secreto a voces

LA CATEDRAL ES UN REDUCTO TANGUERO. PERO LOS DOMINGOS, CASI POR ARTE DE MAGIA, SE TRANSFORMA EN LA SEDE PORTEÑA DEL FOLCLORE ARGENTINO, GRACIAS AL CARISMA INTEGRADOR DE LA BANDA SEMILLA, QUE LE DIO EL NOMBRE A LAS VELADAS: EL SEMILLERO.
La primera vez que uno se para en la esquina de Sarmiento y Medrano se desconcierta. La indicación es inequívoca, pero las señales no abundan. El silencio de la noche se ve quebrado únicamente por el motor de los colectivos que traspasan la avenida motivados por el verde del semáforo. Sin embargo tiene que ser ahí. La incertidumbre se disipa cuando se descubren las luces de neón que hablan de tango y folklore, entonces un portón se abre e invita a subir las anchas escaleras de una Catedral sin religión más que la de la tradición musical argentina.
Es sabido ya que La Catedral de Almagro está instalada en el circuito tanguero de la ciudad como un destino necesario, y bien merecido que lo tiene. Pero como una ironía sobre su nombre, el domingo es diferente. Desde hace más de dos años se impone su ritual musical basado en el folclore de nuestra tierra.
Chacareras, gatos, zambas se suceden en lo que da en llamarse El Semillero, una suerte de peña embanderada por el carisma integrador de Semilla, banda folclórica, rockera, poderosa, nostálgica y exploradora, con arraigadas bases de antes, con gente de ahora, lo cual confluye en una fórmula efectiva para siempre. Allí se instalan cada domingo bajo el dominio ineluctable de un gran corazón rojo, escenografía que desde lo alto emite sus latidos más potentes al compás del bombo legüero de Camilo Carabajal. Entonces la música crece, germina, las guitarras se sueltan del silencio y se encuentran con el piano de Leandro Bulacio en el aire encantado de este refugio urbano de enorme valor cultural.
Pero el domingo folclórico no comienza allí: la apertura de la velada está en manos de Jorgelina y Adrián, quienes acompañados por el fluir musical de artistas como los Manseros Santiagueños, Paola Bernal o Vislumbre del Esteko, invitan a explorar los postulados básicos del folclore, con su clase amena y dinámica, apta para todo público; esto quiere decir, tanto para los que ya tienen varias vueltas encima como para quienes quieren dar sus primeros pasos. Luego todos tendrán la posibilidad de probarse en la pista, cuando Bárbara Palacios (voz y guitarra de Semilla), invite a los bailarines y a los valientes aprendices a acompañar sus canciones activamente, zapateando y zarandeándose sobre el sonoro piso de madera del ex molino. En ocasiones, ella misma salta de su tarima y corre a unirse a la doble hilera de brazos levantados y pies deslizados, mientras que bombo, piano y la guitarra de Gabriel Rocca siguen arengando desde su rincón, modesto para tanto espacio, aunque por eso mismo, íntimo y cercano.
Cuando Semilla se despide sin irse, es posible que otro tome la posta y regale con cuerdas, tambores, flautas y/o voces, más música para seguir introducido en el encantamiento. Repertorios propios o ajenos, hombres o mujeres, en el escenario o en una mesa, la guitarra sigue pasando y el cantor (como género) sigue entonando. En ocasiones la energía deriva en una suerte de fogón improvisado, uniendo a todos los presentes alrededor de las mesas, mientras desde un rincón, la imagen de un Gardel sonriente, disfruta de una velada que esta vez lo tiene como espectador. Quien acude a La Catedral puede cumplir el rol que más le guste, puede bailar, y está bien; puede quedarse tomando un vino y cenando alguna de las alternativas que ofrece el original menú naturista, y está bien; puede esperar que algo mágico vaya a pasar, y está bien, porque la atmósfera envuelve a cualquier desprevenido que cree que si entró allí, se irá como si nada hubiese pasado. Todo está bien porque en el Semillero siempre se está bien. Tanto que los domingos de noche dejan de inscribirse como el epitafio del fin de semana, y ya no hay temor al lunes porque allí el tiempo se toma su tiempo. Todo está permitido: atreverse, observar, escuchar y sentir que el domingo no es un día más para ninguna Catedral. Y en esta, cada vez es distinto pero igual: siempre habrá algo sorprendente, y eso no cambia.
MARTIN D´ADAMO

La raíz de El Semillero
La peña de folclore El Semillero surgió en el año 2003, en el Club del Bufón, como parte de un ciclo musical que paulatinamente fue derivando en lo que hoy se llama la Peña Eléctrica. Luego se trasladó a Arlequines hasta que finalmente recaló en el reducto tanguero La Catedral. La Peña Eléctrica, en la actualidad, se lleva a cabo en un formato itinerante, con un despliegue de bandas y público que crece cada vez más. Podría decirse que es la hermana rockera y nómade de El Semillero, mientras que este último –hoy supeditado a La Catedral– es más sedentario y arraigado a su tierra. Esto se debe al formato criollo que se utiliza, sin bajo ni batería, aunque no por eso menos poderoso. Evidentemente, hay Semillero para rato.
La Catedral de Almagro
Sarmiento 4006 (y Medrano)
Domingos 21 hs. Entrada: $ 10.
www.semilla.info www.myspace.com/metafolk