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Algo parecido a dormir

 
   
 


PELEAS CRONOMETRADAS, DUELOS VOCALES IMPOSIBLES, TESTIMONIOS EN UNA PANTALLA GIGANTE, UN ROBOT Y UN CABALLO DE MENTIRA SON ALGUNOS DE LOS ELEMENTOS QUE ENSAMBLA EL GRUPO KRAPP PARA ABORDAR ESA CUESTION TAN TEMIDA: LA MUERTE.

Alejados de toda solemnidad, Adonde van los muertos (lado B), pregunta y repregunta con inocencia, humor y ternura sobre eso que tanto nos asusta nombrar. Es casi como un juego. “¿Cree usted que dormir es cómo morir? ¿Sabía que la persona que está al lado suyo puede morir en este momento?”, repite desde el escenario un espectador, invitado a participar en la obra.
El grupo, que se formó en el año 2000, reúne bailarines, músicos y actores: Luciana Acuña, Gabriel Almendros, Luis Biasotto, Edgardo Castro y Fernando Tur. El resultado es uno de los colectivos más talentosos de la escena local. Ya dieron muestras de su capacidad de renovarse una y otra vez en trabajos como ¿No me besabas?, Olympica o la híper exitosa Mendiolaza.
A pesar de los amagues de separación que tuvieron durante estos años, para abocarse cada uno a sus propios trabajos, ellos mismos admiten que cuando se reencuentran resurge la chispa. No lo pueden evitar. Ahora, después de una ausencia prolongada, estrenan obra nueva y el público agradecido.
Si la experimentación formal es el eje central de la propuesta, el fracaso también es parte del plan. Coreografías que parece que fallan, que casi ni intentan funcionar (participa incluso una embarazada, con el múltiple contraste que eso genera), mecanismos de producción develados, críticas expuestas por el grupo, el esfuerzo por la performance amateur. El acento está puesto en la fragilidad, en la falta de recursos frente a este hecho abismal y misterioso.
Así, dos de los integrantes del grupo se embarcan en un descabellado duelo vocal, alejado de todo virtuosismo. La escena deriva en una comunicación tan hermosa como alocada, que los protagonistas llevarán hasta las últimas consecuencias.
Como en Mendiolaza, como en Olympica, los trabajos de Krapp dejan siempre imágenes maravillosas e indelebles. El trote desarticulado de un caballo, armado con dos de los protagonistas, una manta color marrón y no mucho más, resalta también el afán de precariedad. Este jinete cansado que pasea a su potrillo al atardecer es además uno de esos momentos casi mágicos de la puesta.
La obra se desborda, se sale de límites, en una búsqueda que la vuelve aún más atractiva. Una pantalla gigante es parte de esta expansión espacial. Ahí se proyectan testimonios de jóvenes y ancianos que cuentan sus ocurrencias: cómo imaginan su propia muerte, qué pasa después, si existe un más allá, a qué hora prefieren morir. Los propios actores tendrán también la ocasión de reaparecer en la pantalla al salir de escena.
La participación de los técnicos, como dos protagonistas más de la obra, y la bienvenida a la función a cargo de una persona del público, que es invitada a repetir un texto que le dictan por auriculares, son parte también del ejercicio de desdibujar confines.
¿Le gustaría ser el último hombre de la tierra? ¿A quién vería por última vez? ¿Es la muerte parte de un plan? Los Krapp proponen y nos entregamos dulcemente al vértigo de las preguntas. Porque todos bailan y es casi como un juego en el que no hay respuestas correctas.

Paula Boente

 

ADONDE VAN LOS MUERTOS (LADO B)Espacio callejón, Humahuaca 3759
Mie  21:00 hs. Ent. $45 y  $30

IntErpretes y dramaturgia: Luciana Acuña, Gabriel Almendros, Luis Biasotto, Edgardo Castro, Fernando Tur
Dirección: Luciana Acuña, Luis Biasotto

 

 

 
     
 
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