acerca de la crítica
LUEGO DE LA RESEÑA “EN CONTRA” DE LA OBRA LA PESCA, DE RICARDO BARTIS DEL NUMERO ANTERIOR, EL DIRECTOR SE TOMO SU DERECHO A REPLICA. APROVECHAMOS LA OPORTUNIDAD PARA REFLEXIONAR ACERCA DE LA CRITICA.
A continuacón de este texto puede leerse una carta que mandó a llegás el director teatral Ricardo Bartís a propósito de una nota que se publicó en el número anterior, y que poseía dos partes: un comentario “a favor” de la obra La pesca y otro “en contra”. Esta práctica es bastante común en revistas de cine (El amante lo usa como modus operandi y llega a categorías casi risueñas como “un poco en contra”); decidimos implementarla hace un tiempo para matizar las opiniones y ponerlas en un contexto de discusión desde nuestras mismas páginas. En esta oportunidad a la discusión se sumó la carta de Bartís, batallando con la crítica de Lucho Bordegaray*. Los comentarios del director son elocuentes, no es la intención aquí hacer una respuesta punto por punto. Pero, lo que sí podría resultar interesante es anotar algún comentario –si bien no exhaustivo– sobre la crítica en sí, como género, al que el director le dedica un primer párrafo de orden muy general para dedicarse a la discusión puntual de la nota mencionada. En algo estamos de acuerdo: la crítica y la realización teatral funcionan en una relación tensa. Esto tiene diversos motivos, algunos de orden ideológico, económico, filosófico, e incluso hasta psicológico. Pero también hay un malentendido de base. La crítica no es una objetivación sobre una obra, no tiene un carácter de verdad científica, como tampoco lo tiene el arte. Como dice Roland Barthes, su objeto es el discurso del otro, su tarea no es descubrir “verdad” sino “validez”. En eso estamos. Decidimos apuntar una serie de preguntas que intentan desnaturalizar algunas ideas acerca de la crítica con el fin de en algún momento debatir, pero sobre bases menos ingenuas. ¿Se puede identificar un concepto de Crítica separada de las condiciones donde se produce, es decir un concepto trascendental y ahistórico? ¿Es igual una crítica que funciona, por ejemplo, dentro de una revista autogestionada, que en un medio digital, o en un diario dentro de un gran multimedio? ¿Es correcto identificar al crítico con el medio en que produce en todos los casos? Existe un teatro alternativo, uno oficial y uno comercial ¿acaso no existe una crítica/periodismo con esas mismas categorías? ¿Tiene algún tipo de productividad hoy la idea de que un crítico debe haber producido teatro para escribir? ¿Los directores están realmente en un lugar periférico dentro del campo cultural respecto a los críticos? La opinión de los realizadores que juzgan negativamente a la crítica “por hablar de algo que no producen”, y marcar una diferencia tajante entre ambos oficios, ¿no realizan una división cargada de ideología al separar alta cultura (el arte, el teatro) y baja cultura (el periodismo en general, las revistas, Internet)? Algunas de estas preguntas sugieren en parte nuestra opinión. Explicitemos: para esta revista la crítica no sirve para juzgar positiva-negativamente un objeto artístico. Si todo objeto se termina de construir en su contacto con un público (y esto es constitutivo del teatro) la crítica cumple la función fundamental de explicitar, de dar una visión particular de ese crucial momento. Pero hay que discernir aún más: la crítica en los grandes medios termina marcando una agenda cultural tanto sea con un comentario negativo como uno positivo, por el simple hecho de hacer aparecer a un artista. En un medio como llegás, alternativo y de distribución gratuita, la intensión es completamente otra: hacer una indagación sobre un determinado objeto artístico, completamente librada a la opinión y libertad del periodista que suscribe. La crítica, al igual que el teatro, no sirve para nada. Sólo ayuda a reflexionar, a comprendernos en el marco de una cultura. Si a la dificultad con que se realiza teatro en Buenos Aires en este momento, le sumamos una pobreza en la reflexión, estamos en problemas. Si no se realiza en la crítica ¿dónde se van a llevar a cabo estas discusiones?
MERCEDES HALFON
* Lucho Bordegaray declinó responder, pues consideró que no era necesario.
**La crítica de Lucho Bordegaray a la obra La pesca la podés leer completa al final de esta nota.
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"La crítica juzga lo que no puede generar "
por Ricardo Bartís.
La critica teatral cree funcionar como avanzada del gusto del público. Presupone saberes, infiere pensamientos, habla de algo que no realiza, juzga lo que no puede generar. Su poder y lugar en la producción teatral es estrictamente político. Las hay buenas o malas, pocas veces inteligentes. Los que hacemos teatro convivimos incómodamente con ellas. Pero sería ridículo alarmarse por esto. En el caso que nos compete la critica sobre La Pesca, se publica en la revista llegás y está firmada por Lucho Bordegaray. Su línea argumental, confusa y sustractiva, comienza con la anécdota de no haber podido entrar como “espectador acreditado” en los ensayos abiertos realizados en el Sportivo Teatral, dentro del marco del FITBA. La anécdota, no en vano expuesta como parte de la crítica, es que se “quedo afuera”. Después siguió con interés las notas que hacían referencia a nuestra obra. Luego vuelve a ir como “espectador acreditado” y presume no “ver” en la materia teatral, los temas enunciados en dichos reportajes. Es decir, se “quedó afuera”. ¿Por qué sorprenderse, Lucho? Podrías suponer no haberlos visto; otra posibilidad es que los temas sean solo una excusa para producir un elemento de índole irracional y poético: lo Teatral. O, en el mejor de los casos aun con suficiencia, imaginar que no estuve a la altura de mis enunciados. Es decir equivocarse, no encontrar el rumbo, desbarrancarse en medio de la pasión y del trabajo. No, ninguna de estas hipótesis: me adosás especulación, trampa. Lo que se dice habitualmente hacer pasar “gato por liebre”. Colocándome en el “consenso de una elite autoeligida y mutuamente validada”. Así el discurso avalado por el entorno, mas no la obra, es lo que crea el sentido. Ese el problema de tu trabajo, Lucho, discursos que tratan de dar cuenta, como si esto fuera necesario de una obra teatral. Sobre teatro no hablas nada, sustraés. Tus comentarios sobre dos extraordinarios actores como Carlos Defeo y Luis Machín son un exabrupto patotero. No es de extrañar. Hay un estilo, una forma de ocupar lugares en este país que afirma esa tradición: llego al barrio, ninguneo a alguien que tiene cierto poder, me hago un nombre. Miralo a De Angellis. Pese a tus intentos sustractivos, Lucho, lo teatral estalla al final de tus líneas. El párrafo es largo pero no tiene desperdicio: “...días atrás, el comentario favorable que acerca de La Pesca hizo Osvaldo Quiroga en su ciclo el Refugio de la Cultura, llevó a mi madre a decirme: pero, ¿por qué si a todos les ha parecido buena esa obra de teatro a vos no te gustó?”. Su pregunta se me presentó de inmediato –no por su contenido sino por su origen– como claro ejemplo de lo que esta sucediendo, la fuerza del discurso establecido se pone por encima de la misma materia sobre la que se establece el discurso, y puede ser tan fuerte que incluso se impone entre quienes desconocen esa materia, como –en este caso– mi madre”. Ahí esta la madre de todas las batallas, ahí las figuras fantasmales cobran fuerza: el Padre, la Ley, Osvaldo Quiroga, arroba a mamá con sus comentarios. Lucho, Luchito es expulsado del tálamo nupcial, del Refugio de la Cultura (¡mirá qué nombre!). La identificación obsesiva con la madre, la muerte del padre, la ceguera que impide ver. Allí el Teatro soberano circula a gran velocidad y nos emparienta a todos. Solo sería necesario buen humor y abandono de la autoreferencialidad. No te preocupes Lucho, como De Angellis podes decir: ¡Minga!
Ricardo Bartís
P.D.: Esta mal decirle boluda a la madre.
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OBRA LA PESCA
LAS AGUAS BAJAN TURBIAS
DOS DE NUESTROS EXPERTOS EN TEATRO FUERON A VER LA PESCA, LA ULTIMA CRIATURA DE RICARDO BARTIS. COMO TODA OBRA QUE VALE LA PENA, DESPERTO OPINIONES ENCONTRADAS. SIEMPRE ABIERTOS A LA POLEMICA, PUBLICAMOS LAS DOS. QUE CADA UNO ELIJA.
La historia que cuenta La pesca no podría ser más triste. Tres hombres van a una fábrica abandonada e inundada por las crecidas del arroyo Maldonado, que alguna vez funcionó como un club de pescadores bajo techo. Allí intentan practicar ese deporte que en otros tiempos se realizó en esos mismos piletones. El lugar está en un estado de abandono total, muy poco se sabe de sus fundadores, de los miembros del club, de las mojarritas que habían diseminado primero y las tarariras que trajeron después, para que se reproduzcan en aquellas aguas turbias. Este club, llamado “La gesta heroica”, tenía lugar después del horario laboral de la fabrica y tuvo su auge en las décadas del sesenta y del setenta. En la actualidad, René –Luis Machín–, Miguel Angel –Sergio Boris– y Don Atilio –Carlos Defeo– deciden ir, más para recordar y ponerse melancólicos que por el firme propósito de enarbolar una caña. La puesta de Ricardo Bartís en el Sportivo teatral narra el abandono desde el mismo espacio: plagado de objetos oxidados, tonalidades sepia, polvo, cadenas que chirrian, pizarras con anotaciones que datan de los tiempos en que la fabrica aún funcionaba. Los personajes por su parte con mayor o menor resistencia terminan mostrándose como seres vulnerables, golpeados por la vida, tristes y resentidos. ¿De qué hablan? De sus fracasos amorosos, de sus fracasos laborales, esto es así hasta cuando los narran como éxitos. Por otra parte está el pasado al que mirar con admiración. Los hombres que hicieron ese club fueron nobles de otro tiempo, un tiempo en el que había ideales, otra moral, otro sentido del compañerismo. Y estas ideas ¿a qué resuenan? La historia política y social argentina aparece en la puesta metaforizada en la figura de la pesca y los pescadores, aunque no todo cierre, aunque queden espacios de indeterminación. Aquellos hombres que tuvieron una implicación en la gesta del club en los años setenta fueron desperdigados por el tiempo y el viento, ya no quedan ni sus nombres. Bartís vuelve a esa figura reiterativa en su poética que consiste en mirar hacia atrás como queriendo encontrar ahí la felicidad perdida y a la vez, demostrando que tampoco es muy seguro que ella haya estado verdaderamente. Así pasaba en Donde más duele, que retomaba el mito del Don Juan, pero poniéndolo en un hombre anciano y unas mujeres que vivían con él y hacia tiempo que habían dejado de ser hermosas o ingenuas. En De mal en peor lo que teníamos era una familia patricia en decadencia que en medio de las fiestas del centenario de Buenos Aires rifaban una hija para ver si con eso podían pagar las deudas. Aquí lo que se retoma es la actividad de pescar como acto de compañerismo entre hombres, acto metafísico, parco, una suerte de militancia. Hacia allí van estos tres hombres: a recuperar esa mística. Mientras tanto nos regalan momentos de una belleza serena, alejada de las recrudecidas afectaciones actorales tan típicas del Sportivo. Los actores están tranquilos, porque el río va por dentro. Luis Machín se luce en un personaje de una debilidad conmovedora. Bartís decía durante el proceso de creación de la obra, que le extrañaba notar que en la obra “no pasaba demasiado”. La pesca golpea porque resuena fuerte esa letanía triste de los que han perdido la esperanza.
Mercedes Halfon
EL DISCURSO VS. LA MATERIA
Un fortuito y muy comprensible error me impidió ver La pesca cuando se presentó como work in progress durante el último Festival Internacional, en septiembre del año pasado. Desde esos mismos días, he seguido con interés las notas en las que su creador, Ricardo Bartís, se refería a esa obra, a cuyo estreno fui con ese bagaje. A medida que la función avanzaba, más me desconcertaba, pues no lograba encontrar los temas anunciados por Bartís. ¿Dónde, en el escenario, estaban el peronismo, los mitos y los argentinos? Sin embargo, la gran mayoría del público presente esa noche estaba cautivado y fácilmente risueño, y aplaudió con fervor. ¿Habría sido yo influido por un discurso que, una vez instalado, me condicionó a esperar lo anunciado por ese discurso, sin permitirme estar abierto a ver otra cosa? Y mi duda se expande: ¿cuánto, entonces, de lo comentado y celebrado sobre La pesca desde su estreno mana del hecho escénico, y cuánto mana del discurso previamente expuesto? Dicho de otro modo, ¿cuánto hay de reacción ante el fenómeno que acontece en escena y cuánto de reacción sostenida desde antes por el epifenómeno? Admito que me pasa lo mismo con ciertas expresiones de la plástica: a veces, cuando veo cosas desparramadas en un rincón presentadas como instalación, es probable que no perciba nada desde la obra misma, hasta que me encuentro con un texto curatorial o del creador que le otorga un sentido, sumado al consenso de una elite autoerigida y mutuamente validada. Así, el discurso avalado por el entorno, mas no la obra, es lo que crea el sentido. Sabiendo de tanta opinión en contrario, convengo en que pueda estar errado, pero no voy a ocultar que disfruto mucho más cuando el artista me habla a través de su obra, y no de terceros o de prospectos. Con esto no estoy diciendo que La pesca sea “cosas desparramadas”. Es innegable que hay teatro: un espacio escénico bien resuelto, tres personajes delineados con claridad, un relato original. Más la sola destacada interpretación de Sergio Boris, ya que a Carlos Defeo le faltó observación para componer a un viejo, y Luis Machín agota con la ciclotimia frenética que le imprime a su personaje. Un final inteligente y sorprendente, muy por encima del discurrir dramático previo, entusiasma indudablemente antes de volver a casa. Pero, insisto, los temas a los que se refería Bartís al hablar de esta obra, no están: lo que vemos es un mero divertimento con licencias de incorrección política y algunos pasajes con chanzas que rozan cuestiones ideológicas. Días atrás, el comentario favorable que acerca de La pesca hizo Osvaldo Quiroga en su ciclo El refugio de la cultura llevó a mi madre a decirme: “Pero, ¿por qué si a todos les ha parecido buena esa obra de teatro, a vos no te gustó?” Su pregunta se me presentó de inmediato –no por su contenido, sino por su origen– como claro ejemplo de lo que está sucediendo: la fuerza del discurso establecido se pone por encima de la misma materia sobre la que se establece el discurso, y puede ser tan fuerte que incluso se impone entre quienes desconocen esa materia, como –en este caso– mi madre.
Lucho Bordegaray
Obra:
LA PESCA
Días:
Viernes y sábados a las 21.
Lugar:Sportivo Teatral, Thames 1426. Teléfono: 4833-3585.