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Sanata es el nombre de una tanguería que reivindica la tradición y se abre a otros géneros. En una esquina de Almagro, los murales también se animan a cantar.
Las esquinas suelen ser un lugar de encuentro. Difícilmente se proponga una cita callejera en tres cuartos de cuadra, a menos que haya una referencia más apropiada que la conjunción de dos calles. “Te espero en la esquina” era y sigue siendo la invitación a pelearse en edad escolar. Para ir al partido de fútbol, a la salida de un recital o para concretar una cita a ciegas, la esquina es el lugar apropiado. Una esquina rota, las Cinco Esquinas, Segurola y La Habana, San Juan y Boedo, la esquina rosada: tienen un encanto especial.
El vértice de Sarmiento y Sánches de Bustamante también cumple con la regla. Ahí está ubicado Sanata, un colorido local cuyo nombre, además de recordar el lunfardo y el chamuyo, designa un bar “utópico y real, cierto pero irreal”, tal como sus creadores lo definen.
Es imposible pasar por esa esquina sin distraerse con las paredes exteriores, absolutamente pintadas por un grupo de muralistas. Y es difícil no verse tentado a entrar, teniendo en cuenta además que permanece mucho más tiempo abierto que cerrado.
Las paredes interiores están contagiadas por la misma estética: personajes célebres como Gardel, Goyeneche y Tita Merello, se reconocen entre cartas de truco, telones, ladrillos, pentagramas, todo -claro está- pintado a mano. Un verdadero bar-mural, sin lugar para espacios neutros, al punto de que los equipos de calefacción también están disimulados por el arte.
Sanata abrió sus puertas el día 29 de diciembre de 2008. Manteniendo la tradición del barrio de Almagro, heredó el espacio que ocupaba la tanguería Almatango y también su pasión por el género. En poco tiempo logró darle aires de reivindicación y renovación a ese viejo templo del 2 x 4.
Sobre un escenario bien preparado para hacer música en vivo (que incluye un piano blanco de cola), se suceden recitales de tango en todas sus variantes: desde el cantor curtido, expresivo, dolorido, hasta los representantes de las nuevas generaciones, que componen, interpretan y le dan impulso a la continuidad del género.
Si bien su filosofía encaja más con la trasnoche, Sanata abre muy temprano, a las 8 de la mañana todos los días. Y cierra tarde, a veces de madrugada. Se puede desayunar, almorzar o cenar. Para escuchar música en vivo es recomendable asistir de noche, aunque eso no quita la posibilidad de que algún erudito con ganas de tocar un rato se suba a las tablas, afine el instrumento y se mande sin muchos más preámbulos.
Todos los días hay algún show, y la entrada es siempre gratuita. Se puede amenizar el tiempo con una birrita, o aprovechar y encargar una pizza, una picada o alguna minuta para compartir con apetitos voraces. Si se llega para la cena, no es difícil encontrar una mesa bien ubicada, cuyo valor agregado irá creciendo a medida que pase el tiempo. Porque de repente, por arte de magia, el lugar estará lleno, no hay más sillas y uno mismo se felicitará de haber arribado a tiempo.
Por ese entonces ya se habrá roto el vacío escénico, y según el día puede acontentecer una noche de guitarras, de cantantes, de orquestas, o el ciclo semanal “Con Ciertos Atorrantes”, que se realiza desde el año pasado, todos los sábados a la medianoche. Alguna vez el público ha terminado bailando entre las mesas, devolviéndoles algo de lo que nos dieron a Troilo, Pugliese y Edmundo Rivero, que observan todo desde las paredes. También se realizan clases de baile, muestras de fileteado porteño y audiciones radiales en vivo. Parece chamuyo, pero es Sanata.
Se inauguró hace menos de dos años y contiene el alma de lo que el barrio respira desde tiempos remotos: trasnoches largas y personajes que hablan como si vivieran adentro de una tragedia. No cuesta imaginarlo abierto dentro de treinta años, siempre y cuando las habilitaciones comerciales mengüen ciertas exigencias que, en ocasiones, y como confiesan sus dueños, poco tienen que ver con la seguridad de los que salen a buscar diversión.
Martín D’Adamo
Sanata Bar
Sarmiento 3501(esquina Sánchez de Bustamante). Abierto todos los días desde las 8 hasta la madrugada.
+ info: sanatabar.com
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