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>TEATRO/ RESEÑA. OBRAS. Por Lucho Bordegaray




De mi

Disfrutando del paréntesis que la intimidad impone, seis personajes exhiben sus deseos. Locos, vulgares, ínfimos o irrealizables, son deseos al fin. Ahí están ellas y ellos, nunca más auténticos, porque se parecen a lo que han soñado de sí mismos (gracias, Almodóvar). Sin embargo, llega la hora de las imposiciones sociales, todos los deseos van a la basura y se gana la calle: se cruzan, comparten, se empujan, se ignoran. La ciudad, enunciado ausente que queda por fuera del paréntesis del título, se cuela en la escenografía y los trata como el mar a los náufragos: los contiene a la vez que los amenaza.
Pero si ni los terribles dioses de antaño lograban siempre doblegar a los humanos, menos podrá con ellos la ciudad, mera sucesión de vacíos que rodea a nuestros seis héroes. No podrá evitar que se topen, se vean, se pispeen, se amuchen, se rocen. Algo se despierta, distinto de lo que quedó en la bolsa de residuos. Se correrán casi mecánicamente, se dejarán alcanzar con más curiosidad que convicción; también los cuerpos tienen razones que la razón no entiende. Todos cambiaríamos el apretujamiento en el subte por un abrazo generalizado. Y quien no desee una siesta haciendo cucharita, que tire el primer zapato.
Con pinceladas en la superficie y mucho trabajo en profundidad, los creadores de (de mí) invitan, más que a ver, a contemplar. Y en el camino de esa contemplación nos acompaña de manera sutil la destacable música original, compuesta por Lucas Kohan y Matías Coulasso.

Idea y dirección: Juan Coulasso y Daniela Cuculiansky.
Actúan: Eugenio Davide, Gabriela Fiorentini, Laura Lebedinsky, Laura Tugentman, Sergio Calvo y Zaida Rico.
Domingos, 20 hs. La Castorera. Av. Córdoba 6237. 4555-4199  Entrada: $20



Buscado

No hay peor lugar en el universo que aquel en donde no está la persona que buscamos. Y no hay peor momento que aquel en que la búsqueda se confirma inútil. Así, cuando la trama transita entre una y otra coordenada, la desazón es el desenlace. Sin embargo, esta no es la historia de un solo hombre, por lo que su desenlace arrastrará a otros. Aquí hay un hombre huyendo de su padre que lo busca y persiguiendo a su hijo que lo evita. O quizás los tres estén huyendo: uno, de la vejez que se asoma; el otro, de la adultez que implica tener un padre viejo, el tercero, del camino que lo lleva a continuar a sus predecesores.
Al invertir ellos el sentido de sus vidas, los tres se pierden. Fuere en Tokio, en México o en New York, mientras se persigan mutuamente, seguirán impedidos de encontrarse a sí mismos. El primer padre, el primer perseguidor, se presenta émulo de Houdini en lo que podría ser una trampa para romper con la inercia que traen. La sola idea del escape atrae a los dos fugitivos, y si falla en su hazaña, necesariamente dejará un vacío que obligará a su hijo a volverse hacia delante. La melancolía que impone el mar hará el resto.
Provocando una permanente y agradecida tensión, Agustina Gatto entrega este intenso relato, pleno de grises, en una puesta en donde todo es contraste, desde la excelente escenografía y la iluminación hasta las actuaciones, entre las que se destaca la de Oscar Núñez, claro ejemplo de las virtudes del oficio.

Autora y directora: Agustina Gatto.
Actúan: Germán De Silva, Julián Larquier, Oscar Núñez y Silvia Giusto.
Viernes, 21 hs. El Portón de Sánchez. Sánchez de Bustamante 1034. 4863 2848
Entrada: $25



Improvisa2

Es este un espectáculo de humor basado en improvisaciones. ¿Uno más?, vas a preguntarme. Y voy decirte que no, que no es uno más porque está transitando su séptimo año consecutivo en cartel, y porque sus intérpretes son tres, una cantidad bastante reducida si se la compara con lo nutridos que suelen ser los grupos que se dedican a las improvisaciones.
Pero no solo se distingue por cuestión de números. Todos estos años que Gabriel Gavila, Mariana Bustinza y Tomás Cutler han trabajado juntos se evidencian en la fluidez de sus acciones comunes, el dinamismo en los cuadros, la confianza en el compañero, el ritmo de creciente exigencia, la capacidad resolutiva, la excelente complementación, la atenta escucha a la platea (de donde toman al vuelo lo que resultará efectivo) y, por sobre todo, en el compartido goce. Ah, sí: la pasan bárbaro, disfrutan desde el acierto medular hasta la pavada pasajera, pero nunca como deleite cerrado, pues permanentemente están en contacto con el público, abriendo hacia él toda su diversión. Y esta generosidad provoca una devolución hacia ellos que termina siendo como un tsunami de energía que va y viene entre unos y otros.
Los temas a representar surgen de las propuestas de los espectadores, así como los géneros con que les darán vida. Personas, animales, plantas, monstruos o cosas, ahí estarán los tres sosteniendo lo que fuere.
¿Qué si esto es o no teatro? Hay actores, público, un texto vertiginosamente creado y una dirección pautada de antemano como procedimientos. ¡Por supuesto que es teatro!

Sábados 23:30 hs. La Casona del Teatro. Av. Corrientes 1975. 4953-5595
Entrada: $25  


   



Tríptico

Un sótano mugroso, velas que chorrean, objetos que asemejan vulgares tesoros maltratados. En medio de eso, lo que queda de dos hombres, uno obstinado en mentirle al otro con que la guerra continúa, el otro satisfecho con que se le diga qué debe creer. Afuera, ya en tiempos de paz, el sombrío y maniático Coronel sería apenas un lisiado, pero en ese miserable reducto sigue siendo una autoridad aunque más no sea frente a Sam, un soldado al que los horrores de la guerra le arrebataron el escaso criterio que pudiera haber cultivado, siendo hoy apenas poco más que un perro guardián entrenado en la más irracional servidumbre.
La llegada de Simón, un advenedizo que busca entrevistar al Coronel, despierta en Sam todo tipo de reacciones inesperadas: el visitante es, de alguna manera, algo del afuera prohibido, temible y deseable.
Cinco jóvenes que andan por los veintipocos años de edad, con el IUNA como común denominador pero con otros recorridos de formación muy disímiles, llevan a escena este trabajo reflexivo y de amenazante violencia en el que recrearon con interesante mirada la sordidez que arrasa las vidas de quienes sobreviven a las guerras. Ellos son la nueva generación que se está presentando, y resulta alentador que su búsqueda no le escape al relato ni le niegue la posibilidad de exponer una reflexión.

Dramaturgia: Nicolás Barsoff y Francisco Grassi. Actúan: Andrés Irusta, Joaquín Wang y Yannick Du Plessis. Dirección: N. Barsoff.
Miércoles 21 hs. Cámara de Teatro. Aráoz 1025. 4777-0097. Entrada: $20



La tercera parte del mar

Rodrigo sufre un accidente con su automóvil y llega a casa de Victoria sólo para pedirle usar su teléfono. El tiene algunas heridas recientes; ella carga con tantas y tan antiguas que ya no sería ella si las curase.
Noche inhóspita, terrible como pesadilla, de la que se huye para caer en algo peor y más tortuoso, en repeticiones de monstruosa deformidad que son consecuencia de aquello de lo que se quiere escapar.
No cabe pensar que entre ellos existe deseo alguno. Sin embargo, se atraen, quizás por asco, como castigo autoimpuesto. Esta es la perturbadora propuesta a la que se entregó el director uruguayo Gerardo Begérez para presentarse en el teatro porteño, quien en esta puesta aprovecha al máximo las posibilidades de la Abasto Social Club pero con tal austeridad que en ningún momento dispersa el relato ni dilapida recursos.

Dirección: Gerardo Begérez.
Domingos, 18:30 hs. Abasto Social Club. Humahuaca 3649. 4862-7205. Entrada: $25

 
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