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>BUENOS AIRES. Anti Domingo .


la lucha contra la tristeza



LA PROPUESTA DE ANTIDOMINGO ES UNA EXCELENTE OPORTUNIDAD PARA ARRUMBAR LA ANGUSTIA DE SABER QUE AL DIA SIGUIENTE HAY QUE VOLVER A TRABAJAR.

A veces la rutina se presenta como un mandato imposible de desobedecer, invade y termina por actuar cual si fueran la propia voluntad. En este contexto, el lunes -como comienzo de semana- surge en el horizonte del domingo por la tarde, dando la impresión de que ya no queda nada por hacer más que aguardar a que llegue la hora de dormir, para luego dar pie al inicio de esa clásica rutina semanal. Hay una sensación colectiva que instaura la idea de dicho momento como poco feliz, pero para todo hay un antídoto, incluso para esta instancia no deseada. El Antidomingo, como su nombre lo indica, actúa de remedio eficaz para olvidarse de esa pesadumbre.
Desde que uno atraviesa las coloridas paredes de su fachada todo cambia. Un gran telón teatral extiende el suspenso de lo que vendrá, hasta que se lo cruza y el misterio se devela. Inmediatamente se ingresa a un cálido ambiente equipado con un hogar a leña que en invierno está encendido y oficia de presentador del estilo del lugar, cuidadosamente rústico, donde predominan la madera y los colores cálidos. Perfectamente se podría sentir uno como en algún lugar de El Bolsón o Colonia Suiza.
De los laterales de ese primer ambiente nacen unas puertas misteriosamente numeradas: son dos salas de ensayo y un estudio de grabación que todavía funcionan como tal. De hecho, esa fue su piedra fundacional. Cuando Dany Alos (gran responsable de todo lo que allí sucede), rescató la casa de un largo abandono, fue acomodándola para darle un destino musical. Con el tiempo el lugar supo contagiarse de la calidez de quienes lo visitaban, hasta que en el 2001 surgió la idea de darle un espacio fijo a estas tertulias y se instituyó en el anochecer del domingo (nada mejor -dice Dany- para “acorralar al fantasma del hastío”). Comenzaron como reuniones de amigos, con la particularidad de que incluían muestras de pintura, fotografía y cine y las espontáneas presentaciones en vivo de muchos de los que allí ensayaban. Con esta impronta de centro cultural multifacético se extendió hasta convertirse en una tradición del domingo. Lo interesante es que la única vía de propagación fue el “boca en boca”, y aún hoy sigue siendo así. Es que para llegar al Antidomingo, no sólo hay que chocarse con una casualidad, también hay que querer llegar. Pero algo es seguro: el que va por primera vez, volverá.
El camino continúa hacia la cocina, donde se preparan deliciosas comidas caseras, como cazuelas y guiso de lentejas en invierno, y empanadas y pizzas todo el año. Una barra la separa del patio (cubierto), en el cual proliferan mesas adornadas por pequeñas lamparitas artesanales, y donde se monta el escenario en el que cada domingo algún músico interactúa con los presentes dando un show acústico y relajado. Todo transcurre en una atmósfera intimista, ya sea junto al artista o cuando la música queda de fondo y las charlas se entremezclan bajo las tenues luces violetas y rojas.
Entre las plantas asoman las escaleras que conducen al sector más nuevo, armado con atractivos desniveles que juegan con los espacios y balconean al patio para que todos puedan ver el escenario.
Al final del recorrido está la terraza (más concurrida en verano), desde donde puede contemplarse abiertamente el amigable cielo de Saavedra, a lo sumo contrarrestado por algún cartel publicitario, intentando sin mucho éxito quitarle algo de majestuosidad.
El Antidomingo es un lugar para comer algo, para disfrutar de un show, para ver muestras de arte, para reunirse con amigos, pero más que nada es una protesta a la aflicción del domingo, aunque una protesta sin conflicto; por el contrario, neutraliza la congoja inundando todo con una infalible sensación de bienestar. Es cuestión de un paso para cruzar de un lado a otro, ya sea de la General Paz, del fin de semana, o de un estado de ánimo. Lo mismo tendrá que hacer quien quiera visitarlo: encontrar esos límites y traspasarlos para acabar con la imposición de la pasividad dominical. Y es seguro que aquel que lo logre, hará del Antidomingo su nueva rutina.


MARTIN D’ADAMO

ANTIDOMINGO www.antidomingo.com.ar
Desde las 19 hasta las 0hs. Entrada: $ 15 (incluye una consumición).


 
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