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Resistiendo un destino de exclusión –pretendidamente inevitable–, el IMPA, espacio emblemático de lucha, trabajo y cultura, alberga también expresiones artísticas. La experiencia de hacer teatro en una fábrica, segun sus protagonistas.
La historia del IMPA es una de las tantas de empresas heridas de muerte por decisiones políticas disfrazadas de “técnicas” o saqueadas desde dentro por sus titulares. Pero también es una de las tantas historias en las que los trabajadores resistieron y resisten a toda costa. Con un punto original: reconvirtieron espacios ociosos para dar cabida a talleres culturales y expresiones artísticas. Ahí también el teatro fue protagonista.
Hace diez años, IMPA ofrecía una serie de propuestas teatrales sumamente interesantes: 3ex, pieza íntima para teatro, de Mariana Anghileri y Gustavo Tarrío; Puentes, de Anghileri y Mariana Chaud; Kachivachetur, de Sergio Dawi y Damián Nisenson, y tantas otras. Luego, y durante años, la fábrica hizo silencio de teatro. Pero de un tiempo a esta parte se volvió a levantar, con sus vidrios rotos, con sus pasillos laberínticos, con ese universo marcado a fuerza de resistencia y lucha.
Al cierre de esta edición hay cuatro obras de teatro en IMPA, y se sumará una cuando esta revista alcance la calle. Ostentando el circuito alternativo más de cien de salas, ¿por qué hay artistas que prefieren este espacio a otros más reconocidos y mejor equipados?
La pregunta se impone porque montar una obra de teatro en un ámbito como este implica una doble cuestión en relación con el espacio. Tratándose de un lugar “no convencional”, todo lo vinculado al hacer teatral se construye en cada espectáculo: ¿proporcionar asiento o dejar a los espectadores de pie? ¿Armar una parrilla de luces o plantear un uso alternativo de iluminación? Además de las decisiones específicas de cualquier puesta, hay otra cuestión relacionada con la particularidad de hacer teatro fuera de un circuito propio: llevar al público a una fábrica y, una vez allí, volver significante lo que es inocultable, el hecho mismo de estar en la fábrica, el olor de los materiales, las sombras de los objetos, la arquitectura que se recorre.
Uno supone que la decisión de poner una obra aquí tiene un sustento estético y otro político. Y para sacarse la duda, nada mejor que consultar a los protagonistas.
La tragedia de la familia Rampante
Todos los miembros de la Compañía de Teatro Absurdo El Escuadrón Volante se definen como “actores de varieté, y el varieté maneja algo del lenguaje de lo popular. Desde hace mucho tiempo venimos trabajando en galpones y lugares no convencionales. Siempre nos atrajo la idea de ‘estar al margen’; estar por ‘fuera’ también mueve público por el boca a boca o los volantes. IMPA, además, permite recibir mucha gente. Y nos gusta participar de esto”. Pero también genera desafíos: “Es como si la aventura de llegar a este espacio aportara a la experiencia de sumergirse en una obra de teatro. Podemos decir que ‘no está hecho’, hay que armar un teatro de la nada, y como actores buscamos eso, porque nos conecta con lo primario del hacer, con lo artesanal: nos da mayor versatilidad como artistas, tenemos que ayudar en el armado de la escenografía, otros se encargan de la puesta de luces. Incluso usamos como utilería objetos propios de la fábrica”.
El olvido de los cuerpos
“El IMPA le dio el alma a El olvido de los cuerpos. Es un lugar con mucho misterio, con olores amargos y de lucha”, dicen los artistas del grupo Impacto Teatral. “Cuando descubrimos IMPA, nos encantó todo, sus colores, sus ecos. Entonces nos miramos y dijimos: ‘Acá pueden crecer nuestras bestias’. El lugar nos permite experimentar en todos los aspectos, y nuestra obra estuvo desde siempre pensada como una fábrica de cuerpos. El IMPA nos da libertad para trabajar, y eso necesita el grupo para crear. Por eso lo elegimos.”
Y sintetizan su experiencia con una frase de la película Expreso de medianoche: “Hay una gran fábrica en la que se construyen máquinas. Algunos salimos mal y venimos a parar aquí. Nosotros a veces no admitimos que somos máquinas mal construidas, pero la fábrica lo sabe; por eso nos envía aquí”.
Kotidiana
La Compañía Teatro Sanitario de Operaciones (TSO) tiene con el IMPA un vínculo histórico, artístico e ideológico. “Histórico porque fuimos parte de la movida cultural que funcionó desde 2001 hasta 2004, cuando un cambio de dirigentes empresariales decidió cerrar el Centro Cultural. Hace un año y medio, los trabajadores vuelven a recuperar la fábrica y refundan el Centro Cultural, esta vez conducido por los mismos trabajadores, sus hijos y compañeros de lucha, a los que se suman artistas y docentes de diversos lenguajes artísticos, culturales y expresivos. Es artístico e ideológico porque a lo largo de los 14 años de trayectoria, nuestro trabajo se fue definiendo como un proceso creativo que elige y propicia, con diversos recursos, la creación colectiva. A partir de la indagación de esta metodología, también diseñamos modos de hacer y de concebir la obra artística.”
Por otra parte, la gente de TSO afirma que “en el IMPA encontramos un espacio físico favorable para nuestras investigaciones (siempre trabajamos con la materia de los elementos vitales), pero sobre todo un lugar de vinculación humana que se define como una fábrica dentro de una fábrica. Una arquitectura de cultura dentro de una arquitectura de trabajo. Una producción artística dentro de una producción industrial. El Centro Cultural IMPA sustenta, como colectivo, la independencia y autonomía de cualquier signo político y auspicia valores de cooperación y solidaridad, manteniendo la memoria activa de su accionar. Cuentan para el logro de sus objetivos con los ruidos del IMPA, sus olores y su mística generada por hombres y mujeres que nos enseñaron y nos enseñan el milagro de la supervivencia”.
Donde comienza el día
Fernando Rubio explica así por qué eligió IMPA para esta nueva temporada de la compañía Intimoteatroitinerante: “Me interesan los lugares donde pasas cosas, los suelos que tienen movimiento aunque estén vacíos. Una fábrica de tantos años, por la que han pasado tantos obreros, tantas pequeñas historias, tanto vínculo con el hacer y la continuación más allá de coyunturas del lugar y el país, me parece vital. Entrar a ese espacio y sentir los olores, andar por ahí imaginando lo que quedó atrás, ver espacios abandonados con marcas que insinúan lo que ahí fue, me dan una energía singular. Siempre me estimularon las fábricas. Mil historias de mi familia y principalmente de mi abuelo Valentín en la lucha obrera seguramente resuenan muy adentro y me generan alegría y satisfacción. También es interesante su breve historia artística: algún tiempo de florecimiento y luego el abandono. Y, por último, la belleza del espacio donde vamos a presentarnos, el corrugado, que tiene un ventanal enorme que abarca todo el perímetro, y a través de ese ventanal entra una luz preciosa a media tarde, difícil de olvidar”.
(de mi)
Director, junto a Daniela Cuculiansky, de (de mi), Juan Coulasso expone el por qué llegaron al IMPA: “Un poco por casualidad y un poco más por necesidad. Buscábamos un espacio que permitiera mostrar un trabajo que, desde su concepción ética y poética, no responde a las reglas que el circuito exige, como el cobro de una entrada cara para los tiempos que corren, la obligación (que recae sobre el elenco) de arrastrar hasta la boletería a un mínimo de 40 porteños para sustentar el costo del seguro de sala, la complicación de tener que instalar una temporada en ocho funciones, la ridícula cláusula contractual que autoriza sólo un ensayo de piso y uno técnico, etc. Comprendo qué motiva las decisiones de los dueños de algunas salas, pero esas decisiones no tienen nada que ver con lo que motiva nuestro teatro, que está muy lejos de ser multitudinario no por actitud elitista ni por decisión poética, sino más bien por una decisión política: no nos interesa participar de la industria cultural, lo que nos coloca en un margen, e incluso nos hace correr el riesgo de quedar directamente afuera. Como contraposición, nos da la chance de existir como se nos da la gana, ni más ni menos. Afortunadamente existen islas, y el IMPA es una. En sus bases ideológicas uno lee y siente la voluntad de inclusión, con permiso para la diferencia, y eso ya es toda una revolución. La gente que lleva adelante el IMPA demuestra, no en términos teóricos sino en la mismísima acción, que hay otras maneras de ser humano hoy. La gente del IMPA, al igual que nosotros, tiene que morfar, pero una vez satisfecha esa necesidad, lo segundo importante es la cultura. En estas islas, el dinero no es más que un medio para otro fin, que es la posibilidad de edificar y compartir un hecho cultural. Incluso me atrevo a decir que el dinero pasa a ser absolutamente prescindible”.
En todas las respuestas resuena de alguna manera el eslogan de este espacio: lucha, trabajo, cultura. Así como resuena en las paredes del IMPA. Será que su identidad es tan fuerte que contagia. O mejor: que atrae a quienes andan con las mismas inquietudes en la cabeza y en el corazón.
monica berman y LUCHO BORDEGARAY
IMPA La Fábrica
Querandíes 4290 (esq. Pringles)
4981-3730
Kotidiana Vie. y sáb. 21:30. $30.
La tragedia de la familia Rampante
Vie. 23:30. $15.
(de mi) Sáb. 20:30. $15.
El olvido de los cuerpos
Sáb. 23 hs. $30.
Donde comienza el día
Dom. 16 hs. $20. Solo con reservas a intimoteatroitinerante@hotmail.com
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