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>BUENOS AIRES.


para ver, para sentir


Los Paseos a la luz de la luna que se realizan por la Reserva Ecológica Costanera Sur SON una experiencia que merece ser vivida tanto por los amantes de la naturaleza y la vida agreste como por los adoradores del cemento.

En un rincón, el público disperso se agrupa para escuchar con atención un poema de Atahualpa Yupanqui que flota suavemente en el silencio de la noche. “Un mundo en cada gramilla / adioses en el cardal / y pensar que para muchos / la tierra es tierra nomás”. La voz de Laura se apaga, hay aplausos.
La función duró tres horas y a pesar de que el clima en esta época es generoso, el viento del río sopló fuerte y se hizo sentir. Fue al aire libre en un predio enorme, de 350 hectáreas, en el sudeste de la ciudad. Un lugar único que, increíblemente, subsiste. Aunque está acechado por las exclusivas torres de Puerto Madero. Así es como la reserva ecológica Costanera Sur sufre la contaminación visual de esos rascacielos que encandilan y derrochan energía. Y pese a que los edificios no se guardaron nada y brillaron toda la noche, lentamente fueron pasando a un segundo plano porque la atención se concentró en la espera de la luna, que todavía no salió a escena. Laura hace su presentación y nos lleva a paso sereno por los caminos de tierra, nos sugiere que apaguemos los celulares, que hagamos silencio, que estemos atentos, que no usemos linterna. “Después de un rato en la oscuridad, el ojo se acostumbra”, dice. Y es cierto, pasan los minutos y en ese fondo uniforme empiezan a distinguirse los insectos, los pájaros, los árboles. También se escuchan los murciélagos, que por suerte para los bichos de ciudad sensibles e impresionables, no se ven.
La guía hace la primera parada: estamos al pie de un anacahuita, un árbol petiso de hojas aromáticas que, según Laura, se parece al eucalipto y también tiene propiedades: una infusión basta para calmar la tos. Esa sustancia, tan gentil con los seres humanos, es sin embargo tóxica para los insectos. Si queremos unas hojitas, habrá que ir a una herboristería porque la guía nos anticipó que en la reserva no se puede ni quitar ni depositar nada. La reserva ecológica es justamente eso, un área protegida, sobre todo de la mano del hombre.
El tour continúa y los cinco grupos de 20 personas se dispersaron, ya no se confunden los pasos. Estamos todos ansiosos, pero ella no aparece. Y Laura genera demasiada expectación. Pasamos por un terreno llano, que fue cedido a la reserva hace unos años, cerca de allí, se ven las chimeneas de la central termoeléctrica.
Otra vez una pausa. Laura nos presenta al aromo, conocido como espinillo, y nos cuenta una leyenda. El fruto del árbol es como un pompón que a los quechuas les gustaba comparar con el sol. Pequeños pompones, pequeños soles, decían. Y se acercaban para que los abrigaran cuando tenían frío.


Después pasamos por la laguna de los coipos, que hoy está seca. Es la laguna que da a la vereda del paseo costero y que lamentablemente está poblada ya no por coipos ni patos, sino por botellas plásticas y otros residuos que tira la gente. La guía nos presenta otro árbol, el tala. Y nos cuenta que hay una mariposa muy sensible que sólo se alimenta de sus hojas. Camino al Río de La Plata (el sonido del agua ya se empieza a escuchar), pasamos de largo por un curupí o árbol de leche, que según las leyendas guaraníes, tiene el poder de embarazar a las mujeres.
Tras dos horas de paseo, con un andar cansino, vemos las palmeras que introdujo Sarmiento, y volvemos a frenar. Estamos en la entrada de uno de los tantos senderos estrechos que se abren a los costados de los caminos principales. El grupo de Laura baja de los terraplenes y se mete en un camino boscoso.
Si bien el sendero está marcado y vamos con guía, la oscuridad le da un toque de suspenso. No se ve nada pero se escucha el aleteo de las aves y se sienten las cortaderas que intentamos esquivar y los insectos que se posan sobre nuestro cuerpo. La experiencia salvaje es cortita, en unos minutos estamos de vuelta a salvo en un terreno sobreelevado, muy cerca de la inmensidad del Río de La Plata y, aunque no lo sepamos, muy cerca de la luna, que todavía no se asomó. Ahora sí, llegamos a la costa, la orilla del río es un montículo de bloques de hormigón, escombros de la construcción y otros residuos. A pesar de que el suelo es hostil, el paisaje es impagable. Para cualquier visitante este es el mejor momento de la noche, el súmmum. Incluso los fumadores, que se estaban comiendo la nicotina de las uñas, están en su salsa. A orillas del río es el único espacio de la reserva donde se puede fumar –una cerilla mal apagada puede provocar un incendio y en 23 años, la reserva fue víctima de más de 300, el más reciente en enero de 2009–. Un grupo de adolescentes se aleja, forma una ronda, y como en un fogón sin fuego pero con guitarra en mano, hace uso del repertorio hitero nacional durante el recreo de 20 minutos. Laura nos convida un budín de masa esponjosa y oscura, color chocolate. Una delicia que, sin embargo, no está hecha con cacao: es de algarroba, otro de los frutos que hay en la reserva. Y mientras saboreamos el budín, en el horizonte aparece de a poco, muy tímidamente, como saliendo del agua, la luna llena. Una pelota roja gigante se roba el protagonismo. Sin dudas, esta es una de esas imágenes que quedarán congeladas en nuestra memoria. Para el público de Laura y para todos los que alguna vez hicieron la visita nocturna a la Reserva Ecológica, a partir de ahora la palabra “luna” se asocia con esa imagen poderosa, impactante, de la luna llena recostada sobre el Río de La Plata.
Tenía razón Laura cuando decía “ya va a aparecer, no sean ansiosos”. Sembró expectativa y no defraudó. El recreo termina, el fogón se levanta, por un momento deja el rock y nos pone en clima para el poema que se viene. El guitarrista se anima con una de Atahualpa: “Yo no le canto a la luna / porque alumbra nada más / le canto porque ella sabe / de mi largo caminar”.

CECILIA CAMPOREALE

Paseo a la luz de la luna Reserva Ecológica Costanera Sur
Av. Tristán Achával Rodríguez 1550. 4893-1640/1580.
Próximas salidas: viernes 3 de abril y 8 de mayo a las 20.
La inscripción se realiza personalmente o por teléfono el lunes anterior al programado para la visita.
Entrada gratuita. *Puede suspenderse a causa del clima carn

 

 
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