“el peligro está en las puestas”

EL DRAMATURGO Y DIRECTOR TEATRAL DANIEL VERONESE INAUGURA SALA: FUGA CABRERA, UN ESPACIO INTIMO Y PERSONAL. AHI MISMO SE PUEDEN VER DOS DE SUS OBRAS: LA NOCHE CANTA SUS CANCIONES, DE JON FOSSE Y TEATRO PARA PAJAROS.
Desde hace un tiempo, los teatristas han tomado la decisión de gestionar sus propias salas, entendiendo que la apertura de un nuevo espacio, es un acto de resistencia. Es redoblar la apuesta de su búsqueda más preciada: ubicar al espectador en un mundo íntimo y personal. La creación busca delimitar el terreno y apropiárselo para la expansión de su independencia. Fuga Cabrera, la nueva sala del dramaturgo y director Daniel Veronese, es una prueba más de esto. Tomando como coartada el estreno inaugural de La noche canta sus canciones, del noruego Jon Fosse y el reestreno de Teatro para pájaros, nos acercamos a Veronese para conocer, entre otras cosas, sus impresiones sobre su reciente emancipación simbólica.
-¿Por qué decidiste abrir ahora Fuga Cabrera al público, siendo que tenés el lugar hace muchos años?
-Es un poco de todo, tengo siete u ocho obras que se mantienen mucho en cartel, y me parecía bien concentrarlas en un solo espacio. Estuve amagando durante mucho tiempo, me decidí y empecé a tramitar la habilitación
-Teniendo tu espacio, ¿tu producción poética empieza a quedar predeterminada por él? -En realidad temo que mis puestas sean parecidas; para mí el lugar de la escritura es un lugar muy primario, sé que el texto va a sufrir modificaciones antes de ser estrenado. El peligro está en las puestas, en poder escapar de la belleza del lugar y que cada obra tenga una entidad propia. Voy empezar a cambiar los frentes y armar otras escenografías. Me da miedo la repetición, no esta bien quedar atrapado de alguna fórmula atractiva.
-La puesta anterior de Teatro para pájaros era radicalmente distinta y ahora tiene un formato similar a la de La noche canta sus canciones ¿Las obras comienzan a condicionarse entre sí, cuando comparten el espacio?
-Algunas decisiones terminan teniendo una fuerza teatral importante e impensada. La anterior versión de Teatro para pájaros tenía una puesta de sala a la italiana, y el escenario propone cierta distancia. Ahora se convierte en algo mucho más cercano. Me dejo llevar por la circunstancias; tenía el escenario armado así para La Noche canta sus canciones, y me di cuenta que la otra podía contar algo distinto si se trabajaba igual. Las circunstancias mandan, pero si el espectáculo está bien parado, es interesante que cuente cosas distintas.
-¿Hacia dónde se direccionan tus nuevas búsquedas?
-No es fácil encontrar cosas nuevas y armar un lenguaje. Hace seis o siete años empecé a investigar algo ligado a la ausencia de vestuario, de escenografía, de música, de movimientos internos de luz. Trato de romper la teatralidad de los textos y convertirlos en discursos más televisivos u hogareños, reconocibles. Intento alejarme de los cánones teatrales que veo habitualmente.
-¿La noche canta sus canciones, es para vos el grado cero del dispositivo teatral?
-Es que hay que romper esos cánones que ponen tan endurecido al teatro. La obra empieza donde empieza, no hay un momento específico. En La noche canta sus canciones los actores deambulan por la sala, trato que el actor entre más desnudo al escenario, más distendido. En Un Hombre que se ahoga, les decía que podían saludar amigos en la platea si tenían ganas. No hace falta que el actor necesite dos horas de yoga tántrico antes de empezar. No, ponete a actuar, hay otras formas de emoción que tienen que ver simplemente con el estar ahí, con producir algo en el público. Veronese parece indagar en forma obsesiva el proceso del actor, y afirma: “me da mucha envidia el trabajo poético del actor, pero es lo que más me interesa. Me gusta investigar con ellos y descubrir. La emoción pasa por el cuerpo del actor, él puede dejar de decir un texto escrito, y generar algo mucho más maravilloso, de lo que escribió la mente superinteligente un autor”. De manera indirecta, el director, amplia su investigación en la trama y en los personajes de sus espectáculos, y los pone en escena. En el texto de Jon Fosse, El joven, interpretado por Pablo Messiez, es un escritor tremendamente honesto al borde del colapso, esperando un reconocimiento que no llega, mientras que en Teatro para pájaros, el personaje de Lautaro Delgado, Ricardo, es de esos actores que no quieren ser capturados por el sistema, y escapan demasiado lejos.
-¿Esos dos personajes, son tu visión de lo que debería ser un artista?
-Yo creo que tanto El joven como Ricardo, son dos personajes totalmente pasivos, y en definitiva el artista tiene que ver con la acción, si no puede comunicar, por más emotivo que sea, por más sensibilidad que despliegue intelectualmente, no sirve si la obra no se convierte en un hecho comunicacional. Estos son dos personajes torturados, y hay una idea muy instalada de locura igual arte. Si no hay comunicación no hay deseo.
-¿De qué artistas teatrales te sentís cerca?
-De Federico León, de Bartís, de Ciro Zorzoli. De León me interesa mucho esa inclinación muy parecida a la mía de pegar un salto al costado, de probar otras cosas. Está permanentemente buscando lugares en los que no haya estado. Me siento cerca de algunos trabajos de Bartís y también de la producción de Ciro con su grupo La fronda. De igual manera el año pasado, por cuestiones de trabajo fui poco al teatro. Creo que falta un poco de originalidad, sé que no es fácil, pero uno tiene la obligación de buscar formas puras, algo nuevo. Mientras las obras ya citadas se presentan todos los viernes y sábados en su sala, Veronese mantiene en cartel los mismos días, Espía una mujer que se mata, su mentada versión de Chejov, en el Camarín de las Musas; Open House, este años con más pérdidas, todos los lunes en la sala Beckett, y Gorda de Neil Labute, de jueves a domingo en el Complejo La Plaza. A pesar de esta sobreproducción a la que se expone permanentemente, sigue acopiando proyectos aquí y en el exterior, y no solo teatrales. Veronese planea llevar Mujeres soñaron caballos al cine, y realizar un montaje de esta obra en México, mientras que en España lo espera la obra de David Mamet Codicia. En nuestro país actualmente está versionando y ensayando Hedda Gabler y Casa de Muñecas de Ibsen. A pesar de haber conseguido su espacio, Veronese se mantiene inquieto desplegándose entre autores, textos y países que solicitan su trabajo. Solo parece reposar, cuando todas las noches desde el entrepiso de la sala teatral, sigue con ojos calmos el desarrollo de sus dos obras, como vigilando a chicos que juegan desaforados en el living de su propia cosa.
Juan Ignacio Crespo