –una a su novia y otra a un amigo– como tantas otras que había mandado a lo largo de su vida, en las que mezclaba anécdotas personales, comentarios sobre películas y lamentos acerca de su personalidad atormentada, siempre redactadas con el cuidado y la gracia de quien sabe que serán publicadas (el hecho de que hiciera copias con papel carbónico lo confirma).
Todos estos papeles quedaron guardados en un baúl en la casa del cineasta Luis Ospina, amigo de Caicedo de la época en la que comandaban el cine club de Cali, filmaban películas caseras, interpretaban obras de teatro y agitaban la escena cultural de esa ciudad. Lo mismo sucedió con su literatura, encerrada en Colombia y desconocida en el resto de América Latina.
Hasta que un día, el escritor y también cinéfilo Alberto Fuguet –el mismo que, siempre que puede, habla en contra de la literatura del boom latinoamericano– se encontró de casualidad con un libro de Caicedo en una librería de Lima –una compilación de notas de la revista Ojo al Cine–, y exclamó: “¿Cómo puede ser que me hayan ocultado a Caicedo todo este tiempo y me hayan hecho leer a otros? Esto es la conspiración manejada desde España y comandada por Carmen Barcells (la agente de García Márquez y de tantos otros del boom)”.
Entonces, primero por placer personal y después como una suerte de obsesión, empezó a rastrear todo lo que hubiera del caleño. “Le preguntaba a todo el mundo sobre él y nadie sabía nada, buscaba en Internet y no aparecía nada. Sentía que estaba un poco loco; lo único que encontré fue una página web de una tucumana fanática, pero nada más. En ese entonces, a principios del 2000, no existía Wikipedia”, cuenta Fuguet de paso por la Argentina.



-¿Cómo llegaste finalmente a Caicedo?
-Esperé y seis meses después me tocó viajar a Colombia. Ahí me compré todo, supe que todo el mundo lo conocía y mi editora me preguntó a qué escritor quería conocer. Yo le dije que quería conocer a Luis Ospina, y a todos les parecía raro porque podía conocer a García Márquez, a quien quisiera, pero no, yo quería conocer al amigo de Caicedo. Ahí partió el germen, especialmente cuando me dijo que había muchísimo material inédito.
Ese material inédito al que Fuguet llama bonus track, quedó dando vueltas en la editorial Norma por otros cinco años. Hasta que para una de las ferias de Guadalajara, Fuguet fue invitado a presentar la obra del colombiano, y él lo hizo con una condición: “Les dije que si la sala se llenaba, iban a tener que escuchar la propuesta que tenía para hacerles”. Y la sala rebalsó, los guardias de seguridad tuvieron que frenar a los cientos de fans con look Caicedo –pelo largo, anteojos de pasta– que se agolpaban para idolatrar la obra de quien, para ellos, fuera una estrella de rock, y Fuguet logró su objetivo: que la editorial publicara los inéditos del colombiano.
Así surgió Mi cuerpo es una celda (una autobiografía) recientemente publicada en la Argentina, en la que Fuguet reunió decenas de cartas y anotaciones que en conjunto funcionan como una novela documental de alguien que estaba dispuesto a vivir bajo su propio lema “Muere joven y deja obra”, emulando a las estrellas de rock. “Caicedo reunía todas las características para convertirse en un mito: escritor freak, oveja negra de la familia, que se suicida a los 25 años, cinéfilo, que intenta vender un guión en Los Ángeles y no puede, adicto a las drogas, ambiguo sexualmente... Yo después quise deconstruir el mito, pero Caicedo es lo más parecido al rock and roll que ha pasado en la literatura de América Latina, por eso yo creo que en Colombia se produjo primero un lazo de culto más juvenil, como una suerte de Jim Morrison al que van a llorar a la tumba. Yo quise ver el otro lado de él, que no lo aparta del chico emo, pero que es más que eso”, explica Fuguet. 

-Da la sensación de que Caicedo escribía sabiendo que después lo publicarían...
-Probablemente, yo no me animo a afirmarlo, pero la carta de él que yo puse primero lo especifica: dice que si se muere quiere que publiquen todo. A mí me parece también que es el primer escritor mediático: consumía y hablaba de medios, de cine, de libros, de cultura popular. Era una especie de blogger. A mí, de todos modos, no me interesa eso de resucitar muertos o publicar diarios de vida, pero acá estaba súper claro. El quería tener lectores como él. El quería ser famoso.

MARIA VILHENA

 

 




       
       
       
         
         
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