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>TEATRO. Obra: PILLOWMAN


que no se corte...



EL REESTRENO DE THE PILLOWMAN EN BUENOS AIRES ES UN PASO MUY IMPORTANTE DEL MAINSTREAM HACIA EL TEATRO MAS COMPROMETIDO Y ARRIESGADO. PABLO ECHARRI Y CARLOS BELLOSO SE LUCEN EN ESTA ESTUPENDA CREACION DEL IRLANDES MARTIN MCDONAGH.

Después del tan comentado estreno de The Pillowman en 2008, en la sala Lola Membrives, la obra está de regreso, esta vez, en el Multiteatro. Atrás quedaron las especulaciones respecto de las aptitudes teatrales de Pablo Echarri (ya no están bajo sospecha ni en discusión) por lo que ahora se puede pensar de una manera más distendida en el oscuro texto de Martin McDonagh y en la adaptación local de Enrique Federman.
Con una puesta despojada y en prácticamente una sola locación, se desarrolla este espectáculo de nada menos que dos horas y media de duración. En ese tiempo se de- sarrolla un interrogatorio al escritor de cuentos infantiles, Katurian Katurian Katurian y a Micha –su hermano retrasado– por parte de dos agentes que se asumen alternadamente  los estereotipos de policía bueno y policía malo. Todo esto tiene una explicación: se han cometido varios asesinatos a niños que coinciden de manera calcada con los relatos de Katurian, por lo que el régimen totalitario que gobierna en el país los convierte automáticamente en los principales sospechosos.

Saliendo de la caja boba
Al igual que el estreno de la obra en Broadway, que contaba con la presencia de Jeff Goldblum –un actor eminentemente cinematográfico–, Pablo Echarri en Buenos Aires también tuvo que demostrar que está en condiciones de desempañar su labor fuera del formato novela, el que le dio tanto renombre. En su caso el salto fue más grande, ya que debió pasar de la televisión –soporte que estigmatiza a los actores de ser meras “caras bonitas”– al teatro –soporte que según el imaginario social enaltece la profesión–.
Para sorpresa de muchos, Echarri se montó las dos horas y media de espectáculo sobre sus hombros, logrando hacer desaparecer su arquetipo actoral televisivo, plagado de susurros y de caras seductoras, para trabajar el registro que su personaje le exige. Compone excelentemente a un escritor incomprendido, con una historia familiar siniestra en su haber y que sienta las bases de una imaginación atribulada que dará forma a sus relatos. También es víctima de esta situación su hermano Micha, quien ha recibido la peor parte de esa educación poco ortodoxa y que no ha podido salir indemne. Micha presenta signos de inmadurez psíquica en el habla, en la motricidad y en su vínculo con el mundo. Un personaje de estas características es un traje a medida para Carlos Belloso, un experto en protagonizar psicóticos amigables que trazan una línea entre lo enfermo, lo escatológico y lo tierno. El rol de Belloso, como era de esperar, es el personaje mejor definido y más particular de The Pillowman.
En el bando de los investigadores del gobierno, Carlos Santamaría y Vando Villamil,  completan el elenco como dos tipos duros pero con sentido del humor y que se saben víctimas de sus circunstancias, con una performance muy similar entre sí, que no permite diferenciarlos del todo.
El director Enrique Federman generó una simetría actoral entre los cuatro protagonistas, donde cada uno de ellos, tiene un lugar asignado y no despega con estridencias respecto de sus compañeros. El tono de la obra obligó al director a intervenir y a convertir a los actores en personajes de fábulas, de cuentos, quitándoles la materialidad del teatro para llevarlos a la evanescencia de ese género literario que tiene propósitos de universalidad: los cuentos para niños.



De Irlanda con amor
Posiblemente lo más destacado de The Pillowman, sea el texto del irlandés Martin McDonagh, que funciona como una síntesis de los temas y la estética que este escritor ha recorrido en sus anteriores trabajos, fundamentalmente su ópera prima como director en la pantalla grande, Escondidos en brujas (In Bruges, 2008, con Colin Farrell, Ray Brendan Gleeson y Ralph Fiennes), película por la cual ha recibido una nominación a los premios de la Academia, en el rubro guión original.
McDonagh, que ha cuestionado la morosidad de ciertos autores paradigmáticos del teatro clásico y contemporáneo, propone en sus formas narrativas una excesiva crueldad. Así, los personajes de sus piezas, llevan adelante sus acciones –aún las más insignificantes– apuntando irremediablemente hacia la tragedia.
McDonagh, además, siempre contrasta con maestría situaciones terribles con un telón de fondo con aura mágica, casi de ensueño. Tanto en The Pillowman  como en Escondidos en brujas, el detonante de la trama es la muerte de niños, o más precisamente el asesinato de niños. Lo interesante del autor es que no busca el alegato sobre la inocencia perdida o cualquiera de esas cuestiones vinculadas al maltrato infantil, sino que los utiliza como propuesta estética y referencia visual. A McDonagh lo conmueven ver y hablar sobre pequeños muertos y su álter ego en la ficción, Katurian, comparte la misma pasión.
Todos los relatos de Katurian giran sobre el mismo tema, hasta incluso varios de sus escritos son reelaboraciones de cuentos clásicos como El flautista de Hammelin o La pasión de Cristo en versión kid y femenina. Si bien todos los cuentos de Katurian-McDonagh son impecables, en algún momento durante el desarrollo de The Pillowman, el recurso literario y oral/discursivo agotan, y algunas veces, como en el caso del relato que da nombre a la pieza, queda como emparchado, como una necesidad más del autor que de la situación dramática en sí.
Sólo en esas situaciones, el llamado “teatro comercial” se hace presente con toda su fuerza y toda su historia; una historia que viene a decirnos que el teatro sigue siendo un desprendimiento de la literatura y que las palabras todavía ocupan un rol central en el mundo de la representación. A pesar de este escollo, con el reestreno de The Pillowman, la sala Multiteatro apuesta por una obra, que si bien a nivel marketing tiene el atractivo de ver a Pablo Echarri de cerca, también contiene un mensaje fuerte que no se disimula y asume en primer plano diálogos inteligentes pero ciertamente escatológicos. También hay escenas que presentan un tinte violento y que pueden inquietar a más de un espectador desprevenido.
Es hora de que los teatros mainstream de Buenos Aires, que por su fuerza de capital, ubicación y estrategia publicitaria logran atraer la mayor cantidad de espectadores, empiecen a despertar de aquella ley no escrita que dice que los espectáculos deben cuidar su discurso moral para no molestar al público porque, se presupone, hay que cuidar al cliente que sólo quiere un momento de esparcimiento.
Es muy probable que The Pillowman, por su temática, sea un espectáculo que deje cesante todas las líneas ideológicas anquilosadas, que no hacían otra cosa que convertir al espectador en un niño tonto para después dinamitarlo con el aburrimiento y la redundancia.

 

Juan Ignacio Crespo

pillowman
Domingo a las 21, Miércoles, Jueves,
Viernes y Sábado a las 21.30.
Entrada: $90
Multiteatro, Corrientes 1283

texto: Martin Mc Donagh
DirecciOn: Enrique Federman
actuan: Carlos Belloso, Pablo Echarri, Carlos Santamaria, Vando Villamil

Calificación: HAY QUE VERLA


 
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