al final de este viaje
EL GRUPO PIEL DE LAVA PRESENTA TREN, LA ULTIMA PRODUCCION PROPIA QUE SE PUEDE VER EN EL TEATRO ANFITRION. CON IMAGENES DE VIDEO COMO COMPLEMENTO, LAS ACTRICES DESPLIEGAN UN VIAJE INICIATICO HACIA UN CONGRESO RELIGIOSO EN MAR DEL PLATA, CON EL OBJETIVO DE ENCONTRARSE CON DIOS Y RETORNAR A SU LUGAR DE ORIGEN MAS SABIAS.
¿Quién puede decir de otro que su fe es infundada, innecesaria o hasta ridícula? Nadie. O tal vez pueda hacerlo quien no la haya sentido alguna vez. Por eso, como se trata de algo intangible, que no deja evidencias, no queda otra que creer o reventar. Diez personajes (personificados por cuatro actrices) emprenden en grupo un viaje hacia lo desconocido. Para algunas es un viaje iniciático, para otras, parte de la misma rutina litúrgica. Y tienen un horizonte concreto: un congreso religioso en Mar del Plata. Cada una realiza el viaje por razones diferentes, aunque todas persiguen un objetivo en común: encontrarse con Dios y retornar al lugar de origen iniciadas y más sabias.
La última obra del grupo Piel de Lava, conformado por Valeria Correa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Pilar Gamboa, se interna en el mundo de los grupos religiosos, los viajes y la temática femenina.
Sin prejuicio ni una mirada paródica sobre el universo evangélico o religioso, las actrices encararon este nuevo proyecto dotando a sus personajes de verdad, sin tomar distancia. Y dicen: Tren no juzga, deja ser. “Como grupo queremos vincularnos sensiblemente con el tema que tratamos y nos cuidamos mucho de la parodia. En nuestras dos obras anteriores lo conseguimos. En la primera fuimos dos secretarias y en la segunda un grupo de cantantes pop. Si existiera un sentido que nos acompaña siempre en el trabajo en grupo, podría ser este: vamos por zonas que pueden ser paródicas, y le buscamos una entrada más sensible, desde otro costado. Aunque siempre se conserva un resto que provoca risa, pero no porque hagamos parodia.”
La voz de Elisa Carricajo en la entrevista suena convencida. Junto a Valeria Correa trata de explicar el concepto: “Sobre todo en relación a la gente de la Iglesia, nosotras no nos colocamos en una postura prejuiciosa en el sentido de preguntarnos si creen o no realmente en lo que hacen. Nosotras tampoco nos preguntamos necesariamente eso en el momento de actuar. Simplemente lo hacemos. Por momentos creo y por momentos no. Para ser claras: creemos que la religión, como la idea de viaje o la actuación misma, son actividades, casi un acto de militancia que implica creencia y fe.”
Es indudable que hacer una obra de teatro en el circuito alternativo de Buenos Aires se puede parecer bastante a un viaje religioso. O al menos, la fe y la creencia deben hacerse presentes, porque siempre hay algo rondando que nunca termina de definirse hasta que se define. Y cuando se consigue, sobreviene la representación continua, noche tras noche (viernes tras viernes), del mismo drama y así, como dice John Berger, en la naturaleza profunda del teatro hay algo de retorno ritual. Y la religión, con los ritos, van de la mano.
“Originalmente pensamos en el tema a representar e instantáneamente encontramos muchos puntos en común con el teatro. Estas mujeres actúan y se embarcan en esto por una cuestión de fe. Esto lo asociamos mucho a la cuestión teatral. Al mismo tiempo, la obra funciona como una excusa para trabajar entre nosotras, que es algo que nos gusta mucho. Las religiones, como muchas otras actividades, implican una asociación muy fuerte respecto al acting y a la performance”, reflexiona Valeria Correa.
La obra está organizada por fragmentos. Son cuatro escenas, donde cada una se entrelaza con la siguiente y se vincula a la anterior, como los planos de una película. Las actrices cuentan que necesariamente necesitaban contar varias historias y, por eso, en beneficio de la obra total, intercambiaron personajes y cada una representa varios durante la puesta. Una misma actriz puede ser la organizadora y la líder religiosa, y ser a su vez su propia seguidora fiel. Una y varias al mismo tiempo, “teniendo en cuenta la estructura de la obra, tuvimos que ensayarla con una de nosotras mirando la escena de las otras tres, y eso también nos fue obligando a contar la historia con personajes diferentes. Y al mismo tiempo, algo de la formación que tenemos, nos permite tener una relación amistosa con el caos, tirar todo el caos sobre la escena y después que la forma aparezca sola.”
Tal vez por eso, la forma final de Tren tiene algo del proceso de producción y del modo en que montaron la puesta. En cada fragmento, hasta el último, son siempre tres actrices. La que no está en escena fue los ojos de las otras durante los ensayos. Y así la obra no es sólo resultado, sino también documento de lo que fue pasando mientras se armaba.
“Siempre las obras tienen algo nuestro que viene de afuera, algo personal –reflexiona Elisa Carricajo–. Digamos que el proceso está siempre tematizado de una manera rarísima y distorsionada, pero está ahí, formando parte de la escena. El proceso de nuestras vidas queda ahí, en el escenario” y se ríe, porque se da cuenta de que se confiesa. De que se confiesa en la ficción y también en la entrevista.
Valeria recuerda: “En Neblina nos volvimos locas actuando todas al mismo tiempo y simultáneamente, hasta que llamamos a Héctor Díaz para que se ocupara de la dirección. Esta vez armamos una estructura que nos facilitó el proceso creativo, en donde la de nosotros que quedó afuera observó y tomó decisiones con autoridad, aunque totalmente compartidas. Y ese aporte externo nos dejó mucho más tranquilas a la hora de actuar. Es muy difícil estar adentro y afuera mientras se actúa”.
Es como si las Piel de Lava ya tuvieran un mecanismo de producción aprendido después de haber trabajado juntas durante tantos años: En Tren es Laura Paredes la que comparte el rol de la dirección junto al grupo.
Aun así, cada obra que produjo el grupo necesitó diferentes modelos de producción: “Lo que se mantiene es el placer y la pasión de trabajar juntas. El resto siempre es diferente. La estructura final de Tren se terminó por definir el día del estreno, ya que hasta ese día se seguía armando”.
Y para acentuar la sensación de realidad, la puesta en escena sumó al cine. Mariano Llinás y Agustín Mendilaharzu filmaron un video que se proyecta sobre el fondo de la escena, sobre una pantalla enmarcada que hace de ventana del camarote. Y ahí transcurre el afuera, el campo y las estaciones que van de Retiro a Mar del Plata. Como la imagen está siempre presente y en movimiento, nos dejamos llevar, viajamos con ellas. Elisa cuenta que “cuando Mariano y Agustín se incorporaron al proyecto, llegamos a un resultado que decantó en un salto cualitativo en el proceso creativo. Entendimos que el video tenía que ser parte de la dramaturgia de la obra. Y también coincidimos con que no podía referirse a otro espacio diferente que no fuera el afuera del tren” y con esa misma consigna, sumando precisión, sincronía y una actuación memorable, es ella misma la que al comienzo del primer fragmento deslumbra en un diálogo perfecto con la imagen, y agrega: “reflexionamos mucho sobre la idea de la escena compitiendo con la imagen de video. Tanto Mariano como Agustín se pusieron muy radicales en este sentido, ellos nos dijeron que el video estaba al servicio de la escena, que no podía contar una historia propia.”
Y además de todo, están ellas, las cuatro actrices que se han formado con los referentes más importantes del teatro porteño y con sus producciones anteriores y que defienden el caos como modelo de trabajo y como consigna de actuación.
Elisa comenta que “todas hacemos muchas cosas al mismo tiempo. Probablemente, en este momento, estamos más conectadas con la actuación y desde ahí producimos nuestro material. Si a los 18 años hubiese empezado otra cosa, tal vez estaría haciendo algo completamente diferente. Pero caí en el taller, me hice amigos y fui para adelante. Es lo que sé hacer. Y como la actuación es una situación de tanta exposición, siempre te hacés la pregunta del millón: ¿para que me metí en esto?” Ojala conserven la fe suficiente para quedarse ahí por mucho tiempo más, hasta que termine el viaje.
GABRIEL ZAYAT
OBRA: TREN
Viernes a las 21. Entrada: $ 25 y $ 20
Teatro Anfitrión, Venezuela 3340.
Autoría: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa, Laura Paredes
Actuan: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa, Laura Paredes
Vestuario: Maria Laxague Viñuela
Iluminación: Matías Sendón
Diseño de escenografía: Matías Sendón
Audiovisuales: Mariano Llinás, Agustín Mendilaharzu
Producción: Lalo Rotaveria
Dirección: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Laura Fernández, Pilar Gamboa, Laura Paredes.