amigos son los amigos
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PIOLAVAGO, LA BANDA QUE FUNDO CARLITOS TEVEZ CON SU HERMANO Y UN GRUPO DE AMIGOS, NACIO POR LA NECESIDAD DE MANTENERSE UNIDOS. HOY SON REFERENTES DEL GENERO, ESTAN POR SACAR SU CUARTO DISCO, Y YA CUENTAN CON GRANDES HITS EN SU HISTORIAL.
Es sábado a la noche y hace mucho frío pero, parece, todos salen igual. Vamos desde el bar Room camino a Eleven. La tierra Villa del Parque tiene puntos que señalan otra vibra al ir junto a algunos chicos de Piolavago a la siguiente sesión de fotos. Cruzamos la calle y una camioneta estacionada retrocede como si fuera a pisarnos. Pequeño sobresalto pero no hay insultos. Diego Tevez, El chueco, (tecladista) baja el vidrio del auto y deja que sus amigos y Llegás le festejen el chiste como si el código fuera una excusa para pasarla bien.
Cuatro en cinco.
Falta poco para que saquen su cuarto disco Por las buenas –ya editado en Chile– cuando reciben lo que nadie dudaría en interpretar como “una importante palmadita en la espalda”. Como mínimo. Luego de cinco años de trabajo, Piolavago acaba de ser nominado a los Premios Gardel por su tema “La cumbia del Triki Triki”, un hit que formó parte de una campaña de lucha contra el SIDA del Ministerio de Salud de la Nación.
“Es muy difícil que te reconozcan las cosas”, dice Javi, El oscuro (percusionista), en su departamento de Nuñez. ‘El Triki triki’ fue, no sé si uno de los mejores, pero sí un tema muy importante, más que nada por el contenido. La letra impactó mucho en la gente. Pensar en estar ahí cuando nosotros, hace poco, mirábamos por la tele esa entrega donde están los músicos más importantes, es algo increíble. Fue de las cosas más lindas que me pasó. Y eso que nosotros tenemos disco de oro del primer CD y fuimos de gira por varios países”. Javi acaba de volver de Manchester, donde acompañó a su amigo Carlitos Tevez, “el jugador del pueblo” que también toca en algún show el octapá y canta, cuando sus viajes se lo permiten. Si no está presente físicamente lo está en las palabras y en las fotos de las casas de sus amigos, como si fuera la sombra de un padrino benéfico, como un aliado omnipresente para la amistad.
Que no se corte.
Unos días atrás, cuando se cumplían cinco años del debut del grupo, y escoltados por los representantes de la banda, estuvimos con Diego Tevez, Daniel Rosseti (bajo) y Luciano Romero, el Zurdo (voz), en la casa en la que se juntan a ensayar. Cualquier productor de Polka podría aventurarse a contar en forma de unitario el proyecto Piolavago que nace del deseo de hacer perdurar la amistad de estos chicos nacidos en el Barrio Ejército de los Andes, alias Fuerte Apache –territorio multicolor, de cuyos laburantes no suele hablar en la prensa–.
La propuesta fue empezar de cero en el terreno de la música y aprender hasta “ser de verdad una banda importante musicalmente”, como sueña Javi. En 2004 sus caminos empezaban a desviarse. El Zurdo, por ejemplo, había sido papá, Javi trabajaba haciendo servicio técnico de fotocopiadoras y Carlitos estaba dedicado tiempo completo al fútbol. Había que pensar en algo que los mantuviera unidos.
Diego: –La banda es un grupo de amigos. Compramos instrumentos por hobbie, tocábamos en un garage y los vecinos nos puteaban y nos mandaban la policía porque nos quedábamos hasta las tres de la mañana haciendo ruido. Imaginate que no sabíamos tocar. Hacíamos cualquier verdura (risas). Y un día vino Carlos y dice que salió algo para ir a tocar a la cancha de Boca. Y bueno… de caraduras fuimos.
Luciano: –Teníamos menos de un mes de ensayo. Dani: –¡Menos!
–¿Qué hacían antes de empezar con la banda? ¿Qué música escuchaban?
L: –Cumbia. Y siempre nos juntábamos a jugar a la pelota o íbamos a comer y después a bailar.
D: –¡Te preguntó qué música escuchabas (riéndose) y vos mandás que vas a bailar!
L: –¡Le dije, boludo, le dije! ¿No escuchaste que dije cumbia?
Las risas siguen. Es fácil imaginarlos en un recreo o jugando a la pelota en el barrio. Todos fueron al mismo colegio. El Chueco, que tiene 22, empezó a salir a bailar con su hermano y sus amigos. El Zurdo tiene 25 e iba al curso de Carlitos. Javier es un año más grande y Dani tiene 27. “En un momento casi ni subíamos al curso. Nos quedábamos al lado del buffet con Carlitos. La señora hasta el día de hoy me cobra lo que le debíamos con Carlos.¡Creo que no me va alcanzar la vida para pagarle! Siempre trato de llevarle un regalo o algo pero me dice que no es suficiente”, se ríe Javier antes de sumar su versión sobre el origen de la banda.
“Teníamos de ídolo a Koli Arce que es un cantante santiagueño y habíamos ido porque Carlos le iba a dar un disco de oro y lo recaudado se iba a llevar a un hospital de niños”. Los futuros Piolavago llevaron las cosas a los chicos. “Veías un nenito todo quemado y que con un juguete tuyo le sacabas una sonrisa y para nosotros fue muy fuerte, nos marcó. Buscamos la manera de hacer algo. Y un día Carlos dijo de hacer algo así, siempre, pero sin poner un gran cartel que dijera lo que estabamos haciendo. Esa fue la intención del grupo”.
Voluntad y oportunidad.
El culto a la amistad sostiene a la banda en todos lados: “Sé que cuando me doy vuelta para decirle a los músicos hacemos este tema se lo estoy diciendo a un amigo. Por ahí, en otro barrio, le gustaría mucho a unos amigos tener un grupo”, dice el Zurdo. Y en un medio donde la copia y la uniformidad es la marca de muchos, este hecho parece ser uno de los que hacen de Piolavago una banda con verdadera personalidad, no sólo musicalmente.
Diego: –“No es que vamos a un laburo y te encontrás con gente desconocida. Nosotros estamos con los amigos. Nos cagamos de risa, vamos en la combi jugando, hablando de la vida. Con otras bandas pasa que te subís a la camioneta y no se habla nadie”.
El relato completo de Piolavago incluye, además de afecto y complicidad, una mezcla de voluntad, una épica de la superación y el saber aprovechar ciertas oportunidades. Los chicos cuentan que a veces la gente tiene fantasías sobre la vida del grupo: “No saben que por ahí vas en una combi y se te rompe, o que a veces te pagan como para comer un alfajor, algunos piensan que nos salvamos, pero trabajamos mucho”, coinciden Dani y El chueco.
Y para Javier, lo de la cancha de Boca también es un recuerdo especial: “No estábamos realmente para tocar pero era algo que no podíamos desaprovechar, era el sueño de cualquiera”. Después de ese debut, que hoy ven como desproporcionado, volvieron “al sótano de la casa de Carlos” a ensayar. Al principio fue difícil, pero todos se pusieron a estudiar seriamente. “Estuvimos 2 años para preparar el disco” cuenta El oscuro.
Existe el amor entre la cumbia y el reggaetón.
El primer disco, que salió en 2005, tuvo la marca del éxito. Los pibes del barrio incluye un cover de Don Omar, “Pobre diabla” que se convirtió en un verdadero hit, pero también canciones compuestas por ellos. “El pibe de oro” es una creación del Chueco para su hermano: “Nació en un barrio muy popular, ahora tenemos una estrella más, Carlitos Tevez se hace llamar...” Más tarde vino “Con sentimiento” y “Sin palabra”, que destilan una energía que nace del cruce insospechado y potente entre cumbia villera y reggaeton y es probable que el lector, aún sin ser fanático de esos géneros, haya bailado hasta el cansancio los temas de estos chicos en una fiesta.
Desde el hit “Ven bailalo” –muchos coinciden en que es la mejor versión del tema de Khriz y Ángel– a “Ingrata”. La idea, está a la vista, es seguir creciendo: en “Por las buenas”, incorporaron el acordeón. Con referentes variados según a quien de los Piolavago se le pregunte, la síntesis de sus composiciones parecen extraer lo mejor de cada uno. Desde la Mona Jiménez a Dady Yankee, e incluso cumbia colombiana que a Javi le gusta desde siempre. En ese torbellino de alegría y ritmo, el sonido más ajustado de su último disco no pierde la frescura que supo tener, por ejemplo, esa versión de “Déjala” en la que, como unos Pimpinela chaboncitos, Carlitos y el Zurdo pelean, divertidos, por una mujer cantando a dúo.
SONIA BUDASSI