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>BUENOS AIRES. Ciclo Irreverente.


el remedio perfecto



EL CICLO IRREVERENTE, QUE SE REALIZA EN EL ESPACIO ARCOYRA, APUESTA AL HUMOR CON CINE, MUSICA Y OTRAS ACTIVIDADES. UNA BUENA RECETA PARA OLVIDARSE DE TANTA PALIDA .

Hace algún tiempo, poco antes de que las bocas de la línea H de subte se hundieran en las aceras, caminaba solo por Avenida Jujuy, en busca de no me acuerdo qué. En ese deambular doblé en Humberto Primo y a mitad de cuadra, ante el portón de un depósito, reí sin motivo aparente. Me pareció curioso, aunque no indagué mucho en la cuestión, puesto que reír no le hace mal a nadie (distinto hubiese sido si me ponía a llorar). Esa imagen no volvió a la superficie de mi conciencia hasta que a finales del año pasado una atractiva propuesta me sedujo: en un lugar perdido del barrio de San Cristóbal comenzaba a gestarse un ciclo de cine cómico, bautizado “Ciclo Irreverente”.
Acudí un día de diciembre, y al llegar a la puerta del lugar, la imagen de antaño retornó sin aviso y me hizo dar cuenta de la sutileza de las circunstancias. Tal vez aquello fue un preaviso. Y allí estábamos mi memoria y yo, ayer y hoy. Las casas viejas alrededor, el estilo irrefutable de una época, y en aquel viejo depósito, ahora se erigía Arcoyra, un espacio de arte, de decoración rústica por elección, angosto y largo como una víbora, reptando en la periferia de la ciudad. Nacido a partir del sueño de Camila Bordonaba y Nadia Rodríguez de tener un sitio propio donde desarrollar actividades, Arcoyra es una realidad que cuenta con múltiples ofertas, como teatro, circo, galería, música y cine.
Al entrar, fui invitado al sector de las proyecciones, que en aquel momento consistía en un living hogareño, con sillones y almohadones en el piso, donde los concurrentes se acomodaban mirando hacia el portón de calle, entonces cubierto por un gran embozo blanco que haría de sustento a la proyección. El clima íntimo se instaló y comenzó la presentación.
Matías Bassi, actor clown y mentor del ciclo junto a Rodolfo Yordanoff, se encargó de establecer la atmósfera humorística, explicando lo que veríamos. Se trataba de Zelig, una vieja película de Woody Allen. Los intentos por coordinar las imágenes con el sonido no dieron resultado, y la irreverencia fue absoluta. Como consecuencia hubo que echar mano a otras opciones, y así tuve la grata suerte de presenciar una serie de cortos animados, que si no fuera por lo sucedido, probablemente jamás hubiese visto.
Desde aquella primera vez que pasé por esa calle hasta el momento en que me encontré riendo de la historia de un ciudadano común devenido en héroe al combatir un ataque extraterrestre, todo pareció circunstancial y mi risa se estableció como continuación de aquella otra, la que por fin adquiría sentido.



¿Por qué irreverente? Porque así empezó el ciclo, como reuniones de amigos donde algunas películas no terminaban de proyectarse o debían ser reemplazadas. Pero si algo caracteriza al género es que no entiende de rangos: el objetivo es divertir, sorprender, y a veces da más de lo que se espera. Ya lo dijo Atkinson: “si el humor se apegara a lo formal no sería gracioso”.
Por entonces el ciclo ocupaba el espacio más chico del lugar, y hoy ya tiene una gran sala donde proliferan mesas y sillas, para disfrutar de la velada con empanadas y cerveza. Este crecimiento espacial permitió ampliar la propuesta, por lo que hoy, antes del cine, se presentan bandas en vivo, de bossa nova, música cubana, boleros y hasta el “irreverente” Dr. Poroto, quien se anticipa al cine robando risas con sus letras y su guitarra. A veces también se fusionan las dos artes de la noche, cuando llegan Los Pajaritos a musicalizar cortos de cine mudo con una impronta jazzera. Aunque nadie puede asegurar que será respetada, el ciclo tiene una estructura de funcionamiento definida: clowns que ofician de presentadores y cuentan (a su manera), lo que está por suceder; luego sigue la parte musical, y por último las proyecciones. Lo interesante del material que se ofrece es que difícilmente se vería en otro lado. Así uno puede deleitarse con el teatro de grandes cómicos del siglo XX, festivales de clowns, los cortos de laboratorio de Chaplin o con su talentoso nieto (James Thiérrée) haciendo La Symphonie du Hanneton, con consejos de Mr. Bean para llegar a ser un buen cómico y hasta con el primer corto animado de Tim Burton.

El ciclo creció y de cara al futuro parece que seguirá haciéndolo. Para Rodolfo el desafío está en mostrar qué pasó, cómo pasó y qué está pasando en el género cómico del mundo, sin dejar de lado la posibilidad de descubrir artistas locales, para lo cual piensan organizar una serie de entrevistas a actores y grupos para que cuenten sus experiencias dentro del género.
El humor es la excusa, Arcoyra la sede y la fórmula atractiva por donde se mire. No se sorprenda si a la vuelta de una esquina se le escapa una risa sin fundamento. Sepa que hay un lugar donde la comicidad se ha instalado. Y si de reír se trata, no hace falta buscar explicaciones.

MARTIN D’ADAMO

ARCOYRA Humberto Primo 2758
Jueves 21:30 hs. Bono contribución: $ 5
www.arcoyra.com
www.cicloirreverente.blogspot.com



 
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