
LUISA SE ESTRELLO CONTRA SU CASA
Una moto choca y Pedro no está más. ¿Cómo es eso? ¿Cómo es posible que tu amor y tu compañero y tu todo se termine de golpe, así? ¿Cómo entender la vida que sigue después de la tragedia?
¿Cómo entender que la vida siga después de la tragedia? Una moto choca, Luisa pierde a Pedro y se pierde a sí misma en su propia vida. Todo se trastoca: ir de compras a Coto es una experiencia feliz, el Odex es un divino que –además de limpiar– te hace compañía y te aconseja. ¡Si hasta ponés un pollo al horno y sale vivo! Lo cotidiano se puso patas para arriba. Es que Pedro ya no está.
Ariel Farace abre ante nosotros este vulnerable mundo de Luisa y, sutilmente, nos baña en su mismo dolor, sin efectismos ni manipulaciones, sino atrayéndonos con un relato que descubre una inmensa belleza incluso en la más profunda tristeza. El secreto, quizás, sea no intentar protegerse del abatimiento, entregarse a él y así poder ver que, aunque desconsolada, dentro de Luisa hay lugar para que sigan vivos Pedro, el Odex, el vecino y el pollo, como si ella fuese su casa.
Luisa se estrella contra su casa destila humanidad y despierta ternura gracias también a las hermosas (sí, hermosas) actuaciones. Esto, hoy más que nunca, es un regalo para el público, es una caricia necesaria.
Autor y director: Ariel Farace.
Espacio Callejón, Humahuaca 3759. Sáb. a las 21.
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QUIENQUIERA QUE HUBIERA DORMIDO EN ESTA CASA
Así como Carver busca sin descanso el atisbo de belleza y bondad en medio de la miseria cotidiana, nuevamente Martín Flores Cárdenas pone el mismo empeño en buscar la manera de ser fiel al universo de Carver y llevarlo a escena. Como ya lo hizo con Catedral, aquí también nos deleita a puro teatro, con lo mínimo que resulta más que suficiente para relatar una historia no menos pequeña pero de inmensa e íntima profundidad.
Las actuaciones precisas y suaves, que apenas parecen rozarnos, logran lo que no podría el impacto de un golpe: están permanentemente estremeciéndonos, y nos entregamos a ellas como el niño al adulto que le cuenta una historia antes de dormir. Y así, en un ratito, el cuento se termina, nos dan un beso y podremos soñar con una vida un poquito más linda. Y posible, pues es la de todos los días, pero mirada de otro modo.
Autor y director: Martín Flores Cárdenas
Abasto Social Club, Humahuaca 3649. 4862-7205. Vie. 21:30 hs
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Nada es lo que parece, ni los objetos, ni las personas ni las situaciones. Ni siquiera nos cuentan algo: suceden cosas raras, los diálogos son inverosímiles (cuando no absurdos) y los cuerpos actúan de maneras insólitas. Todo muta, se fragmenta, se repite en una carrera cuya meta podría ser una delirante imitación de la vida.
Con pocos elementos, rigurosa técnica y un afinadísimo trabajo de equipo, estos cuatro artistas exhiben este collage que, además de entretener eficazmente, se destaca por lo original en la nutrida cartelera porteña.
Autoría, actuación y dirección: Agustín Repetto, Cecilia Blanco, Fernando Tur y Javier Drolas.
Portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034. Mié. 22 hs.
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Los desórdenes de la carne (dramón de amor)
La confesión de que se trate de un “dramón” nos pone en aviso: por mucha aristocracia que ostente, a esta familia no le da el piné para protagonizar una tragedia, porque carecen de grandeza incluso para obrar mal. ¡Y vaya que obran mal! El ambicioso tío obispo a cargo de los hijos de su hermana recién fallecida, el mayor de estos que sólo vive para la farra, el albacea que llega a comerse lo que haya (incluyendo a la muchacha huérfana), y la secretaria del obispo usando pobres con la excusa de abrirles las puertas celestiales.
Con todo esto, Alfredo Ramos plantea una comedia con claros tintes de aquellas que lució el cine argentino de las décadas del ’40 y ’50, pero con un evidente trasfondo político que la hace, además de precisa y divertida, disparadora de reflexiones que nunca vienen mal.
Autor y director: Alfredo Ramos.
Teatro del Abasto, Humahuaca 3549. Sáb. 23:30 hs. / Dom. 20:30 hs.
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Es otoño, es domingo, es de noche
Son seis personajes en busca. ¿De qué? Quizás del otro, quizás de la felicidad si creen que existe. Pero cualquier tarea se complica si primero no se encuentran a sí mismos. Y, con sus más y sus menos, cada cual tiene su deuda en ese punto. Como pueden, avanzan. O creen que avanzan: a veces, la medida que se usa es muy chiquita y se llena rápido. Como cuando se piensa que la libertad tiene que ver con andar en calzoncillos en la casa propia.
Algunos van logrando encontrarse y empieza en ellos a suceder algo nuevo. Otros no avanzan. Es que no todo es luz, no todo es potente. Claro: es otoño, es domingo, es de noche. Con retazos de momentos entrelazados y una delicada mirada sobre los personajes, Emanuel Zaldua debuta como autor y director en esta pieza con la que intenta acercar y comprender sin caer en ningún tipo de juicio.
Autor y director: Emanuel Zaldua.
Pata de Ganso, Pasaje Zelaya 3122. Dom. a las 20.
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El calor del cuerpo
Dos mujeres y un hombre jóvenes en una playa. Han ido lejos para trabajar. Calor, abatimiento, nada. Solo ensalada de frutas para vender hoy; mañana, quién lo sabe: no hay proyecto porque no hay deseo que pueda ser sostenido. Ningún deseo, pues nada parece acontecer más allá de sus cuerpos, pasivos receptores del furioso calor solar. Hay un cuarto personaje, un viejo que no es tal, pero puede que lo viejo en él sea que atiende su deseo.
Una pintura generacional en la que Agustina Muñoz explota al máximo la energía de la imposibilidad, el golpearse de los personajes en su propia piel cuando quieren dar un paso hacia el otro. El elenco, la original escenografía y la adecuada iluminación consuman con precisión este trabajo.
Autora y directora: Agustina Muñoz.
El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960 . Dom. a las 20.30.
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Body art
Un espacio escénico con tres intérpretes, una platea con público: difícil sospechar otra cosa que una representación teatral. Y lo es. Pero esa ficción relata la acción de dos artistas que, convencidas de que es arte lo que ellas deciden que lo sea, “hacen arte” con su propia presencia, con sus propios cuerpos. Una dosis de barnizado facilismo y una pizca de interés del mercado del arte –que hace explicar cualquier cosa que tenga buena cotización–, y listo: he aquí a Elène y Aimée (y René, casi su mascota) pretendiendo convertir en arte un hecho que acontece millones de veces al día en este mundo.
La autora y el director (ambos prometedores debutantes en sus respectivos roles) exhiben suficiente agudeza y audacia. Y, al contrario de los seres que crearon, no intentan lucirse por encima de su trabajo.
Autora: Sol Rodríguez Seoane.
Director: Miguel Israilevich.
Elkafka, Lambaré 866. Vie. a las 23.