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>BUENOS AIRES. ENTREVISTA


mi Buenos Aires querido



MIENTRAS ESTRENA PROGRAMA EN LA ROCK & POP Y AGUARDA OTRA TEMPORADA EN LA TELEVISIÓN, DIEGO CAPUSOTTO SE TOMA UN RATO PARA DAR A CONOCER SU PARTICULAR MIRADA SOBRE ALGUNOS BARRIOS Y CALLES DE LA CIUDAD.

Quien sigue su trabajo, sabe que Diego Capusotto es un heterodoxo dentro del mundo de la televisión, aún siendo referente de muchos que emulan su modo de actuar o de hacer humor sin llegar a igualarlo. La originalidad es sello de sus personajes, siempre inspirados en una realidad que deforma hasta alcanzar el matiz desopilante que lo acompaña desde los tiempos del recordado Cha Cha Cha, pasando por Todo x dos pesos, un par de obras de teatro y el más reciente Peter Capusotto y sus videos. La misma mirada poco usual con la que se podría decir que encara su modo de actuar e inventar personajes, define buena parte de sus gustos y su relación con aquello que lo rodea. “Me gusta la gente que, como yo, mira la realidad como entrecerrando los ojos, sin creerse que las cosas son siempre como parecen ser”, dispara, haciéndose cargo de una capacidad de observación que ejerce tanto en función de su trabajo actoral, como en su vida cotidiana.
Llegás le propuso salir del lugar común y hacer una entrevista vinculada a su relación con Buenos Aires, con sus impresiones cada vez que transita sus calles y con aquellos lugares que ama o detesta. La cita fue en el bar El Progreso, emplazado en una esquina de la avenida Montes de Oca, a muy poca distancia de Avellaneda. El resultado superó las expectativas, no por la comicidad esperable el caso de un personaje de su talla, si no por dar cuenta de aspectos de su personalidad que se alejan de la figura pública. Observador, reflexivo y poético, Capusotto entrega su visión de los barrios y calles que lo acompañan y acompañaron, sin escatimar la perspicacia y la hilaridad que lo caracterizan

-Cuándo recibiste el máximo premio que otorga Clarín, lo dedicaste a la gente de Villa Luro y Barracas ¿Cómo es tu relación con esos barrios?
-Bueno, Villa Luro es el barrio de mi infancia y parte de mi vida adulta, y Barracas es el barrio donde estoy instalado hoy, y guardo mucha afinidad con los dos por las cosas que me pasaron y me pasan allí. Tengo, por ejemplo, una calle muy transitada y querida que es la Avenida Lope de Vega, más o menos desde Juan B. Justo, hasta Jonte. Siempre me encantó caminarla, sobre todo de noche que es el momento del día que me pertenece más, y te podría decir que buena parte de mi vida está contada allí. No porque hayan pasado cosas concretas, si no por algo más relacionado a la introspección. Eso que te pasa cuando caminás y estás solo, que es una buena forma de conocerse, porque pensás libremente, sin hablar y sin interactuar con nadie.

-¿Y del Villa Luro de la infancia hay otros lugares que te provoquen una empatía similar?
-Hay lugares muy específicos que me dan cierta emotividad como la esquina de la casa en que viví de chico, donde parábamos de adolescentes con amigos para hacer desmanes propios de esa edad. Ahí había un vecino, un camionero que vivía a mitad de cuadra, que siempre nos quería echar. Ya entrados los 80´s, uno de mis amigotes lo terminó boxeando y el tipo mandó a la policía que nos llevó detenidos a la Comisaría 43. Hace poco pasé por ahí para visitar a mi vieja y lo vi otra vez. Ahora anda por los setenta y pico, se lo veía bastante mal de salud y estaba solo, sentado en esa esquina de las que nos quería echar. Y bueno, al verlo ahí sentadito, con el sol pegándole en la cara, en lo que había sido nuestro lugar de pertenencia hace tanto, dije: “Se ve que este tipo realmente siempre quiso esa equina para él”. Y tenía como una actitud beata, opuesta al ogro infame que nosotros veíamos y odiábamos porque quería sacarnos la posibilidad de ser desmadrados, que es lo que corresponde cuando uno tiene 15 ó 16 años.

-¿Y qué otro barrio te llama la atención o te interpela?
-Como recomendación puedo hablar de Parque Chas, que no me gusta especialmente, pero es un barrio del cual es difícil de salir y entonces deja tres alternativas: Volverse loco ante la incertidumbre de no salir de un atolladero, utilizar la inteligencia para salir o abandonarse y empezar a mirar para adentro, dejando de lado las obligaciones que vendrán después enfrentarse a uno mismo. Parque Chas me parece una especie de limbo que puede favorecer la introspección.

-¿Y alguna calle?
-San Blas es una calle que recomiendo. Es una calle que desciende en altura y tamaño, en la medida en que baja la numeración. Entonces, al ir caminado por ahí, se ve como la calle y la numeración bajan hasta que llega al número cero y se comprueba que la calle se hizo muy pequeña. Justo en ese punto, habitan cuatro almas que, como pesan 21 gramos, no necesitan gran espacio. Son sólo cuatro almas que disfrutan de vivir en San Blas y no entienden como el ser humano tiene un cuerpo.

-¿Y con el centro, qué relación tenés?
-El centro tiene esa cosa muy pintoresca, pero a la vez perturbadora, de jungla, donde todo es un ir y venir ligado al trabajo, a la cosa oficinesca, a la neurosis. Pero, de noche o en fines de semana, tiene una cara opuesta que me resulta muy interesante. Me gusta ver como algo puede perder tanta intensidad y transformarse en inhóspito, un rato después de haber sido un gentío.

-¿Y la calle Corrientes?
-El deambule por Corrientes siempre me gustó, lo mismo que los bosques de Palermo o la zona del Planetario. La zona norte también me parece muy linda pero, paradójicamente, alberga mucha bazofia ideológica que se focaliza ahí. No es casual que haya una avenida que se llame Aramburu, pero aún así me parece una zona atractiva.

-¿Te mudarías al norte?
-No. Para vivir me gustan el sur y el oeste.

-¿Y Palermo, que está tan de moda, qué te parece?
-He parado mucho en Palermo en la década del 80, cuando Palermo no quería parecerse a las grandes ciudades del mundo, y me gustaba. En la placita de Serrano había un par de boliches, nada más. Ahora le veo esa cosa impostada que me da un poco de fobia, pero es un barrio lindo, igual que San Telmo. En San Telmo pasé mucho tiempo porque iba al ParaKultural y estudié teatro en Arlequines, y ahora sigo pasando porque vivo cerca.
También pasa la hora y el antiguo bar que Capusotto eligió para hacer la entrevista va a cerrar porque el encargado se siente mal. No parece casual que el actor prefiera un lugar así, al mando de una única persona que puede cerrar cuando lo necesita. Las preguntas de actualidad se imponen:
-Ahora estás con un programa de radio. ¿Qué podés decir de eso?
-Que es un programa que tiene la profundidad del culo. No, bueno, no hay que ofender. Se llama Lucy en el cielo con Capusotto y está mucho más cerca de la ficción que de un programa de formato tradicional, no tiene consigna, ni llamados de oyentes.
Es parte de este ejercicio que tenemos con Pedro Saborido de juntarnos a escribir y tirar ideas que nos gusten y hagan reír. Son sketches que tienen una especie de desorden adrede y que se relacionan con lo que venimos haciendo en televisión.

-¿Y cuándo vuelven a la tele con Peter Capusotto y sus videos?
-En agosto, vamos a hacer ocho programas y, por ahora, ya está.

-Hace pocos años que manejás… ¿Cómo es tu experiencia como conductor? Más que mirar la ciudad miro a la gente. Tengo como una lectura casi cinematográfica de la gente, porque mientras los veo caminar abstraídos me parecen todos beatos, como si no tuvieran maldad. También, por ahí, estoy parado en un semáforo y veo la cara de alguien y me pregunto cómo será su vida, especulo, invento. Y como en general voy escuchando algún disco, el efecto cinematográfico se potencia aún más. No sé, me gusta esa cosa de que no esté presente el lenguaje, la mediación, que haya simplemente una imagen de alguien caminando con la que uno arma y desarma algo bajo su propia mirada.

NANCY GIAMPAOLO



 
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