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A contracorriente de los estrenos pochocleros de las vacaciones de invierno y lejos de los shoppings, te recomendamos dos films argentinos para disfrutar en el exquisito microcine de un hotel porteño.
Hablar de un cine de observación, de captura y registro de la realidad, para algunos puede resultar aburrido. En tiempos de hiperestímulos, montajes acelerados, efectos especiales y sobredosis de información, a veces cuesta cambiar el ritmo de lectura visual que nos impone la vida moderna. Las dos películas que pueden verse en el microcine Godard del Hotel Elevage rompen con este tipo de prejuicios. Podríamos decir que sus realizadores nos invitan a acompañarlos en una empresa tan difícil como sencilla: la de de mantenerse atento y descubrir acontecimientos mediante las posibilidades técnicas únicas del cine. Tanto El remanso como Pretemporada son obras documentales que apuestan a la contemplación con ojos limpios.
Pretemporada es el tercer largometraje de Juan Schnitman, que antes codirigió El amor (primera parte) y en 2007 estrenó el documental Grande para la ciudad, sobre la banda uruguaya Astroboy. Como su título lo indica, se trata de una película que muestra entrenamientos, decisiones, estrategias: los entretelones de la preparación de un equipo de fútbol, más concretamente, del Club Atlético Quilmes. Una pregunta se dispara: ¿cuál es el atractivo de seguir a un equipo de la B? Tomando en cuenta la dificultad de posar la cámara sobre un fenómeno deportivo tan visto como el fútbol, tan abordado y explotado por la televisión, el director dice que su interés principal fue registrar procesos ocultos, mostrar lo poco que no se ve de este juego. Si bien sus fantasías no fueron cumplidas, es decir, que no ocurrieron hallazgos extraordinarios, reconoce: “Cuando el DT vio la película me dijo que él se sorprendió al ver todo el trabajo que hacían los utileros”. Quizás aquí tengamos una pequeña pista para hablar sobre su película sin anticipar demasiado.
Juan Schnitman logra que ese deporte, que trasciende los potreros barriales para erigirse en fenómeno mediático, se vuelva un territorio de aventura y de exploración. De modo que cuando surge la pregunta acerca de qué novedad puede aportar el cine a esa misteriosa lucha de prodigiosos hombres que hacen rodar pelotas sin usar las manos, Schnitman responde: “En realidad casi no hay películas de fútbol que no apelen al lado pasional o heroico de la cuestión. Yo quería hacer una película sobre el trabajo, acercarme a los protagonistas sin intermediaciones”.
El seguimiento riguroso del proceso de preparación descubre a todos los personajes que existen alrededor de los partidos, pone el acento en el equipo como un grupo de laburantes que avanza hacia su meta gracias a una gran cadena de apoyo. Amigos, familiares, utileros, cocineros, preparadores físicos, hinchas, todos hacen al conjunto que está entrenando. En este sentido, la figura clave de esta pequeña gran película es el DT, Alberto Pascutti, que dirige todas las energías y apuntala el recorrido del documental. Hay más de una escena impresionante de ese gladiador que mira a los ojos a sus elegidos y proclama: “Estoy viendo a un equipo que va a salir campeón”. Pretemporada es una película que refresca la experiencia de mirar fútbol, posa su atención sobre un fenómeno aparentemente agotado o extenuado visualmente y lo rejuvenece, lo torna complejo sin volverlo solemne, lo vuelve aún más apasionante.
Desde un lugar mucho más personal e íntimo, El remanso también se organiza alrededor del registro. Este proyecto, que según Gustavo Biazzi “nació de la imposibilidad de hacer una película”, es su ópera prima. El disparador es un momento casual, un instante grabado azarosamente con una pequeña camarita: el juego entre dos niños a orillas del río Paraná. El director, impactado por la simpleza de los chicos que charlan y arman barquitos en el atardecer, quedó prendado de la poesía robada de la realidad. “Mi primera intención, después de haber visto las imágenes registradas casualmente, fue hacer un cortometraje con lo que tenía, pero me di cuenta de que el material era insuficiente y técnicamente limitado, especialmente el sonido. Después de varias pruebas frustradas por armar algo, desistí, y un año y medio más tarde de aquel día, junté valor y fui a buscar a los chicos con la intención de proponerles repetir la escena para poder filmarla en mejores condiciones técnicas”, cuenta el director.
El gusto por la belleza fugaz de Biazzi tal vez tenga que ver con su trabajo como director de fotografía en varias películas (el año pasado ganó el premio a mejor fotografía del BAFICI por Castro). Su film es una reflexión sobre la necesidad subjetiva de reconstruir un estremecimiento, de apropiarse de una escena inesperadamente luminosa. El remanso es un documental en búsqueda del sentido de las imágenes, una película que está montada de manera tal que crea la sensación de pensar en su propia forma mientras va desarrollándose. “Es una impresión lo que dio origen a la película, y de ahí en más tuve que confiar en que esa primera impresión que yo tenía, de haber registrado un momento mágico, pudiera ser visible para otros también. Lo que dio lugar a un trabajo bastante difícil, porque honestamente no sabía cómo construir un relato con esas impresiones. Empecé a filmar creyendo que algún día podría aparecer una película, cosa que sucedió finalmente en el montaje”, completa.
Frente a la dificultad de aferrarse a lo sutil o evanescente de aquella poderosa imagen, aparecen las contradicciones. Por un lado está la convicción en el descubrimiento, la certeza de tener un material único, pero también hay cuestionamientos, dudas acerca de cómo seguir, si es válido hacer algo complejo desde ese hallazgo mínimo, si enfrentarse con esos niños o no… La serie de imágenes y reflexiones que desata esa primera escena parece inagotable: “La película fue para mí una investigación no-científica sobre la infancia, la adolescencia y el tránsito difuso de un momento a otro en la vida”, completa Biazzi.
En su recorrido, en sus viajes de Misiones a Buenos Aires y viceversa, El remanso va en búsqueda de nuevas respuestas; añorando el pasado, intenta reencontrarlo y apropiarse de él. Es un documental melancólico donde –al igual que en Pretemporada– no hay explicaciones, sino imágenes que de a poco van ensamblándose. Y más allá de sus objetos y diferencias, ambos directores concuerdan en que lo más importante es la posibilidad de darle a cada película, hechas de manera artesanal, la chance de encontrar a su público.
Fernanda Alarcón
Pretemporada se proyecta los domingos a las 19, y El remanso, a las 20.30.
Microcine Godard del Hotel Elevage
Maipú 960. $15.
*Ver agenda de cine.
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