elementos vitales
MARCELO KATZ PRESENTA AIRES Y AGUAS, EN EL CENTRO CULTURAL RECOLETA. LAS PROPUESTA TIENEN UN SOLO OBJETIVO: CONSEGUIR QUE LOS NIÑOS PASEN UN MOMENTO AGRADABLE.
Unos personajes de nariz colorada reciben al público, entregan el programa y, a pesar de no ver ni un centavo de propina, se visten de acomodadores y ubican a los espectadores. Este hecho simbólico podría parecer insignificante pero es la primera señal de que en este espacio informal se transmite un clima de alegría y libertad.
La premisa de las dos puestas de Marcelo Katz en el Patio del aljibe del Centro Cultural Recoleta es hacer reír. Para construir humor, Katz apela a la técnica del clown, al guión, a la música y a un par de elementos que son clave y le dan el nombre a sus dos espectáculos, el aire y el agua.
Aires
Sobre el escenario, una mujer desaliñada le escribe una cartas al viento; a un costado, sentadas debajo de una palmera, dos chicas sensibles se preguntan qué son los bostezos; un enamorado ingenuo intenta conquistar a una mujer difícil, por no decir jodida. Aires tiene un sinfín de escenas y personajes que a veces se conectan, y otras funcionan como gags sueltos, cortitos y efectivos. La obra apuesta muchos al movimiento, a la acción, al dinamismo, a la rapidez de los actores que entran y salen de escena continuamente, sin tomarse un respiro. Como espectador, genera cierta ciclotimia, cierta inestabilidad que es compensada con los picos que tiene el show, y que son muchos.
El absurdo es la base de cualquier espectáculo de clowns, y la virtud de Aires es combinarlo con momentos de extrema sensibilidad, poesía, ingenuidad, esperanza y belleza. Cuando uno de los personajes femeninos canta a capela “Fly Me To the Moon” es un momento sublime, realmente muy emotivo, pero gracias al staff de bailarines que la acompañan con el chasquido de los dedos, una mangueras naranjas que hacen de trompetas, y una coreografía pobre, nunca deja de ser un momento gracioso. O cuando lanzan un globo lleno de deseos al aire, pero que no levanta vuelo de tan pesado que está.
Además de lo corporal, los actores juegan con objetos extraños como una de esas aspiradoras que usan los barrenderos en las plazas, o un aparato que expira helio. También hay elementos mucho más simples, que en Aires tienen otro significado. Por ejemplo, detrás de una típica burbuja de jabón se pueden esconder un profesor de geografía, un alumno y un mapa.
Los actores hacen participar al público, lo quieren activo. En muchos pasajes de la obra cruzan la línea que separa el escenario de la platea –que en este caso no está tan definida– y se sientan del otro lado, provocando que todos seamos parte. Esta integración busca unidad, que todos tiremos para el mismo lado. Y se logra, no hay una sola persona que se vaya del Patio del Aljibe sin una sonrisa.
Aguas
Entre los objetos que mojan, las pistolas de agua son lo menos intensivo, así que hay que ir preparado para salir salpicado o empapado, todo dependerá de la puntería de los actores. Desde antes de que comience la función, los acomodadores están preparados –pistola en mano– para mojar a madres, abuelas y chicos.
Algunos de los actores de Aguas se repiten pero interpretando otro papel. El personaje que canta jazz en Aires, aquí es una maestra y directora que puede con todo y que se las arregla sola, no necesita de nadie. Y también una esposa agotada, aburrida de su vida lineal que decide deshacerse de las cosas arrojándolas al inodoro –incluso al marido y a la sección deportes del diario–.
En Aguas también hay un momento dedicado exclusivamente a una canción. Es una versión colorida de “What a Wonderful World” con unas humildes aguas danzantes que acompañan la letra y la música.
La concepción de estos dos espectáculos es la misma, por eso hay fórmulas que se reiteran. Sin embargo, después de haber visto las dos puestas, el espectador no se va con la sensación de “esto ya lo vi”. Por el contrario, el público se queda con cierta nostalgia, con ganas de que en las salas porteñas haya más oferta de obras que apelen al humor absurdo.
CECILIA CAMPOREALE
AIRES
Sáb. y Dom. a las 20.30. $20.
Centro Cultural Recoleta: Junín 1930.
Hasta el 19 de abril.
HAY QUE VERLA
AGUAS
Sáb. y Dom. a las 18.30. $15.
Centro Cultural Recoleta: Junín 1930.
Hasta el 19 de abril
HAY QUE VERLA
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