la madre tierra gana la ciudad

LA CASA CULTURAL PACHAMAMA ES UN ESPACIO EN DONDE “PASAN COSAS”. CUALQUIER INQUIETUD ARTISTICA PUEDA SER SATISFECHA EN SU LIVING CENTRAL. SE PUEDE VER CINE, TEATRO Y TOMAR CLASES DE CANTO, PINTURA, FOTOGRAFIA O DE CASI TODO ESO.
“…esa luna del cielo, esa luz que alimenta con chispazos de vida.”
(Alejandro Raymond, ‘La Pacha’)
De repente, aunque permanece a escasos metros, se silencia la avenida. Los árboles de las veredas aparecen podados por un estilista a quien nadie nunca vio. Los adoquines –como siempre– tienen historias que contar. Y sobre el pie de la fachada, entre baldosas y paredes, crece pasto, pasto verde.
Se puede entrar sin tocar; lo recibirá una escalera que no dará más opciones que subir o retroceder. Eligiendo la primera opción, los escalones irán perdiendo altura hasta que la vista descubra un patio, poco pero suficientemente iluminado. Uno dialoga, otro escribe, muchos fuman, alguno en el fondo cocina; o puede que no se vea a nadie.
Entonces, una puerta se abre. Alguien sale y alguien entra. Alguien que puede ser cualquiera, porque cualquiera es alguien.
Definitivamente, no es como estar en el living de una casa, no se parece, porque se trata exactamente de eso. El Pachamama es un living con las puertas abiertas, un conjunto de paredes que reciben amistosamente distintas muestras de pintura y fotografía, es una estufa a leña en invierno y en verano ventanas abiertas hacia la luna de Almagro, un piano siempre, y libros por doquier.
También se asemeja a un club, sin cancha de nada, un club cultural. Sus miembros permanentes son capaces de desenmascarar a los que concurren por primera vez, si cuando llega el momento de manifestar la aprobación de algo que haya sucedido, estos (como es común en todos los lugares) se lanzan al aplauso. Es que en el Pacha (mama) no se aplaude, sino que se chasquean los dedos, dicen que para no molestar a los vecinos, pero la realidad es que se inventó para tener una mano libre con la cual sostener el trago. Allí, sin duda, pasan cosas. Y para saber qué significa “pasan cosas”, basta con conocer sus jueves, cuando acontece el llamado “Comedor de Poetas”. Esas noches, mientras los concurrentes van llegando, se expanden los diálogos acodados a la barra, en los sillones o entre los que permanecen de pie; hasta que se hace el silencio para dar lugar al primer lector de la noche. Alguien (que puede ser cualquiera), se para en el medio del living, y enfocando sus escritos con un reflector de cine, lee para todos lo que seleccionó, sea o no de su autoría, sea o no inédito, sea o no una poesía. Luego lee otro cualquiera, y otra, y alguien y cualquiera. La lectura se comparte con todo aquel que quiera escuchar en un mismo momento, único e irrepetible, una voz que se zambulle sobre decenas de oídos, provocando seguramente múltiples sensaciones. Porque la lectura en público actúa como un flechazo que estalla en mil fragmentos, y su práctica hoy en día es un acto de rebeldía ante el individualismo. Y es también un guiño a los orígenes de la literatura, que nació en los relatos que se transmitían oralmente de generación en generación. Y eso es lo que hacen los poetas del Pachamama: toman las palabras para liberarlas de la reclusióna ala que son sometidas por los libros cerrados y las transmiten directamente; porque las palabras son de todos.
Habiendo un piano, guitarras y músicos de civil mezclados entre algunos, como cualquiera, es un crimen no aprovecharse de ellos, un crimen que nadie comete porque la música suele intercalarse con las lecturas, y a veces, hasta fusionarse. Las variantes son ilimitadas: lectura, música, lectura con música, lectura de a dos, recitación, y no puedo decir más que etcétera.
Y si llaman de Poetas a un Comedor es porque la literatura se saborea con unas buenas empanadas, o pizzas, o guisos, o sándwiches. Siempre algo de eso, pero nunca todo junto.
En el Pacha, sea jueves u otro día, pasan cosas. Es probable que cualquier inquietud artística pueda ser satisfecha en ese living de seis por tres (coma cinco, aproximadamente). Cine, teatro, canto, pintura, fotografía, y talleres de casi todo eso. En una de esas, a quien lea este texto y no conoce el Pachamama, le nazca alguna curiosidad e incertidumbre. Pero tal vez esa sea la idea, porque el Pacha no es para cualquiera, el Pacha es para alguien, que puede ser cualquiera.
Martín D´adamo
CASA CULTURAL PACHAMAMA
para llegar: ccpachamamaa@gmail.com