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>TEATRO. Nuevos espacios .


viento en popa



MOTIVADOS POR LA FANTASIA DEL ESPACIO PROPIO, CLAUDIO QUINTEROS Y NAYLA POSSE INAUGURARON EL ESPACIO TEATRAL EL BRIO. ALLI SUS APASIONADOS INTERESES AMPARAN DESDE A SACHER-MASOCH A FLORENCIO SANCHEZ.

Palermo no es solamente torres para nuevos ricos (o aspirantes a parecerlo) y restós en los que pasar hambre sale carísimo. Todavía, y pese a los embates de los negocios, Palermo también es algún sencillo ph, casonas y fondas que, en muchos casos, más que persistir, resisten. Es asimismo uno de los principales circuitos del teatro independiente que, si bien más disperso geográficamente y menos profuso que su par del Abasto, sigue expandiéndose en nuevas salas. Empresa admirable la de abrir un teatro, pues la maquinaria perversa de habilitaciones e inspecciones del Gobierno de la Ciudad se está haciendo un festín gracias a exigencias apenas útiles para lograr recaudación (léase coimas), mientras que al respecto, el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, el que siempre habla de su corazoncito teatrero, pretende aparecer como víctima de un sistema al que presenta como ajeno al poder de cambio que prometía tener la gestión.
Pese a lo desalentador de ambas burocracias (la legal y la otra), Claudio Quinteros y Nayla Posse inauguraron el mes pasado El Brío, una sala palermitana, con dos espectáculos de elaboración propia: Nuestros padres y La Venus de las pieles.
Tras sortear las veredas rotas que desde enero no ha terminado de embellecer el Gobierno de la Ciudad, El Brío abre sus puertas como un oasis de sencillez y calma. Allí charlamos con los dueños de casa.
Claudio Quinteros inició su formación con Alejandra Boero. A esa experiencia se le sumó la de “hacer” un teatro: Andamio 90. “Ahí viví como normal algo que no es muy normal: construir una sala entre todos, investigar, ensayar, limpiar baños, atender la boletería, ser acomodador”. Luego pasó por Agustín Alezzo, y finalmente la carrera de Pedagogía de la entonces ENAD, “que me sirvió mucho para preguntarme muchas cosas, es decir, fue muy interesante por lo que me pasó a mí, pero tenía que hacer un rescate permanente del motivo por el que estaba; es siempre difícil el vínculo entre el arte y las instituciones, porque muchas veces lo institucional te invita a quedarte dormido, excepto cuando te topás con docentes predispuestos a reflexionar.
Por su parte, Nayla Posse se formó como actriz en la última camada de la ENAD (de donde rescata especialmente a Rubén Ramos y la apertura que le brindó a lo poético, y a Silvina Sabater), y estudió dramaturgia con Daniel Veronese y Alejandro Tantanian, además de reconocer el aprendizaje que implica involucrarse en la necesidad que fuere de cada proyecto, de manera que la asistencia tanto en producción como en dirección e incluso el trabajo de prensa y difusión no le han sido ajenos.
Claudio ya había tenido una sala teatral, El Hormiguero, donde hizo sus primeras experiencias como director. Luego tuvo un estudio y –ya junto a Nayla–, terminado el contrato de alquiler, la búsqueda de un nuevo espacio para seguir desarrollando la labor docente se sumó al deseo de volver a tener una sala propia. Lo cuenta así: “Estábamos ensayando La Venus de las pieles en 2007 y empezó a aparecer la idea de tener un espacio para investigar con los tiempos que necesita un material para madurar más allá del número de ensayos preestablecido, donde puedas plantear cambios y probar cosas nuevas. A poco de estrenar seguía-mos viendo cosas para modificar de la puesta que implicaban reformular cuestiones espaciales, escenográficas y técnicas”. Nayla completa la idea: “Esas ganas de investigar le ganaron a la conflictiva social que significa inaugurar una sala independiente hoy, en Buenos Aires, ¡y encima atravesados por la gripe porcina! Por supuesto que lo que indica la ley en cuanto a requisitos significa un cuidado para la gente del entorno (aunque algunas ya parecen demasiado), pero que te pidan coimas con la misma soltura con que te piden que pagues el ABL lo hace difícil. Como no estábamos dispuestos a sentar las bases de una estructura espacial para contener algo ideológico –que es para nosotros es muy importante– desde algo horrendo, buscamos y encontramos una persona muy honesta para hacer las gestiones. Y aunque es muy difícil y lleva mucho más tiempo hacer las cosas bien que hacerlas mal, el ímpetu de la búsqueda ganó”.
Ese ímpetu también se ha hecho nombre: “El Brío habla de lo que pasa en el equipo, hay algo de pujanza y de nervio, de no querer descansar, de estar despierto, y de la energía erotizada del trabajo”, señala Claudio, entusiasmado.

Nuestros padres

Sobre el estreno con que abre la nueva sala, Nayla cuenta: “Nuestros padres nace como una propuesta de Alejandro Casavalle para el Centro Cultural Adán Buenosayres. Tras mucho buscar, llegamos a Barranca abajo, de Florencio Sánchez, un texto excelentemente escrito y muy actual en su contenido, aunque antiguo para reproducirlo formalmente. Entonces ideamos con Claudio una estructura sobre la cual empezar a improvisar escenas desde Barranca abajo, pasándolo a una familia de determinadas condiciones”, explica la directora. Y agrega: “Así apareció la total ausencia de los padres, y llegamos al conflicto de tres hermanas sin casa. Como el material no exige una estética limpia y pulcra, nos permitió encarar una producción sin plata: hicimos una pared con latas oxidadas, y eso fue como el agujero por donde abordamos la estética, llegando a una escenografía montada como un gran reciclaje de cosas oxidadas, de descarte. Lo mostramos en el Adán como trabajo en proceso, y para estrenarla en El Brío hubo un trabajo de pasaje a este espacio. Con Patricia Zangaro, que supervisó la dramaturgia, logramos condensarla sin dejar de lado lo poético. El resultado es un recorte poético con tientes realistas pero sin intentar ser copia fiel de una familia en decadencia”.

La Venus de las pieles

Esta inquietante novela de Leopold von Sacher- Masoch ya había sido llevada a escena por Quinteros en 2007 con un elenco encabezado por Carolina Fal y Horacio Acosta. Luego de dos años de nuevas indagaciones y muchos ensayos, vuelve a presentarla en dos funciones consecutivas a cargo de sendos elencos.
Interrogado sobre el renovado interés sobre este texto, Quinteros explica: “El amor es un tema para hablar sin caer en lugares comunes, y al ofrecerle a Masoch al público (que es muy posible que tenga –como yo tenía– una idea muy equivocada del masoquismo) le permitís acercarse al origen de un montón de cosas que nos pasan, porque las relaciones perversas están presentes en el amor, en lo político, en lo social. Para esta nueva versión explicamos en el programa para qué la hacemos, por qué: no queremos que la gente crea que el fin es mostrar que uno anda con un látigo en la intimidad, sino que vea esto para pensarlo, para reflexionarlo.”
La duplicidad de elencos tiene una respetable explicación: “La Venus… es una obra que demanda mucho como actor, que sacude mucho, exige estar muy bien. Y una de mis revisiones sobre lo que fue mi formación pasó por ese tópico de que tenés que actuar aunque te estés muriendo: yo he actuado en situaciones muy extremas de salud, y no es bueno. Probamos, entonces, con tener dos elencos por si alguien no se sentía en condiciones de hacer una función. Luego los entrecruzamos, lo que enriqueció a ambos, aunque cada elenco interpreta desde sus individualidades, y ahora los dos están en escena. Es verdad que es el doble de trabajo, pero también dará otras posibilidades, como poder salir en gira sin cancelar las funciones acá”.
Así sustentada, la primera cartelera de El Brío evidencia que a quienes dan vida a ese espacio no les interesa entretener al público ni mucho menos complacerlo en su ideario. Al contrario, apuestan a despertar interrogantes e incertidumbres, a observar lo que por muy visto ya es ignorado, a mirar donde se nos dice que no hay nada para ver.
El Brío se ha presentado en sociedad hablando claro y con profundidad en pleno Palermo, en donde –como en Babel– la mayoría busca llegar más alto sin importarle entender al otro.


LUCHO BORDEGARAY


 
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