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>TEATRO.Chicos.

el regreso de las emociones simples



EL NIÑO DE ARENA, QUE SE PRESENTA EN EL BAC, CONMUEVE POR LA MUSICA, LAS LUCES, LA ESCENOGRAFIA Y POR LA DESTREZA DEL TITIRITERO. EL ESPECTACULO YA SE PASEO con exito POR BRASIL, HONG KONG E ISRAEL.

Junto con los clubes, el teatro debe ser uno de los espacios que más abunda en los barrios. Todos los barrios tienen una canchita de fútbol, y casi todos tienen un teatro. La cancha, la plaza, el teatro forman parte de su idiosincrasia.
La historia de los gemelos Omar y Claudio Alvarez nació en Villa Ballester y hoy continúa allí. Desde chicos, sus padres los llevaban al teatro, donde se maravillaban con los espectáculos de títeres. A dos cuadras de la casa de  la infancia había una juguetería, donde los hermanos mostraban sus primeras obras a los vecinos. “Nos pagaban con juguetes (risas). Cuando teníamos un peso comprábamos luces para el teatro. El primer telón lo hicimos con una pollera de mi abuela”, recuerda Omar, actualmente instalado en el Centro Cultural Espacios, la sala que hace más de 10 años inauguraron en Villa Ballester y donde hoy se dictan talleres para niños y adultos y además hay función los sábados.
Estos fanáticos de los Muppets, que hacían títeres artesanales en la escuela, soñaban con contarles historias a todos los que estuvieran dispuestos a escuchar. Empezaron en la casa, con la familia, siguieron en un teatro improvisado en la puerta de una juguetería de Villa Ballester, viajaron por el interior, recorrieron Latinoamérica, Asia y Europa, y volvieron al barrio, esta vez en sala propia, con todo la infraestructura necesaria. Ese fue el inicio de la Compañía Omar Alvarez Títeres, que es muy similar al camino que se abrió El niño de arena, la obra que presentan en el BAC. “La estrenamos en 2002 pero tuvo un recorrido muy silencioso. Quizá porque vino detrás de El soldadito de plomo, que había tenido mucha repercusión”. La obra primero viajó al exterior y al interior, y ahora desembarca en la cartelera porteña. 
El niño de arena fue escrita en plena crisis de 2001: “El 19 y 20 de diciembre estábamos encerrados en la sala dándole forma a esta historia, que aunque en ese momento no nos dimos cuenta,  de alguna manera refleja lo que estábamos pasando en esos días; esto de aferrarse a los sueños y a las ilusiones para seguir adelante”.
La música, las luces, la escenografía y sobre todo, la destreza del titiritero, hacen que el público se olvide que el espectáculo es mudo. La obra no tiene palabras y sin embargo dice mucho. Mucho más que cualquier títere que escupe letra y pulula por el género infantil. “Nosotros tratamos de proponer otra cosa, que el niño como espectador tenga que completar, hacer un trabajito. Los chicos se conectan porque el teatro es una experiencia sensible: si los conmueve, se entregan. Por eso creemos que se puede contar de otra manera y que los chicos pueden completar”, explica Omar.



Además de ser muda, la obra se enfrenta a otro desafío: el muñeco que la protagoniza no tiene rasgos ni facciones, su rostro es un círculo vacío. Ahí se luce el trabajo de Claudio –el único titiritero; en esta oportunidad Omar dirige junto a Rafael Curci–, que le imprime tanta expresión a esa cara que llegamos a imaginar las sonrisas, el ceño fruncido, las lágrimas. “Esos son los desafíos que tenemos que elegir si queremos que el trabajo crezca. Nosotros elegimos y necesitamos esos riesgos para que no sea todo igual. A veces es más fácil seguir una fórmula que funciona pero nosotros vamos por más, por eso cada espectáculo es bien distinto. En El viento entre las hojas resaltaba la palabra y En el niño de arena, la acción”.
Si bien las propuestas teatrales de la compañía son diferentes, hay algo que las identifica: la universalidad. “Tratamos de contar una historia que pueda ser entendida y que llegue a todas las culturas. Con El niño de arena nos pasó que en Brasil, Hong Kong e Israel, países con culturas diferentes, el espectáculo llegó de la misma manera y movió los mismos resortes. También creo que hay una necesidad del público que quiere que le cuenten un cuentito con belleza, con poesía, que le des una caricia para el alma. Cuando los espectadores reciben eso, se conectan con las emociones simples y lo disfrutan mucho. Y nosotros siempre lo agradecemos”.

CECILIA CAMPOREALE

el niÑo de arena (ilusiones y mareas)
BAC. Suipacha 1333.
Reservas al 4393-6941.
Hasta el Sáb. 23 de mayo a las 18. $30.

Libro original: Rafael Curci.
Dirección: Rafael Curci, Omar Alvarez.
Titiritero: Claudio Alvarez
Música: Gustavo “Popi” Spatocco.
Diseño y realización de títeres y escenografía: Gladys Garnica.
HAY QUE VERLA

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