1
111111
1

>TEATRO. Entrevista: Rubén Szchmacher


barajar y dar de nuevo



RUBEN SZUCHMACHER cuenta SUS IDEAS Y ACCIONES PARA EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE BUENOS AIRES. LAS DIFERENCIAS CON LA GESTION ANTERIOR: DE UN FESTIVAL LIGADO A LO PRIVADO SE IRA A UNO EN EL QUE SE ABRIRA EL JUEGO DE LAS OBRAS, TANTO NACIONALES COMO INTERNACIONALES, Y SE GENERARAN ESPACIOS DE DISCUSION E INTERCAMBIO.

A poco de asumir el ingeniero Hernán Lombardi el Ministerio de Cultura de la Ciudad, decidió remover a Graciela Casabé de la dirección del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), cargo que ocupaba desde su creación. Así, tras un decenio de vida y seis ediciones, el FIBA dejaba de estar en manos de empresarios (Casabé venía de gestionar el ya mítico espacio Babilonia junto a su socio Javier Grossman) para ser guiado por Rubén Szuchmacher, hombre de teatro con una vasta y reconocida trayectoria como actor, director, régisseur y docente, además de coordinar Elkafka Espacio Teatral.
Cuando el 8 de enero de 2008 se presentó en conferencia de prensa al nuevo director junto a su colaborador, Alberto Ligaluppi, algunos dichos de ellos trajeron suficiente aire como para mirar con simpatía –si no optimismo– su flamante gestión. Un año más tarde, con definiciones claras y un proyecto encaminado, ya es momento de sentarnos a charlar con Szuchmacher.

-¿Cuáles son los cambios más evidentes que traerá este FIBA?
-En principio, reducimos su duración a 14 días; la concentración impide que se diluya la energía. No se podrá ver todo, por lo que habrá que elegir, y esto lleva a que la gente indague sobre las propuestas. Para ello, vamos a tener un catálogo que ofrezca una elaboración más conceptual de lo que se presenta, pues nunca hubo más que una especie de hoja de ruta. Y por primera vez abrirá el festival una obra argentina.

-¿Qué han planeado para favorecer el intercambio entre artistas?
-El FIBA tiene sentido en la medida en que genere mayores tensiones, discusiones e inquietudes respecto de lo teatral desde el punto de vista estético  Para ello habrá workshops específicos que exigirán alguna manera de concursar para acceder a ellos, ya que tendrán un costo mínimo. Estamos poniendo particular énfasis en crear un punto de encuentro para los elencos; no queremos repetir la disco del Centro de Exposiciones, porque la ciudad está llena de lugares para ir a bailar, pero no para dialogar sobre teatro. Y la posibilidad de encontrarse con las personas tiene que ver también con la democratización de quienes estén en el festival: estamos buscando la manera que permita acceder a los datos de todos. Hay algo relacionado con lo económico: el precio de las entradas será accesible, y habrá descuentos para docentes y estudiantes de teatro. Tanto las entradas como los workshops estarán subvencionados porque la idea no es el recupero económico, sino acercarnos al objetivo del festival, que es mejorar la calidad del teatro de la ciudad.

-Como hombre del teatro porteño, ¿creés que ese fue el objetivo de las ediciones anteriores del FIBA?
-El modelo que tuvo el FIBA (dirigido por una productora que a su vez tenía una empresa productora de espectáculos a nivel internacional) le dio una marca: el festival promovía la salida de espectáculos al exterior. A partir de eso había ciertos negocios por parte de personas cercanas a la dirección que manejaban algunas obras que habían visto los curadores internacionales. El FIBA fue vidriera, showcase para que la gente vea y lleve, como si fuera una feria industrial. Nosotros queremos que la gente que viene de afuera ande por la ciudad y haga lo que quiera, evitando la cosa compulsiva de subir a los curadores a una combi y llevarlos de un lado a otro. Al curador que viene le habilitamos la programación del festival, pero también toda la cartelera porteña de esas semanas que, de hecho, aparecerá en la hoja de promoción del festival, porque es parte de la actividad teatral de la ciudad.

-Circula la versión de que, al asumir la dirección del FIBA, te encontraste con una oficina vacía.
-Yo no llegué a la misma oficina en la que antes estaba la dirección del FIBA. Pero lo que importa no tiene que ver con lo material: me encontré con un vacío conceptual, y eso me parece lo más grave. Excepto algunas cajas con dvds y videos sin ninguna catalogación, no hay nada de información, no fue dejada ninguna instancia histórica que dijera “esto es el FIBA” y que permitiera saber desde donde yo sigo. Por eso, una de las primeras cosas que mandé a hacer es recuperar todo lo que se pueda de cada una de las seis primeras ediciones del FIBA. Tampoco desde lo administrativo tengo manera de seguir la historia; pude tener acceso a los gastos del último FIBA, pero no pude hacer una proyección desde lo económico que lo abarcase desde el inicio.
No podemos rearmar quiénes vinieron desde el primer FIBA hasta acá. Los curadores invitados no están registrados en ninguna parte; por suerte yo tenía una lista porque un actor me la había pasado, cosa que no se podía hacer porque nadie debía tener contacto con ellos. Pero el problema más serio de la gestión Casabé es cómo la idea de productor privado condicionó todo con su mirada de mercado y con el sentido de que el productor es un distribuidor.

-¿Tuviste real apoyo del Gobierno de la Ciudad?
-Contrariamente a cualquier tipo de pronóstico que se planteaba, el Ministerio de Cultura ha hecho una apuesta en los festivales. En lo personal, sacando problemas administrativos propios de cualquier organización estatal, no he tenido ninguna interferencia en mi trabajo. Esto no significa que tenga contacto con Macri ni que me anden palmeando el hombro; sólo tengo comunicación con mis superiores: yo soy un director que depende de la directora de Festivales y Eventos Especiales.

-Te escucho hablar y pienso que, para eso a lo que llamamos “macrismo”, la cultura no escapa a esa obsesión de querer agradar y quedar bien con los de afuera, aunque el patio trasero se les esté inundando.
-Me parece que fuimos a parar a una repartición en donde hay una especie de coincidencia programática; a partir de ahí nadie se está metiendo con esto, nadie me está jodiendo con esto. El único pedido fue que hubiera una convocatoria más popular, algo callejero, y lo resolvimos con el Programa Hamlet, una zambullida en todos los Hamlet que el cine produjo que se presentará en algunas plazas de la ciudad.
Quizás ese pedido se haya originado en que desde lo político se necesita justificar más el número que la calidad. En relación a esto hay que recordar que el FIBA siempre está en año electoral, y es muy difícil competir con el fascinante mundo de la política (esto entre comillas). Por eso, otra de las cosas que hemos trabajado como estrategia es pasar a los años pares para no coincidir con las campañas electorales.

-¿Qué podés anticipar de la programación?
-Puedo decirte que habrá alrededor de 20 obras en la programación internacional. Son espectáculos que no tienen fama por fuera de su propio valor teatral, que nos interesaron por su ubicación dentro de su sociedad. Y aunque algunos hayan participado de festivales, no elegimos en festivales. La idea es trabajar con una curación tanto internacional como nacional que no apele al cholulismo. Habrá compañías de Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil, Mozambique, Corea, Hong Kong, Taiwán, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, España, Polonia y la República Checa. De la Argentina serán 30 obras, ocho de ellas del interior del país. Además, va el ciclo Decálogo entero, en donde no tenemos incidencia directa sobre la curación de los artistas pero es un proyecto importante que a la vez permite la participación de Iberescena. Que no esté aún todo resuelto se debe a que seguimos recibiendo material hasta abril. Por supuesto que hay espectáculos que ya tenemos decidido que estarán en la programación, pero no por eso está cerrada.

-Por último, ¿qué es para vos ser director del FIBA?
-Para mí, estar en el FIBA no es un laburo técnico, sino claramente hacer política, como toda acción política es trabajar en las relaciones entre las cosas y entre las personas, y eso es lo que más me entusiasma. De alguna manera, estamos tratando de sanear las relaciones en el festival: la de los artistas extranjeros con los nacionales, con la gente de las salas, con los periodistas, tratando de que sean mucho más dinámicas, porque cuando no son el problema, entonces sí puede producirse la cosa por la cual nos relacionamos.Y me comprometo a mirar lo que quedó después del festival, tomando este reportaje. Porque ahora viene bailar con todo esto, y en ese “todo esto” hay cosas que ya están y otras que son anhelos por los que seguiré peleando políticamente.

En la edición de 109 de Llegás a Buenos Aires (septiembre de 2007), anticipando el VI FIBA, señalábamos lo que a nuestro parecer estaba limitando y tornando cuestionable ese importante evento. Muchas de esas cuestiones parecen haber sido encaradas y modificadas por la actual dirección. Como nunca nos calzamos la careta de la objetividad, podemos afirmar que el FIBA en manos de Rubén Szuchmacher y Alberto Ligaluppi nos despierta entusiasmo. El lunes 19 de octubre, una vez finalizado el festival, podremos evaluar cuánto asidero tenían nuestras expectativas.

LUCHO BORDEGARAY


 

 
1
1
1
1
12
3