nadie se atreva… a tocar a la vieja

SAM RAIMI VUELVE AL RUEDO CON ARRASTRAME AL INFIERNO, UNA PELICULA QUE BIEN PODRIA DEFINIRSE COMO UNA FABULA MORAL DE TERROR, SEGUN LO DECLARA EL PROPIO CREADOR DEL FILM.
Casi todas las críticas y comentarios que pueden leerse sobre lo nuevo de Sam Raimi repiten lo mismo: contextualizan y presentan el estreno de la última película del director de la saga de Spider-Man hablando de una “vuelta a los orígenes”. Y la verdad es que es un poco inevitable caer en este cliché, porque el hombre que en 1981 saltó a la fama con The Evil Dead (Posesión infernal) y convirtió sus primeras películas en obras de culto, se dio el gusto y se reencontró después de mucho tiempo con el género de sus amores.
Arrástrame al infierno podría definirse como una “fábula moral de terror” (según el propio autor y director, trata sobre los efectos de la codicia) que cuenta la historia de una oficinista trabajadora que lucha por un ascenso para progresar y deshacerse del mote de “chica de campo” que pesa sobre sus espaldas. La pobrecita quiere hacer las cosas bien pero toma una decisión letal que involucra a una anciana muy parecida a Marilyn Manson... No se diga nada más, es fácil imaginar en que puede derivar esto: la viejecita enigmática y de presencia perturbadora –que se saca la dentadura para atacar los caramelos del escritorio de nuestra heroína– será la peor pesadilla imaginable.
Basta observar la actuación de la blonda Alison Lohman (la misma que hace de Jessica Lange joven en El gran pez) para ver el preciso manejo de las tensiones que despliega Raimi. Christine Brown es una buena chica, un personaje puntillosamente delineado que transmite sus problemas y dilemas desde el primer segundo en que aparece en escena. El director nos mete en su cabeza y en sus conflictos sin vueltas, para que lentamente las presiones laborales de esta muchacha calcen perfecto con lo fantástico y diabólico que propone la trama. Así, el mal humor y la angustia típicos de esos días negros que todos tenemos, se confunden y ensamblan con los efectos de una maldición gitana.
Este trabajo depurado y pulido del guión es lo que vuelve verosímil el cambio gradual de personalidad de nuestra inicialmente angeangelical protagonista, lo que permite el tránsito hacia la fantasía y el terror. La película tiene una estructura impecable, muy clara y ordenada. Hay un prólogo de tres minutos que cuenta los antecedentes de la maldición y, de un saque, le da al espectador hambriento de brasas y exorcismos toda la acción y las atrocidades que quiere ver. Luego, se presenta a nuestra querida empleada bancaria y la narración sigue su curso para desatar una catarata de escenas impresionantes y volver sobre el final al punto de partida. Raimi, como decíamos, trabaja casi “artesanalmente” el ritmo, cuidando la resonancia del miedo y del suspenso en cada elección que toma. Dispone los encuadres, los objetos, las luces de manera tal que el estremecimiento que provocan las acciones de sus personajes enriquezca y redimensione lo visto. Por eso utiliza astutamente los efectos especiales, para hacer reír, producir asco y sobresaltar, para generar emoción y también dar descanso al corazón agitado del público. Por esto también puede pensarse en la “vuelta al origen” en tanto rescate de la tradición del género en el sentido más clásico, máspuro. Arrástrame… se aleja (no necesita) de la sofisticación y las vueltas de tuerca de películas contemporáneas como El juego del miedo (Saw) o Hostel. Intenta generar adrenalina, responder genuinamente a la búsqueda emocional del espectador de terror sin apelar al exhibicionismo de una masacre. Sus efectos especiales operan en la misma línea: condensan el nerviosismo en elementos mínimos como el viento, una mosca, un pañuelo o (esto es increíble) un botón, para hacer aflorar el miedo de la fantasía y no de sangre que brota dolorosamente de la carne. En una entrevista de Todd Gilchrist en la página cinematical.com Raimi explica: “Creo que la forma en la que hago una película de terror probablemente tenga algo del gusto o el sentimiento que tengo por el género, porque las cosas que realmente me asustan no son realistas. En general no me gustan las películas de asesinos seriales, son demasiado reales y desagradables para mí. Me gusta algo en donde realmente pueda usar mi imaginación y pueda ser un participante activo en la construcción del monstruo, que es lo que sucede en el mundo de lo sobrenatural o lo fantástico. Es un cine que me estremece pero no me repele. Siento que el público del terror es un gran público, entonces quiero hacer una película que les dé tanta energía como la que quieren recibir de la película. Algunas películas son como vampiros, te chupan toda la energía que tenés y eso no me gusta. Yo quiero darle al público toda la energía que pueda.”
Volver a plantear el conflicto desde lo más sencillo y estremecernos, de eso se trata Arrástrame al infierno. Acaso ¿hay algo más tradicional y simple que apelar al cuento de la vieja bruja? Cine de terror súper bien hecho, pensado, actuado y filmado para entretener y capturar desde el segundo cero. Prepárense para descender hasta lo más profundo… de la mano de un maestro.
FERNANDA ALARCON
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