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> Teatro/ obra: Berestewoik.

Costumbres heredadas



Mediaban los años ’90. Los alumnos de primer año del Colegio Alemán de Lanús estaban preparando una obra de teatro para juntar fondos. Uno de ellos, Luis Aponte, generalmente tímido, se destacaba en los ensayos por su interés en generar ideas y sugerir diálogos, a punto que el profesor a cargo de esa actividad le propuso escribir el texto. Lo hizo, y también actuó.
Lo que siguió no fue una recta. Entre los 15 y los 17 años practica magia, y aunque le faltaba habilidad en las manos para hacer bien los trucos, el Mago Cachilo (tal su nombre artístico) era un personaje interesante más allá de su poca efectividad.
Se acercó a la publicidad a través de una agencia que terminó ofreciéndole una beca en un curso de actuación. Algo se despierta definitivamente: quiere ser actor. Y estudia con Javier Daulte.
Se contacta, se postula, pasa por castings, pasan los años, pero no actúa. Entonces retoma la escritura de unas ideas sobre dos hermanos que había comenzado a trabajar en su primer curso: ahí está el origen de Berestowoik. Y pese a que no quiere ser dramaturgo sino actor, Aponte escribe para tener su propio proyecto y llevarlo adelante con él mismo en el elenco. Pertinaz el hombre.
En 2007, Alfredo Martín lo suma al elenco de El otro señor G, donde interpreta a Petrushka, el criado del protagonista, en una muy interesante composición. Un año después estrena, finalmente, Berestowoik, con dirección de Walter Jakob y Carolina Zaccagnini.
La obra lleva el nombre de la familia en cuestión. Hay que reconocer que los Berestowoik no son una familia más en la escena porteña. Se destacan principalmente porque en lugar de tener ese aire ya tan reconocido de vínculos generados en ensayos (casi siempre domesticados en pos del bien mayor de la dramaturgia), ellos tienen una sólida historia que los sustenta. Valga, más que las palabras, esa imagen inicial, cuando los tres parientes se sientan a la mesa y comen un abundante plato de kapusta; así de real como esa típica comida a la que con ganas le hincan el diente y cuyo aroma inunda la sala, así son las tradiciones ucranianas y polacas de las que se nutrió Luis Aponte para crear este texto que marcó su debut como autor. Y no salió a buscarlas para darle más originalidad a su pieza, sino que las encontró en las costumbres heredadas y los recuerdos de lo que vivió desde pequeño en su familia.
El autor brinda algunas precisiones sobre su creación: “No es un biodrama. Sin embargo, mi pasado, mi infancia están presentes. Ciertos detalles que hoy le dan identidad y se destacan gracias al espacio en donde se representa, me remiten a las visitas que le hacía a mi abuela materna, Luba Berestowoik”.
De ese universo personalísimo se apropian los Berestowoik de ficción: Tony (Horacio Marassi), el tío divorciado, adicto al juego, más carente de pudor que de afectos; Ricardo (Jakob), el hermano mayor que siente el peso de deber señalar el camino aunque ni siquiera sabe bien en dónde está parado, y el menor, Miguel (Aponte), un romántico incurable capaz de forzar al destino para convertirlo en trágico. Y aunque no compitan por ser el hombre de la casa (los roles de género no son un tema para ellos ni causan conflicto alguno), sí demuestran una preocupación genuina que deviene en problemas porque confabulan por el bien del otro. Situación que será aprovechada por Erlan (Marcelo Mariño), que con la excusa de auxiliar a Tony se inventa un lugar entre los Berestowoik.
Original, profundo, sugerente, el texto del debutante Luis Aponte se luce en esta puesta más que íntima. Y aunque su deseo siga siendo actuar –que bien lo hace–, es de esperar que siga explorando por el camino de la dramaturgia.

Lucho Bordegaray


BERESTOWOIK
Silencio de Negras Luis Sáenz Peña 663. 4381-1445
Sábados 20:30 hs. $ 25 y $ 15
Autor: L. Aponte. Actúan: H. Marassi, L. Aponte, M. Mariño y W. Jakob.
Dirección: C. Zaccagnini y W. Jakob. las



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