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En Los talentos, la brillante obra de Mendilaharzu y Jakob, tres amigos con conocimientos enciclopédicos prefieren componer sonetos a salir un sábado a la noche. Hasta que una chica entra en escena. ¿Qué pasa cuando el saber ocioso choca con la realidad?
¿Es un sábado a la noche el momento oportuno para que dos amigos posadolescentes, solos en un departamento, jueguen a escribir sonetos en una pizarra? Posiblemente no, pero a Lucas y a Ignacio (Julián Tellarini y Julián Tello) evidentemente no les queda otra. El exterior es un lugar hostil donde su capital intelectual está más que devaluado y ellos lo saben. Les encantaría tener un plan mejor, pero todas las opciones guardan en su interior un inminente fracaso. Cuando llega Pedro (Pablo Sigal), el dueño de casa, sus carencias se radicalizan y los encierran aún más.
En Los talentos, Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu –integrantes de la troupe que llevó adelante la película Historias extraordinarias– ponen en escena los inconvenientes de tres muchachos que padecen no ser lo suficientemente contemporáneos. Ellos disfrutan asumiéndose en esa idea: fuman innecesariamente en pipa, usan camisas y zapatos que no les quedan bien y manejan un imaginario totalmente enciclopédico. El problema, claro está, es que de alguna manera necesitan un vínculo inmediato –si es posible, femenino–, pero para eso hay que cruzar la puerta. Y el único programa que tienen más o menos trabajado es pararse en la puerta de “algún boliche” a “sostener la mirada”. Por una cuestión del azar y antes de que esos síntomas intelectuales se tornen patológicos, lo real irrumpe en forma de caos, obscenidad y vergüenza, destruyendo todas las coordenadas que estructuran el delicado orden simbólico de los chicos: la hermana de Pedro (Carolina Martín Ferro) ha vuelto de su viaje por el exterior. Su imprevista aparición divide la pieza en dos bloques que conversan entre sí, aludiendo a ellos mismos y también a lo teatral, haciendo base en este texto.
Los talentos, en su reproducción, persigue tres destinatarios críticos: los propios personajes –en una tarea de introspección–, la obra en sí misma y un cierto teatro críptico actual. Toda esa inútil erudición literaria que desbordan Ignacio y Lucas carece de sentido cuando son dirigidos a un otro que no entra ni entrará en su código –la hermana de Pedro, que habla con algunas amigas que no registran a estos sabios pero sí a otro chico cuya única habilidad es tener moto–. Ocurre igual con ciertos autores que plagan sus obras de incidentes intelectuales más por gusto y narcisismo que por una necesidad de comunicación, poniendo al espectador en el mismo lugar que a esta chica: un observador distante que se extraña ante el objeto. Pero Los talentos busca una superación a todo esto y la encuentra, porque es el emisor quien se verá obligado a cambiar esta vez si pretende un encuentro verdadero. Después de la intrusión femenina, estos dos geniecillos tratan de borrarse todo rasgo de sabiduría y poco a poco sus cuerpos y sus discursos se vuelven más plásticos para lograr su atención. Cabe destacar que este cambio radical se da obviamente en el texto, y también en la intensidad de los actores; Tellarini es quien logra una metamorfosis completa, de joven brillante a simplemente joven, siendo su personaje, quizás, el único que habrá sacado algo de esta experiencia.
Al final de la obra queda en el aire un enigma: ¿cuál será el plan de Ignacio y Lucas para el próximo fin de semana? Esperemos que la mala suerte no los lleve a algún teatro de Palermo, donde el tedio de la obra los obligue a la única actividad posible en esos casos extremos: “sostener la mirada”.
JUAN CRESPO
Los Talentos
Elkafka, Lambaré 866
Sábados a las 23:15 y miércoles de julio a las 20.30. Entrada: $40 y $30
IntErpretes: Carolina Martín Ferro, Julián Larquier Tellarini, Julián Tello y Pablo Sigal.
Dramaturgia y direcciOn: Agustín Mendilaharzu y Walter Jakob.
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