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young americans, la máquina de hacer soul

PARECE INCREIBLE PERO YA PASARON 50 AÑOS DESDE QUE BERRY GORDY DECIDIO FUNDAR MOTOWN, EL PRIMER SELLO QUE DECIDE DIFUNDIR MUSICA NEGRA EN LOS ESTADOS UNIDOS. STEVIE WONDER, MICHAEL JACKSON, MARVIN GAYE, DIANA ROSS, TEMPTATIONS, SMOKEY ROBINSON FUERON ALGUNOS DE LOS MUSICOS PROMOVIDOS.

Llámese el sueño americano. Para Berry Gordy, creador del Motown –uno de los sellos más importantes de la música popular estadounidense–, el sueño se cumplió: “Ganamos plata haciendo la música que queríamos escuchar”. Qué más se puede pedir. Para los que no fundamos ninguna discográfica que haya cambiado la historia de la música, el sueño hecho realidad es la caja triple que sale este mes con canciones de la factoría negra, esas que encendieron las pulsiones de los cuerpos blancos allá por los agitados ´60.
La historia es como una especie de cuento. A mí, que nunca tuve vocación, siempre me llamaron la atención las personas que tienen tan claro lo que quieren y que, por más que el escenario sea súper complicado, se las arreglan para dejar su huella. Este es el caso de Berry. Que seguramente tiene una vida teñida de anécdotas extraordinarias; aunque yo prefiera anclarme en 1959. En ese momento tenía 29 años y un par de intentos fallidos con su carrera de compositor. La cosa es que Berry patea el tablero, deja su trabajo de ensamblador en la fábrica de Ford, pide prestados 800 dólares a su familia y decide apostar a su pasión: la música.
Así que el tipo funda Tamla Records, a la que rápidamente le cambia el nombre por Motown (Motor-Town), en homenaje a la industria automotriz de su pueblo natal, Detroit. Hasta acá, se convierte en el primer negro estadounidense dueño de una discográfica. Y no es un dato menor, teniendo en cuenta que por esos años los negros no eran dueños ni de sus propios derechos civiles.
Gordy identifica su mayor talento: detectar genios que pudieran transmitir el ritmo de la sangre negra. Los puede reconocer. Y no se queda ahí. Agarra los sonidos de las iglesias afroamericanas, que habían hecho furor en los años 30 (gospel), el blues, los primeros acordes del rock, condimenta con una pizca de contexto social y voilá... Nace el soul.
Además de lanzarlos al estrellato bajo un nuevo ritmo, les ofrece una educación completa que incluye clases de baile, canto, vestuario y hasta modales. ¿El resultado? Una verdadera fábrica de éxitos donde los “arreglos” no eran sólo vocales o instrumentales.
Cada hit venía acompañado por coreografías impecables y una estética engamada y excéntrica para todos los músicos que subían al escenario. Una novedad que impactaba desde lo visual y que marcó su trascendencia con la música Disco y el furor de las lentejuelas que vino después. Con sólo enumerar a los artistas que Gordy incluyó en su menú, podemos tener una idea de lo que significó Motown. Stevie Wonder, el pequeño (y negro) Michael Jackson y los otros cinco, Marvin Gaye, Diana Ross & The Supremes, Temptations, Smokey Robinson & the Miracles y más. El fenómeno hizo estallar los rankings y las bateas. Pero además del efecto hit, estos muchachos se convirtieron en una brújula para las bandas de músicos blancos. De hecho los Beatles hicieron gritar a muchas de sus fans con “Please Mr. Postman” (escrita por Brian Holland, interpretada originalmente por The Marvelettes para el sello de Detroit), entre otros temas.
Ahora que Barak Obama es presidente y que ser progre está de moda, parece lógico. Pero allá por los sesentas Motown se tradujo como un verdadero símbolo. No sólo para un grupo que luchaba, entre otras cosas, contra la segregación racial; sino para toda una raza –la humana– que sin importar credos, ni color bailó al son del más pegajoso y maravilloso ritmo.
Para mí, Motown no es un nombre comercial, es un género en sí mismo, fundamental para cualquier persona sensible que se precie de tal. Un capítulo clave en la historia del soul y del pop, más allá de que haya logrado cientos de entradas en los rankings de la época. No es una cuestión de cantidad. Es lo mismo que pasó más tarde con Innervisions, de Wonder; o What’s Going On, de Gaye o Thriller, de Jackson. Las creaciones de estos tipos eran un verdadero festín de sonidos y poesías de estilo inédito. Artistas precoces que perdieron la inocencia combatiendo la miseria con la música. Sus letras encaraban temas vírgenes hasta entonces como las drogas, la ética política, la decadencia urbana, la violencia policial, la pobreza y el famoso sueño americano que siempre estaba por llegar y no pasaba naranja. Ya pasaron 50 años y un par de meses desde que Gordy se animó a empapelar un sótano con goma espuma para empezar a grabar. Por ahí ahora está en su mansión, orgulloso de que todo el mundo lo recuerde y le agradece por el universo que inventó. Por ahí se está mirando en el espejo, y se está acordando, y se está riendo de que las canciones tienen ese poder de sobrevivir a todo. El poder de ganar las batallas que se pierden en la intimidad. Incluso después de 50 años.


CECILIA DI GENARO



Para no perderse
Dentro de la fiesta de cumpleaños de Motown, Universal Music Enterprises –los nuevos dueños luego de que Gordy la vendiera por 61 millones de dólares a fines de los ’80 – comparte con los fanáticos una serie de podcasts online con charlas inéditas. ¿Quiénes hablan? Las leyendas de aquel momento. La entrega está repartida en varios episodios que se emitirán durante todo el 2009 y arranca con una entrevista a Smokey Robinson. El cantante de The Miracles cuenta cómo fueron los primeros años de Motown, y lo que significó el sello para la cultura americana. Ideal para entender un poco más sobre estos genios, productores, compositores y cantantes. Visitá www.classic.motown.com e






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